ver más

Las deudas que tenemos con Luis Triviño

Las palabras con las que el pediatra y dirigente social, miembro de Foro Corriente de Opinión Ciudadana, recordó a Luis Triviño en la reciente Feria del Libro, en ocasión de presentarse su libro "El Ateísmo".

La  sociedad y el Estado están y estuvieron en deuda con un hombre muy especial e indispensable para Mendoza: Luis Triviño.  Quisiera recordarlo no solo como autor sino como un hermoso ser humano que nos ha dejado a muchos un vacío muy grande, muy difícil de llenar. 

Hablar de un hombre como Luis  no es fácil, más cuando fue un gran amigo.  No alcanzan las palabras.  Los amigos que se van se sienten, duele y lastima aunque los tengamos siempre en el recuerdo.  Un amigo es uno mismo con otro cuero como decía Don Ata.  Luis se caracterizó por ser un intelectual comprometido con el mundo y su tiempo, con las grandes causas, con los derechos humanos, la paz, la educación, los problemas sociales que lo tenían no como espectador pasivo o intelectual académico sino como un protagonista singular y valiente. 

Polémico, pero respetuoso de la diversidad y de una honestidad intelectual que mantenía como su más preciado tesoro.  Los que compartimos con él un espacio de reflexión crítica de la realidad provincial, nacional o mundial supimos de su amplitud,  de respeto al que piensa diferente en la medida que las posiciones fueran sinceras.

 Nada más alejado de los pensamientos dogmáticos y de una agudeza y formación envidiable.  Era un militante radical  que convivía con muchos que venían de otras corrientes partidarias o del pensamiento, buscando siempre puntos de coincidencia en lo ideológico-filosófico y sobre todo un amigo y compañero leal y sincero.  Puedo asegurarles que los que filosofábamos con él tenemos un gran vacío.  Su último libro sobre El Ateísmo, el primero en Mendoza me hizo recordar a Lisandro De La Torre en sus famosas polémicas con monseñor Franchesqui en los años 40.

El ensayo de Triviño está profundamente documentado pero sobre todo es muy valiente, yo diría escrito no solo con honestidad sino con coraje.  No es fácil nunca enfrentar el pensamiento hegemónico y sacralizado en nuestra sociedad, declarase ateo sin herir a los verdaderos cristianos que queda claro en su dedicatoria a entrañable amigo Jorge Contreras.

El análisis a partir de las Sagradas Escrituras es de una solidez impecable y repito: un intelectual honesto a carta cabal, sin dobleces.  Lástima que se nos fue cuando tenía preparadas varias presentaciones, más que sólo él tenía la capacidad de defender con agudeza y una fundamentación acabada sobre la temática de las religiones y el porque de su ateismo. 
 Hay que difundir su libro no sólo como un homenaje merecido sino como un luchador que usaba la palabra como su mejor arma en el camino interminable de conseguir un mundo hecho a medida de todos los hombres y mujeres del mundo.

La sociedad y el Estado, las universidades, están en deuda con Luis.  El merece mucho más que algunas notas y homenajes que aparecieron en los distintos medios cuando falleció, merece que se retransmita su pensamiento, su acción, su lucha y su coherencia de vida para que las próximas generaciones tengan presente y utilicen su pensamiento  y sobre todo sepan visualizar el verdadero valor de un intelectual comprometido al cual nunca le interesó ni acumular dinero, ni luchar para encaramarse  o aprovechar el poder para beneficio personal que está tan de moda en esta sociedad farandulezca y mediática, con tantos falsos  profetas de los especialistas del doble lenguaje, la doble moral  y doble contabilidad.   Espero que los que tengan un pensamiento progresista o de izquierda no sean dogmáticos para encasillarlo por su amplitud y su respeto a la diversidad o menospreciarlo  ya que los sectores obscurantistas de la sociedad por su posición con respecto al aborto  sobre todo el análisis de la libido fobia trataran de ocultarlo, es nuestro deber rescatar a un libre pensador en serio que desgraciadamente no abundan en este mundo encorsetado en el pensamiento.

Luis era un  militante por la vida, un pensador que buscaba la verdad y la justicia, es y era un humanista en su máxima expresión.  Ojala la Legislatura, los municipios, la universidad, tengan a bien colocarle su nombre a una calle, un espacio público significativo o una escuela, para que los jóvenes que no lo conocieron pregunten quién fue Luis Triviño, rescatando su pasión por las causas nobles que es su mejor legado, y sobre todo que aprendan de él a no tener ataduras dogmáticas sino que la vida es un eterno camino de búsqueda a una sociedad mejor. Que como Luis decía en su libro al describir su vida y la evolución de su pensamiento no fue un camino ideal, ni sencillo, ni cómodo, por el contrario, abundó en dudas, altibajos, desgarros, retrocesos, estancamientos, desvíos, atajos y obstáculos. 

No podría terminar sin unir a Luis a otros amigos por el deseo que las nuevas generaciones tengan algo de esos hombres y que pudieran sintetizar en un solo pensamiento humanista, el coraje intelectual de Luis, un poco de la bondad de Jorge Contreras y la pasión de Don Juan Palavecino, todos ellos que nos dejaron en poco tiempo y son pérdidas insustituibles, porque no hay que dejar que se vayan solo así, llenaremos un vacío que dejaron esos militantes.  El dolor suele doler menos rescatando el valor de las causas nobles.

Nuestro querido amigo Luis seguramente no estará en el Cielo pero estamos seguros que vivirá por siempre en nuestros recuerdos y nuestros corazones.