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"Cambian los roles en la relación de la familia con el Estado"

Proliferan los discursos de defensa de la familia. Problemas sociales, crisis económicas, transformaciones culturales y hasta recambios políticos generan tal propagación. Se deposita en la familia una responsabilidad cuasi absoluta para la reconversión de los valores de la sociedad en crisis. Ahora bien, cuando hablamos de familia ¿de qué tipo de familia estamos hablando?

La Escuela, desplaza sus carencias en pedidos de colaboración a la familia. La Iglesia, acentúa en la familia, el tipo de sociedad espiritual que proyecta. La Política, se hace eco de estas instituciones, y le devuelve el problema a la familia. Los discursos, a los que hacemos referencia, piensan unívocamente, en un tipo particular de familia: nuclear, heterosexual y cristiana.

Sin embargo, este es uno de los tantos tipos de familia que la sociedad construye y constituye. En los últimos años, han crecido considerablemente otras formaciones familiares, producto, claro está, de los cambios sociales. Familias monoparentales (el que vive solo), familias de homosexuales, familias ensambladas (las parejas que tienen, además de los propios, hijos de la mujer o del esposo) multifamilias que conviven en un misma vivenda, etcétera.

Reforzar la idea de familia no es lo cuestionable, siempre y cuando, no deje el Estado de ejercer su función, a través de sus instituciones, ergo, las escuelas, los hospitales y la justicia. . Por ello, el Estado no puede desentenderse -y aclaro que decir Estado no es decir gobierno- sino por el contrario, velar por los intereses de los ciudadanos –aunque no todos puedan acceder a esta categoría-, más allá de sus formas de socialización familiar.

No puede, por caso la escuela, pensar que hay niños que mejor rinden porque fueron debidamente apoyados en sus casas. Es, cuanto menos parcial, promover el involucramiento de las familias que no apoyan a sus hijos en las tareas del colegio. Es el Estado el responsable último, y no las familias, el que debe ofrecer las apoyaturas básicas a todos por igual. Ese desequilibrio no hace más que reproducir, al interior de la escuela, la desigualdad entre los que integran una familia tipo y los que no la integran, entre quienes disponen de tiempo mental y material para apoyar a sus hijos, y los que no lo tienen.

La familia reproduce valores y e ideologías en su seno. Es la estructura básica, y más poderosa, de “vigilancia” sobre sus miembros. Es la que dictamina y distribuye los roles de sus integrantes e inculca el “sentido” de las prácticas. Pero la jerarquización y distribución de sus miembros muta con el tiempo. No es “natural”, sino social e histórica, por tanto, expresión cultural de los valores dominantes de una sociedad en un tiempo y lugar dado.

¿Podemos hablar, como en la década del 50, del jefe de familia, que llevaba el pan a su casa producto del trabajo, mientras su esposa se ocupaba de las tareas domésticas y de la educación de los niños?. Hoy la figura del jefe de hogar varón, ha sido reemplazada por múltiples roles. En las crisis, cuando estalla la armonía familiar, son los hombres quienes dejan el hogar, desplazados por situaciones económicas de fondo, y allí es la mujer la que asume la figura de sostén.

Las grandes crisis, como la hiperinflación del 89 y la debacle de diciembre de 2001 en nuestro país, fulminaron a miles de hogares que terminaron desarmados. Y esa es la herencia más inmediata que legamos. Entonces, es cuando la figura del Estado debe aparecer para amortiguar y fortalecer la socialidad, garantizando los ingresos y la educación a los desvalidos, la salud a la población toda. Desde los gobiernos, más que pensar en la familia como soporte de la educación y de los valores, debería primero en profundizar su involucramiento social, con más funciones y políticas que apunten a que las escuelas no sean “grandes guarderías” de contención, desde las cuales se termina derivando el apoyo escolar al seno familiar.

El proyecto de la doble escolaridad es un proyecto muy interesante y estratégico para un país que proyecta a su sociedad en términos de capitales escolares. Por ello, el incremento de la currícula escolar, cumpliría más ampliamente la función estatal de refuerzos educativos, apoyaturas pedagógicas y psicológicas, desarrollo deportivo, entre otros, y no dejar el problema de las tareas y la recreación, en manos de la familia, es decir, dejar en última instancia, la función de equilibrio y equidad, al arbitrio de las familias, sin más. Pero este proyecto, de implementarse, debiera dotar de recursos financieros y humanos a la estructura educativa.

Los padres o tutores, tienen una obligación básica: garantizar que los chicos asistan a la escuela. De ahí en más, el Estado es el que se tiene que hacer cargo, en todas sus dimensiones.