Qué hay detrás de la aparición de "pibas chorras"
Las féminas adultas que cometieron algún delito y fueron condenadas por ello en Mendoza no alcanzan al 10 por ciento del total de personas privadas de libertad. En su mayoría están en una celda a causa de causas federales o, para decirlo con todas las letras, por haberse involucrado en alguno de los eslabones de la distribución de drogas o en contrabando.
El panorama no cambia mucho con las chicas que no alcanzaron aun la mayoría de edad. Hoy en el Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil (el ex COSE) hay 9 jóvenes privadas de su libertad. El año pasado eran 8 y el anterior 9 también, con lo que queda claro que la proporción de mujeres menores de edad que cometen delitos es todavía menor que las de adultas en relación con los hombres.
- ¿Por qué cree que hay mujeres adolescentes que se involucran en el delito?, le preguntamos a Emilio García Méndez, experto en derecho penal juvenil y referente de la Fundación Sur, de Buenos Aires.
- Porque la tendencia a igualar, para bien y para mal, no es joda. Lo que deberíamos hacer es renunciar a sorprendernos.
Contundente.
Danielle Laberge, docente especializada en criminología de la Universidad de Québec, ha trabajado durante años sobre el asunto. “Las mujeres –sostiene Laberge- han contribuido de modo bastante restringido a la criminalidad oficial, al menos en las sociedades occidentales y en épocas recientes”.
Sin embargo, la académica canadiense señala que “para algunos investigadores, hay que reexaminar la aparente inmunidad de las mujeres ante los comportamientos criminales y postular que, después de todo, las mujeres son menos inocentes que de lo que se supone”.
En Mendoza
La crónica señala como hecho inusual para Mendoza que “una banda de mujeres asaltó a dos jóvenes en Godoy Cruz”. Las asaltantes tienen entre 15 y 17 años y el golpe lo hicieron contra dos chicas mayores que ellas, de 22 y 28 años. Un hombre las acompañaba, pero alcanzó a escaparse.
Martín Appiolaza, investigador de Save The Children, sostuvo al respecto que “los cambios económicos y sociales han impactado igual a niños que a niñas, a jóvenes varones y mujeres”.
Por eso, dice, “han potenciado las causas de la violencia y el delito, como la inequidad, la negación de derechos de todo tipo. Y afectan especialmente a las comunidades más vulnerables que, en nuestra sociedad, es mayor en las niñas”.
Coincide con él Ana Rosich, psicóloga y responsable del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil o “el COSE”, como se lo conoce popularmente. “Creo que tiene mucho que ver el entorno en el que se crían y el trato que reciben, que no difiere en mucho del de los varones de su propia familia”, dijo.
Pero Appiolaza analiza un elemento que ya es una duda constante de los criminólogos: la mujer en actitud delictual ¿es o se hace? ¿Lidera o acompaña? ¿Por la fuerza o voluntariamente?
El especialista indicó que “en el caso de la noticia de MDZ, se trata de dos niñas al parecer vinculadas a otras personas en el tema delictivo, que por su condición de niños son utilizados en muchos casos para cometer actos delictivos a veces consentidos a veces bajo presión”.
Desde Uruguay, Luis Pedernera, pedagogo y experto en violencia juvenil, comentó que “hay dos cuestiones a tener en cuenta y estos son: la mujer en el patriarcado machista es controlada por otros mecanismos y el sistema penal no es necesario para contener su desviación y, cuando lo hace es una mínima expresión”.
El experto uruguayo dijo que “la explicación clásica es que obedece a un patrón patológico con explicación en cuestiones biológicas y psicológicas de la mujer, pero la criminología crítica ha cambiando el enfoque y dice que en realidad en la mujer se da un continuum de controles informales (familia, trabajo, medicina, psiquiatría, machismo) que hacen innecesario el control formal duro (cárcel)”.
”Cuando empiezan a aparecer casos como este –advirtió Pedernera- puede responder a una más afinada selección de la agencia policial”. Sobre esto, señaló que “en criminología, manejamos como primer eslabón de los procesos criminalizadores, el accionar policial; ellos en las recorridas capturan, investigan y seguramente encuentran delitos adjudicables a alguien”.
Introduciéndonos en una ilación más fina de los hechos y desde un punto netamente teórico, el experto oriental aportó que “la cuestión común es afirmar que el delito es cosa de otros, pero todos cometemos delitos, el tema es que pasamos con cierta cobertura por los procesos de selección (usamos corbata, tenemos pelo corto, somos blanquitos, no tenemos cara de expediente etc), pero compramos cosas en las ferias que son producto del contrabando, copiamos cd y dvds protegidos por derechos de autor, burlamos el pago de impuestos, fundimos bancos etc. y el sistema penal no se mueve”.
Agregó que, “en ese contexto, a veces, se desplaza la selección criminalizante a otros sectores y pensamos que hay un boom de delincuencia por ejemplo, de las mujeres. Sin embargo son casos aislados que confirmarían la regla de que el sistema penal es para varones, jóvenes y pobres lo que si es que en ciertas coyunturas nos asombran”.
Tal como lo sostiene el sociólogo y ensayista porteño Gabriel Kessler, el mendocino Appiolaza indicó: “esto tiene que ver con la aparición del delito amateur, aquel que es esporádico, de personas no especializadas, que roban para comprar algo en especial”.
Y convocó, finalmente, a mirar hacia los jóvenes con otra intención ya que, siempre, son una mayor cantidad de veces víctimas que victimarios. “Todavía invisibilizados –señaló Appiolaza- y con un nivel mayor de complejidad, existen las bandas de niños, niñas y jóvenes, afectados por la violencia, para quienes es necesario plantear políticas preventivas y de inclusión. Ya hay algunas buenas prácticas en marcha”.