La mujer de los 250 perros
Hilda alberga, alimenta y asiste a casi 250 perros, entre los callejeros que ella encuentra, otros que llegan solos y hasta los que gente sin escrúpulos dejan abandonados frente a su propiedad. En la calle Santa Rita, de Las Heras, es conocida como "La Mujer de los perros" y lectores de MDZ la votaron como una anónima heroína.
(No nos olvidemos de José Luis Bolognezi). Desde hace 16 años que dedica su vida a esta causa y no sólo debe luchar contra sus propias dificultades económicas para llevarla adelante sino que además, el desentendimiento, la falta de apoyo oficial y el maltrato de muchos mendocinos hacia sus mascotas, terminan cargando sobre sus espaldas una pesada mochila que crece cada día.
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Es que Hilda Díaz Acuña jamás pensó que su amor por los animales la llevaría sin darse cuenta a ser “La mujer de los perros”, como le dicen los vecinos de zonas aledañas a la calle Santa Rita de Las Heras, detrás del Parque Industrial.
Desde que salió de su San Rafael natal pasaron algunos años hasta que conviviendo con más de 30 perros decidió mudarse del barrio Don Bosco, a raíz de las quejas de los vecinos, y, según admite, “Dios me puso en este lugar”.
El principal ingreso económico de Hilda era poner inyecciones a domicilio y de a poco, al ir haciéndose conocida en la zona, los mismos vecinos la tomaban como referencia a la hora de reubicar a un perro abandonado, elevando en la actualidad la cifra de canes bajo se custodia a 250.
“Hasta viene gente en camionetas a dejarme perros. Pero, muchos vienen solos y después que les doy de comer o les curo heridas, ya no se van más”, apunta Hilda.
Su principal preocupación es la alimentación y la asistencia sanitaria de los animales, ya que aunque reconoce la ayuda tanto de la Red Animalista como de frigoríficos y hasta veterinarios, que no le cobran por la atención sino sólo por los medicamentos, nada es suficiente y el deterioro físico de algunos ejemplares es realmente alarmante.
“Hasta viene gente en camionetas a dejarme perros. Pero, muchos vienen solos y después que les doy de comer o les curo heridas, ya no se van más”, apunta Hilda.
Su principal preocupación es la alimentación y la asistencia sanitaria de los animales, ya que aunque reconoce la ayuda tanto de la Red Animalista como de frigoríficos y hasta veterinarios, que no le cobran por la atención sino sólo por los medicamentos, nada es suficiente y el deterioro físico de algunos ejemplares es realmente alarmante.


