Pensando Mendoza II
“Mendoza no está bien, pero puede estar mejor”. Bajo esta percepción común como premisa, MDZ volvió a reunir a destacados dirigentes políticos y empresarios en la mesa de “Pensando Mendoza”.
En este ciclo que iniciamos a principios de julio y que tendrá una periodicidad mensual, intervienen relevantes personalidades del quehacer local y nacional, personas con poder de decisión, pero también de visión, que, alrededor de una mesa, se reúnen bajo la intención propuesta: pensar Mendoza.
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Esta vez, participaron del encuentro el ex gobernador y ex embajador en los Estados Unidos, José Octavio Bordón, el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, Jorge Tanús, los empresarios Mario Groisman (de la construcción) y Rodolfo Vargas Arizu (presidente de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo) y el ex intendente de Godoy Cruz y ex candidato a gobernador por la Concertación, César Biffi.
Dos ejes centrales surgieron del intercambio de opiniones de los presentes:
1- cuáles son y cuáles deberían ser los ejes de desarrollo de Mendoza y
2- la necesidad de un cambio cultural en los mendocinos para recuperar el orgullo por Mendoza.
Los conceptos que marcaron a cada uno
La necesidad de priorizar en qué enfocar la labor del Estado junto con el sector privado fue la frase más reiterada por José Bordón; mientras que Biffi machacó con “educación” y “consistencia fiscal”.
Por su parte, los empresarios Groisman y Vargas Arizu coincidieron en diversas oportunidad en atacar la “incomprensible burocracia estatal” de Mendoza y Tanús, insistió cada vez que pudo con el “asociativismo del estado con los privados” para afrontar los grandes desafíos de Mendoza.
Lo que somos y lo que podríamos ser
Contó que cuando se instaló en Georgetown, Estados Unidos y, a pesar de que no le gusta el juego, hizo una visita con unos amigos a Las Vegas. Allí se encontró con una ciudad armada y organizada para tal fin.
Unos años después, ya como Embajador en Washington, volvió a Las Vegas, pero para dar una conferencia. “Me encontré con una ciudad que se había transformado en la mejor escuela literaria estadounidense, en la sede de las más importantes muestras de arte a nivel mundial y con hoteles que ya no sólo se preocupaban por ofrecer una imitación de Nueva York o Paris, sino organizados a nivel temáticos y no sólo para el juego, sino para brindarle paz y tranquilidad a los turistas”.
Para Bordón, hay un gran aprendizaje del caso aludido en su anécdota: La dirigencia política y empresaria de Las Vegas se dio cuenta que ya habían logrado y consolidado una ventaja competitiva. Pero ese modelo era fácilmente imitable por otros y corrían el riesgo de perder el liderazgo. Por eso, “con las bases de lo que habían creado, fundaron otro espacio, completamente complementario”.
“Internacionalizarnos para no desnacionalizarnos”
Como conclusión, Bordón planteó, en una primera aproximación a lo que pasa en Mendoza, que si bien aquí “algunos de sus sectores -que han sido los más tradicionales, como la vitivinicultura- se han hecho cambios importantes, “percibo que en los nuevos temas de la sociedad del conocimiento nos han pasado por encima”.
“Una provincia que sólo tiene disponible para la agricultura el 3 por ciento de su territorio –acotó Bordón- ha dejado pasar una oportunidad que supieron aprovechar, por ejemplo, Córdoba y Rosario”.
El ex gobernador sostuvo que a la posición lograda por la vitivinicultura y el turismo demuestran con claridad que “hay que internacionalizarnos para no desnacionalizarnos”. Y esa frase la explicó de la siguiente manera: “hay empresas nacionales que siguen en el país porque supieron internacionalizarse. Caso contrario, las habrían arrasado empresas extranjeras”.
Ni poco ni demasiado
Con todos los presentes coincidió en que resulta muy difícil despegar la situación provincial de la nacional, a la hora de mirar qué nos pasa a los mendocinos y a Mendoza.
Pero sostuvo que aquí “intercambiar ideas es más fácil que en otro lado”. Sin embargo, lanzó unas de las pocas y veladas críticas a la forma de llevar adelante la provincia que ejecuta el actual gobernador Celso Jaque. “Estas cosas no las podemos perder, y lo digo porque creo que las estamos perdiendo”, señaló Biffi, para rematar luego: “la institucionalidad es más fácil de conseguir cuando hay voluntad de generar diálogo y consenso”.
