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En la mira del crimen organizado

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
El rostro de Carlos Ciurca muestra los gestos típicos de alguien que está fuera de foco; desorbitado porque nunca imaginó estar en esta situación. Sabía que iba a encontrar una provincia conflictiva, sin soluciones en el corto plazo y con una política de seguridad inexistente. Pero nunca pensó que, a poco de asumir, Mendoza se convertiría en el epicentro de golpes comando perpetrados por bandas decididas a llevarse de cada atraco botines de, por lo menos, seis cifras.

Es como si se tratara de un salto de calidad dado por aquellos delincuentes que se ocupaban de los delitos comunes de todos los días. Ladrones solitarios, rateros, punguistas y especialistas en asaltos domiciliarios que decidieron unirse para capitalizar la experiencia que adquirieron en robos de poca monta.

Si bien todavía no está confirmado que un hecho tenga que ver con el otro –aunque se presume- el robo a la joyería del Shopping y el asalto al blindado que estaba estacionado en el frente del Banco Regional mostraron la cara más sofisticada de las grandes bandas del crimen organizado: inteligencia, camuflaje, planes perfectos, bajo nivel de riesgo, actuaciones, infiltrados, sistemas de comunicación de alta prestación y un alto poder de fuego utilizado exclusivamente como recurso de disuasión. En ningún caso, las balas disparadas hirieron o mataron a civiles o policías. Es una muestra cabal de que los autores, además de las artes delictivas, están bien asesorados sobre los alcances de las penas contempladas en el Código Penal.

Si algún día los culpables son descubiertos, capturados, juzgados y condenados, ninguno deberá enfrentar cargos por “homicidio”. Salvo que tengan algún viejo antecedente en el prontuario, nadie se manchó con sangre en el último mes y medio.

La otra posibilidad, que nunca se descarta, es que a la logística de los delincuentes comunes se haya sumando el aporte siempre nefasto de policías o de ex policías. Porque llama la atención cómo, en cada uno de los hechos, los asaltantes parecían haber tomado el punto a la fuerza. Es como si quien dirige la gavilla también supiera cómo, cuándo y dónde se dirigirán los efectivos.

En otras palabras: Ciurca, su gente y la totalidad de la Policía de Mendoza tienen el enemigo adentro o están luchando contra alguien –o algunos- que conocen el funcionamiento uniformado al pie de la letra y son especialistas en la planificación de operativos tipo comando. El ejemplo más claro: el asalto a la Unidad Motorizada de Acción Rápida (UMAR).

Sólo unas horas después de ese robo, una fuente de Inteligencia mencionó a este diario que mientras Investigaciones intentaba esclarecer el hecho, áquella Dirección debía estar atenta al próximo paso. Anunció que era cuestión de semanas para que las secciones Policiales de los diarios se volvieran a lucir por la calidad de la información generada en Mendoza. Sin embargo, ni él ni sus jefes lograron encontrar una salida al enigma planteado .

La misma fuente fue consultada luego del robo a la sucursal de la compañía financiera Montemar en Luján. Y con cierta soberbia respondió: “No, todavía no; éste apenas es un robo más”.

El espía cambió el tono de voz ayer por la tarde. Un asalto a un blindado, en pleno centro y con ráfagas de ametralladora sacudiendo la ciudad salía de lo común. Por eso se lo escuchó más excitado, aunque con el aire de suficiencia: “¿Vieron, vieron? Yo se los dije”.