Presenta:

Las armas secuestradas fueron usadas en el asalto a la joyería del Shopping

Las pericias balísticas confirmaron que las pistolas 9 milímetros que estaban en poder de los dos detenidos que hay en la causa fueron disparadas durante el robo en la joyería Tersani.
Foto: Gerardo Gómez / MDZ
Foto: Gerardo Gómez / MDZ
El halo de misterio que rodeó a la banda que asaltó la joyería del Mendoza Plaza Shopping comienza a difuminarse. Hasta que la Justicia consiguió las primeras pruebas concretas para incriminar a los sospechosos, todo parecía formar parte de una novela policial con final abierto y con los condimentos necesarios para estirar la lectura hasta la última página. Pero ayer la historia se cortó en seco y de manera abrupta se anticipó el final: un dato corroboró las sospechas de los investigadores e incriminó directamente a los únicos dos detenidos que tiene el caso.

Las pericias balísticas se convirtieron en la vedette del expediente a cargo del fiscal de Delitos Complejos, Luis Correa Llano. Desde Policía Científica esbozaron una sonrisa cuando comenzaron a escribir el informe dirigido al fiscal. Allí confirmaron que las marcas características de las armas secuestradas en los allanamientos de la semana pasada coinciden con las de las vainas servidas que los peritos obtuvieron luego del tiroteo que se produjo adentro del centro comercial.

La relación en este caso es exacta y responde a la lógica  matemática. Las balas disparadas por los delincuentes salieron de las pistolas 9 milímetros secuestradas por los detectives. Y las personas a quienes se las hallaron deberán explicar a Correa Llano cómo y por qué estaban en su poder.

Si bien la causa estará bajo secreto de sumario durante los próximos diez días, los efectivos que participaron de la investigación comenzaron a inflar el pecho. Están convencidos de que, si bien no lograron detener a toda la banda, consiguieron desarticularla.

Reconocieron haber estado algo confundidos durante los días posteriores al atraco; especialmente porque no estaban acostumbrados a trabajar contra una banda que había demostrado un alto nivel de organización y con un aparato logístico infrecuente en la provincia.

Pero algunos integrantes de la gavilla cayeron por su propio peso y por cometer los errores más frecuentes y conocidos en el mundo del hampa. El orgullo y el egoísmo les jugaron en contra, y no soportaron mantener el silencio y el anonimato. Tenían que confesar a alguien que ellos eran los autores del robo perfecto. Pero dio la casualidad de que ese “alguien” habría sido un informante policial.

Ese primer “pecado”, típico de principiantes, se completó cuando los efectivos encontraron las armas. Los asaltantes olvidaron que, al disparar una 9 milímetros, iban a dejar los casquillos como evidencia.  Y no tuvieron la picardía para, una vez concretado el golpe, deshacerse de esos “fierros calientes”.