En cuanto a los puntos oscuros de la situación del país que condicionan el despegue, coincidió en señalar que “la economía está muy pegada a lo que le pasa a la política y la política está pasando por un mal momento que, obviamente, se refleja en la economía”.
Es así que puntualizó en que “si el estilo es continuar con la confrontación o distraernos en temas menores, no saldremos adelante”. Pero, continuó, “si el gobierno se vuelve a ocupar de la inflación, de la negociación de la deuda, estaremos nuevamente en el buen camino”.
Lo que tiene y lo que le falta a Mendoza
Biffi sostuvo que inevitablemente, “todo lo que pasa a nivel nacional nos golpea, siempre ha sido así y esto pasa porque hay un modelo de país más unitario que federal”.
Más optimista que el resto de la mesa, dijo que “Mendoza ha hecho muchas cosas bien, a pesar de que siempre falta”.
Y analizó su afirmación: “tiene una dirigencia política razonable, empresarios dinámicos y productivos y una sociedad conocida en todos lados como muy trabajadora”.
Sobre esto último, profundizó diciendo que “fuera de la provincia se reconoce a la mano de obra local, con mucha mas capacidad de trabajo que la europea, por ejemplo y se advierte voluntad de trabajo, esfuerzo”.
Sin embargo, consideró que la consistencia fiscal debe ser un elemento central en la oferta que, como estado, Mendoza tiene que exhibir. Ello, según Biffi podrá ser así cuando se logre “una economía de garantías, con presupuestos plurianuales y una previsión a 5 años”.
Educación y caminos
Para Biffi los recursos presupuestarios de Mendoza son escasos y, por ello, hay que saber priorizar a qué destinarlos. En este punto coincidió Bordón, quien reveló que es ese el gran secreto de saber gobernar.
El ex intendente centró su propuesta casi excluyentemente en la educación. “Allí destinaría todo el esfuerzo del Estado”. Propuso en este punto realizar una “formidable apuesta del Estado en forma conjunta con los sectores empresarios”. Y analizó que “las dificultades de la sociedad han hecho mucha mella en la calidad educativa. Pero la respuesta –dijo- debe ser a la inversa: hay que mejorar la educación y los docentes porque se va a tardar mucho en mejorar la cuestión social”.
También, Biffi puso énfasis en la obra pública y, dentro de ese rubro, especialmente en los caminos y la limpieza. “Son cosas –afirmó- que tendríamos que haber hecho hace algún tiempo. La inversión en obras de nuestros presupuestos en los años 90 eran de 2 o 3%, y recién el año pasado logramos que fuera del 11% cuando debieran alcanzar, en realidad, 15% y hasta del 20%”.
Gestión asociada
Contudente, el análisis del legislador oficialista y cuarto en la línea sucesoria del gobernador Celso Jaque arrancó con la afirmación de que “Mendoza ha dejado de ser una provincia moderna y que tenga progreso”.
Inmediatamente después, sostuvo que “claramente creo que Mendoza debería producir una fuerte inversión en su sistema de caminos y transporte”. Y continuando con su diagnóstico realista de las cosas que todos los días viven los mendocinos indicó que “Mendoza no sólo no tiene comodidades, sino que carece de formas importantes para trasladar personas o productos y acredita una muy compleja utilización del espacio público en el área metropolitana”.
La salida a este panorama signado por los inconvenientes y el atraso la ve en una tarea que puedan llevar adelante, de manera asociada y como ya se ha hecho con otros temas, como el dique Potrerillos o la estación multimodal Pasip en Palmira, a través del trabajo conjunto entre el Estado y las empresas privadas.
“No tengo problemas en decir que me gustaría que Mendoza tengas más caminos, más seguros e iluminados, aunque haya que pagar peaje para transitarlos porque la empresa privada haya aportado para su concreción”, dijo.
Mendoza ambientalmente apta
Tanús avanzó en su idea de lo que debe ser la Mendoza del futuro. Con gráficos estampados por su pulso contra una hoja en blanco, mostró una provincia que logre avanzar aun más en materia de turismo y vitivinicultura, pero que pueda afirmarse con la marca de “ambientalmente apta”.
En este punto, dijo que no hay que desperdiciar la oportunidad de avanzar en la minería, pero “alambrando alrededor de los emprendimientos y garantizando la calidad de gestión ambiental de esos emprendimientos”.
