Abuso en la escuela de Rivadavia: ¿la víctima miente?
Todos niegan y contradicen los argumentos de la joven que denunció haber sido abusada por 11 compañeros. Los imputados, la directora de la escuela, una preceptora, el médico de la Policía y hasta la propia testigo que aportó la denunciante niegan que el hecho se haya producido. Sólo una prueba queda por someterse a análisis y es la carta bajo la manga que cree tener la defensa.
Comenzó ayer la ronda de declaraciones en el Segundo Juzgado de Instrucción para echar luz sobre la denuncia de presunto abuso sexual, por parte de 11 jóvenes de la escuela Pesce Scarso, de Rivadavia, sobre una compañera durante una hora libre e inicialmente todo apunta a que se trataría de una fabulación de la menor.
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“Sólo hubo agravios verbales”, afirmaron dos de los imputados, de 17 años de edad, ante la jueza Delia Sánchez a la hora de resumir lo que sucedió dentro del aula cuando junto a otros 9 compañeros supuestamente atacaron a la joven.
La directora Adriana Lauro, que fuera destituida de su cargo por decisión del director General de Escuelas, Carlos López Puelles, a causa de esta denuncia, ratificó su accionar al tomar conocimiento de la situación y defendió el procedimiento que se llevó adelante en la institución, aunque reconoció que no estaba en la escuela cuando sucedió el supuesto hecho.
Por su parte, la preceptora que debía permanecer junto a los alumnos durante esa hora libre reconoció que durante un momento los perdió de vista, ya que se fue a entregar boletines a la Dirección, pero que nunca oyó gritos ni detectó anormalidades en el comportamiento de los alumnos.
El médico Eduardo Manzur ya había anticipado, en declaraciones a MDZ el pasado lunes, lo que ratificó ante la jueza: “la madre de la menor refirió que tenía hematomas en sus brazos y piernas y que no podía mover el dedo gordo de su mano derecha pero cuando procedí a examinarla no advertí nada de eso. Es más, ni siquiera reaccionó al traccionarle la mano del dedo que decía tener lastimado”.
Pero, sin lugar a dudas, la declaración que más llamó la atención y estremeció las bases argumentativas de la parte querellante fueron las de la testigo que presentó: la compañera de la víctima que ingresó al aula en el preciso momento del ataque.
La menor expresó tajante ante la jueza Sánchez que la denunciante “miente” y admitió que entró al aula pero que no vio “ninguna agresión”.
Por otro lado, existe también como prueba en manos de la Justicia el resultado de un análisis psicológico realizado a la menor, en el que los especialistas destacan que “no se detecta el trauma propio de una víctima" de este tipo de delitos, y que la chica "no tiene poder de fijación" por lo que al entender de los expertos resulta "difícil" que su memoria hubiera podido retener los rostros y los nombres de sus once supuestos atacantes. Y, expresa un lapidario “tiene tendencia a fantasear”.
Así las cosas, sólo una carta le queda a la defensa para intentar torcer el aparente fallo en contra: un informe forense del día 23 de octubre.
En este informe se afirma que la menor presentaba moretones en sus glúteos que datarían de, por lo menos, diez días atrás. Coincidentemente con la fecha del ataque.
Pero, sin dudas este “As bajo la manga” deberá ser muy bien respaldado ya que fue elaborado dos días después de haber concurrido la madre de la menor al médico de la Policía, a quien no le señaló que esa parte del cuerpo de la menor tuviese lesiones y las que individualizó no pudieron ser constatadas por el profesional.
Pero, sin lugar a dudas, la declaración que más llamó la atención y estremeció las bases argumentativas de la parte querellante fueron las de la testigo que presentó: la compañera de la víctima que ingresó al aula en el preciso momento del ataque.
La menor expresó tajante ante la jueza Sánchez que la denunciante “miente” y admitió que entró al aula pero que no vio “ninguna agresión”.
Por otro lado, existe también como prueba en manos de la Justicia el resultado de un análisis psicológico realizado a la menor, en el que los especialistas destacan que “no se detecta el trauma propio de una víctima" de este tipo de delitos, y que la chica "no tiene poder de fijación" por lo que al entender de los expertos resulta "difícil" que su memoria hubiera podido retener los rostros y los nombres de sus once supuestos atacantes. Y, expresa un lapidario “tiene tendencia a fantasear”.
Así las cosas, sólo una carta le queda a la defensa para intentar torcer el aparente fallo en contra: un informe forense del día 23 de octubre.
En este informe se afirma que la menor presentaba moretones en sus glúteos que datarían de, por lo menos, diez días atrás. Coincidentemente con la fecha del ataque.
Pero, sin dudas este “As bajo la manga” deberá ser muy bien respaldado ya que fue elaborado dos días después de haber concurrido la madre de la menor al médico de la Policía, a quien no le señaló que esa parte del cuerpo de la menor tuviese lesiones y las que individualizó no pudieron ser constatadas por el profesional.


