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El "manual del policía" que difundió ayer MDZ, analizado por dos especialistas

El manual editado en 1990 por el Gobierno provincial y que entrenó a los policías para aplicar mañas y discriminar, fue analizado por dos expertas: la mendocina Viviana Ocaña, actual formadora de los futuros uniformados y la historiadora porteña Alejandra Rico.
El polémico manual elaborado por el Gobierno en 1990. Foto: Gerardo Gómez / MDZ
El polémico manual elaborado por el Gobierno en 1990. Foto: Gerardo Gómez / MDZ

Tras la difusión por parte de MDZ de los polémicos contenidos de un “Manual del Policía” editado en Mendoza en 1990, dos investigadoras en materia de formación e historia de la policía analizaron el pequeño libro.

Se trata de Viviana Ocaña, quien actualmente participa en la formación de los futuros uniformados como docente del Instituto Universitario de Seguridad (IUSP). Es miembro, además, de la Escuela Latinoamericana de Seguridad y Democracia (ELSED) y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. En tanto, también opinó Alejandra Rico, magíster en Historia e investigadora de la Universidad de Lanús, quien calificó al instructivo mendocino, además, como “exageradamente machista”.

MDZ reveló el miércoles que “el manual con el que se entrenó a los policías mendocinos por lo menos entre 1988 y 1991, demuestra cómo los uniformados recibieron una preparación cargada de estereotipos y de recetas para salir bien parados frente a situaciones difíciles (para ellos)”.

Las recomendaciones de los jefes policiales a “la tropa” estaban cargadas de estereotipos y de recomendaciones para sus hombres no quedaran mal parados ante “los civiles”.

Ocaña señaló que, “desde ya (el manual) es un descubrimiento que muestra  la necesidad de abarcar, desde los cambios políticos sobre todo, a la institución policial”.

Un fenómeno del Siglo XIX

Sobre el funcionamiento de la policía en democracia, la docente indicó que si bien “todos nos alegramos con la democracia en 1983”, “al interior de las instituciones, la democracia no llegó, especialmente en lo que se refiere al poder punitivo del Estado, él que se maneja, en todos o casi todos sus aspectos, con categorías analíticas del siglo XVlll y XIX. Ni siquiera con las del siglo XX, y ni que hablar del siglo XlX”.

Por su parte, la historiadora de la Policía de la Universidad de Lanús, Alejandra Rico, consideró –tras leer la nota de MDZ en Buenos Aires- que “desde el sentido común de una simple ciudadana atenta a lo que pasa a su alrededor, te diría que es preocupante aunque no sorprendente, teniendo en cuenta la historia de nuestro país en las últimas décadas”.

Sobre el proceso histórico, Rico coincidió con el análisis de Ocaña y agregó que “en los documentos que me tocó trabajar para analizar el siglo XIX no vi nada parecido, pero hay que tener en cuenta que aún no estaba construida la identidad policial; este es un proceso que recién se inicia hacia fines del siglo XIX”.

La historiadora porteña ya había contado a MDZ en una entrevista realizada días atrás cuáles fueron las influencias ideológicas que recibió la formación y el accionar policial en el siglo pasado.

Al respecto, dijo que "durante la reforma peronista (con el acceso de Perón a la presidencia) la ideología anticomunista y la doctrina del enemigo interno ingresa a las academias de policía de la mano de la profunda reestructuración que sufre la fuerza con la llegada de Mercante a la gobernación de la provincia de Buenos Aires y es utilizada luego del 55 para la represión de los propios peronistas".

En tanto, indicó que "obviamente, con la última dictadura militar la ideología tuvo un papel fundamental en el accionar policial".

La democracia llegó tarde a la policía

“Si bien la democracia tiene una onda expansiva incontenible que ya abarca varios grupos marginados inicialmente de la misma, la institución policial es una de las que menos conoce el ejercicio democrático”, analizó Ocaña.

De los “múltiples factores que impidieron la democratización de la fuerza” tras la recuperación del sistema democrático, puso de relieve “que sus miembros consideran la necesidad de la jerarquía, el orden, la autoridad, como ejes para un accionar correcto”.

Aceptó, desde su rol de formadora de futuros policías, que “ha costado mucho trabajar estos aspectos en la carrera policial, (género, prejuicios, estigmatización) sobre todo por que desde el plan de estudios de 1999, expresamente se prepara  a un futuro profesional con incumbencias, perfil, actitudes y aptitudes muy concretas relacionadas al uso legítimo de la fuerza, o bien, el trabajo para la prevención”.

Entre lo que “se es” y lo que “se quiere ser”

MDZ reprodujo en su nota del miércoles un fragmento del poema “Señor de ti mismo”, de Carlos Heitz, incluido en la página 102 del “Manual del Policía” de Mendoza y que funcionó también en la Policía Federal como estimulador del espíritu de cuerpo.

En él se reconoce una fuerte dosis fundamentalista al sugerir que “policía se nace” y atribuirle a los uniformados una “hermosa misión en tierra”.

Además, son numerosas las menciones a “los civiles” en el texto, tratados como “el otro”, “el que observa y critica”.

Por eso, Ocaña recordó que un uniformado “es un civil con el poder del uso de la fuerza o violencia legítima, es decir, solo para preservar bienes jurídicos protegidos”.

“Sobre todo –dijo- es un ciudadano que tiene el deber de resguardar los derechos del resto de los ciudadanos, tarea que le ha sido encomendada con una capacitación especial, sobre todo teniendo en cuenta la legislación (ley provincial, de Seguridad Pública Nº 6721, la Constitución,(artículo 19  y normativa internacional).

En la actualidad, tras la creación del Instituto Universitario de Seguridad Pública en 1998, “todo el plan de estudios está atravezado por conceptos centrales: democracia y DDHH”, dijo Ocaña, quien agregó luego que “esto lo destaco a propósito de las prácticas ya conocidas y tan bien expresadas en el Manual, que como su palabra lo indica, es de uso y expresión poco técnicas, es decir, centrado en los prejuicios, estereotipos, y consideraciones del conjunto social”.

A pesar de que el libro en cuestión fue editado por el Gobierno de Mendoza y lleva el prólogo del por entonces jefe de Policía, José Vicente Pacífico, la especialista consideró que se trata de un manual “casero, ya que que de haber sido explícito, profesional, y más técnico para las prácticas policiales, o de considerarse como eje de dichas prácticas, debería llevar un nombre más acorde, como pueden ser instructivo, disposiciones legales, marco normativo o dispociones procedimentales”.

Sin embargo, reconoció que su hallazgo y difusión “revela los errores de esa capacitación a la luz del momento histórico; sobre todo, porque replica las mismas fallas escondidas bajo formas pseudoprofesionales”.

Pero, ¿estas prácticas fueron cambiadas? “No sé si se habrá logrado desterrar estos vicios, para utilizar el mismo lenguaje”, se animó Ocaña, quien indicó que “faltar aún un camino más sólido, pero que nos hemos esforzado por trazarlo, de eso no hay que tener dudas”.

La docente consideró que en Mendoza “gradualmente los policías pudieron incorporar para sus propias prácticas los insumos de las materias del nuevo plan y, sobre todo, las teóricas, sobre las cuales resaltamos la necesidad de tener elementos de ese orden para justificar, explicar o darle operatividad a una práctica”.

Finalmente, evaluó que “mientras más se explique, se argumente y se sostenga teóricamente un accionar, más lejos se estará de equivocarse, o al menos de no poder dar cuenta de la acción”.