“La más pobre de las ricas”
Seguidamente, indicó que nota un deterioro “importante” de la provincia a partir de 1997/98. “El resto del mundo y hasta Latinoamérica han crecido, pero Mendoza se quedó”, dijo.
Su actividad, lo ha llevado a recorrer el mundo en una tarea que lo ocupa desde hace 25 años. Por ello, el empresario dijo que “siempre me pareció que Mendoza era un lugar simpático para vivir”, pero que últimamente ha perdido ese estatus.
La situación, consideró, tiene que ver con una diversidad de aspectos. Con las finanzas públicas, porque “se gasta más de lo que se recauda”; pero también con un país en el que “se ha mentido mucho, pero como ahora, nunca; no hay precedentes”.
Basura e inseguridad
Dos aspectos tienen que ver con que Mendoza ya no sea aquella provincia “simpática” para Vargas Arizu: la basura y la inseguridad.
La primera tiene que ver con un factor cultural de los mendocinos y la otra, desde su punto de vista, con una falta de puntería en la materia por parte del Estado. “Yo cierro todas las noches la bodega y no se con qué me voy a encontrar al otro día. No sirve la seguridad pública ni la privada”, dijo.
Lo grave, es que más allá de las sensaciones personales, “todo eso te lleva a una desinversión permanente. No hay seguridad jurídica: en este contexto, ¿quien invierte?”.
Mendoza y el país
El empresario consideró que hoy “tenemos un problema mayor al de 2001. Fue una forma de hacer economía que se agotó, pero después de devaluar, no se cambió nada. Sólo cobraron más impuestos y se subieron a una ola de commodities del mundo: petróleo y granos".
“El vino y el aceite de oliva –agregó Vargas Arizu- valen exactamente lo mismo ahora que en el 2002”. Dijo sobre el momento que vive el país que “vamos a perder una tremenda oportunidad: lo que necesita el mundo lo tenemos aquí y la tecnología que se necesita y no fabricamos, si nos juntamos en Latinoamérica, la tenemos al precio que queramos”.
Un gran problema: la burocracia
“Mendoza -sostuvo-tiene un montón de posibilidades”. Inmediatamente después, evitó poner la responsabilidad en otros, ya que consideró que la tarea de aprovechar esas ventajas es “de la dirigencia política y empresaria, de los empresarios y de la sociedad en su conjunto”.
“¿Cuándo empezamos a solucionar por lo menos un 20% de las cosas?”, se preguntó y le transfirió la pregunta al resto de los presentes, para luego analizar que “nos pasamos hablando los días, los años y así se nos pasó lo que ha sido Mendoza. Si grabamos esta charla –dijo- es muy probable que dentro de 4 años nos encontremos diciendo lo mismo”.
Fue el único de los presentes que rememoró a algún hacedor del pasado y lo hizo poniendo de relieve a los que se animaron a construir el parque General San Martín, “sin máquina, a pala, llevando agua como podían, mientras hoy con muy poquita cosa nos llenamos la boca”.
En definitiva, Groisman apuntó para el lado en que luego se desarrollaría la parte de los debates e intercambios del encuentro: con un cambio de actitud de parte de la dirigencia mendocina, “teniendo un buen negocio, las inversiones vienen solas”, afirmó.
Algunas conclusiones
El encuentro duró tres horas. La mitad casi exacta del tiempo fue invertido en las exposiciones. A esta altura, con café, agua, jugos y algunas masas secas de compañía ya los expositores habían definido los problemas prácticos de Mendoza: desaprovechamiento de oportunidades, atraso en la obra pública, falta de diálogo y de visión estratégica, abandono de los espacios públicos, desidia en el cuidado de lo que tenemos.
Pero también, se logró esbozar en algunos trazos las posibles soluciones: valorar el crecimiento y desarrollo vitivinícola y turístico y trabajar sobre su complementación con la mirada puesta en el futuro; apuntar a un cambio cultural de los mendocinos y apostar a la educación; generar nuevos vínculos de gestión asociada entre el Estado y las empresas privadas.
Un dato relevante: todos, empresarios y políticos, manifestaron que hay vocación para trabajar en estos temas. Y allí el acierto del espacio generado por MDZ: si pensamos Mendoza, Mendoza puede cambiar.