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La trama oculta de cómo se ejecutó el robo a la joyería del Shopping

Una semana antes del asalto, la banda ya tenía concretada la inteligencia. Los ladrones entraron y salieron por puertas de emergencia. Se llevaron entre 500 mil y un millón de pesos. Hubo dos delincuentes foráneos.
La policía busca a los autores del golpe comando. Foto: Gerardo Gómez / MDZ
La policía busca a los autores del golpe comando. Foto: Gerardo Gómez / MDZ
La premisa de la banda era concretar un golpe limpio, sin complicaciones ni contratiempos. No era un grupo de delincuentes comunes, sino que cada uno había estudiado al detalle el papel a cumplir una vez dentro del Mendoza Plaza Shopping. Algunos tuvieron un rol netamente activo; los demás aportaron a la logística de la estrategia diseñada.

 De acuerdo con las imágenes de los videos de seguridad del centro comercial, la gavilla que ayer asaltó la joyería Tersani estaba compuesta por aproximadamente quince personas, pero entre ocho y doce delincuentes estuvieron dentro del shopping durante los diez minutos que duró el golpe comando.

 Sólo tres minutos antes de que un hombre vestido de mujer y un sujeto con cuello ortopédico ingresaran al local fijado como blanco, el resto se había dispuesto en lugares estratégicos del primer y del segundo nivel. Habían ingresado por una de las puertas de emergencia que da al sector oeste del complejo y por el mismo lugar huyeron con un botín calculado de entre 500 mil y un millón de pesos, en joyas y dinero en efectivo.

 Se estima que tienen entre 18 y 35 años, que estaban bien vestidos, que portaban armas de fuego y que se comunicaban entre ellos por radio. Cada movimiento estuvo tan bien sincronizado que se da por seguro que varios días antes estuvieron en el sitio que se transformó en el teatro de operaciones de la banda.

Pura inteligencia
La semana pasada, los autores del hecho tenían un único objetivo: el robo del millón de pesos. Confiaban en los datos recabados y apuntaban a conseguir ese dinero en la joyería. Por eso decidieron flexibilizar el presupuesto inicial y subieron los costos del operativo. Invirtieron mayor cantidad de dinero en informantes y “usaron teléfonos tipo Nextel porque esas comunicaciones son más difíciles de interferir”, explicó un investigador.

Fue un trabajo fino de inteligencia que incluyó el plan de escape y una segunda opción de fuga que se pondría en práctica sólo si la situación se salía de control. La orden era activar las granadas de gas lacrimógeno que la policía encontró en uno de los baños minutos más tarde y que habían sido dejadas por un sujeto de anteojos oscuros y campera de cuero que llegó en moto y que, sin generar sospechas, pasó al lado de los guardias de seguridad privada.
 
La última sutileza del plan fue la amenaza de bomba en la Terminal. Escondieron un paquete con un reloj en un lugar donde, sabían, los especialistas en explosivos iban a buscar. De ese modo lograron el traslado obligado de gran parte de los efectivos de Guaymallén a esa zona y dejaron el camino allanado para la fuga.

 Los investigadores que trabajan en el caso reconocieron que se trató del atraco mejor planificado de los últimos diez años. El único obstáculo que los asaltantes no pudieron eludir fue el alcance de las cámaras de seguridad. Todos actuaron a cara descubierta y algunos de ellos ya habrían sido identificados: la banda estaría compuesta por ladrones conocidos en el hampa local con el apoyo de dos invitados de otra provincia. Y así como llegaron a Mendoza unos días antes del gran robo, inmediatamente después retomaron la ruta para regresar al pago. Según los primeros indicios, el destino sería Santa Fe.

 Los delincuentes tenían en claro dos cosas: el hecho debía ser calificado por la Justicia como “robo agravado” y no como “homicidio agravado”. Por eso, las armas sólo debían usarse para disparar al aire y como último recurso si todo salía mal y la policía los acorralaba. Eso explica por qué el efectivo fuera de servicio que cruzó disparos con ellos no fuera asesinado. Sin saber quiénes eran buenos y quiénes eran malos, el policía sacó su arma y quiso impedir la fuga. Detrás de él, unos asaltantes que se habían camuflado entre la gente que estaba en el patio de comidas, siguieron la escena de cerca. De haber sido necesario, lo hubiesen matado por la espalda.