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Asalto en Vistalba: dramático relato de una de las víctimas

Uno de los jóvenes que fue tomado prisionero ayer en la tarde en una casa de fin de semana por un grupo de delincuentes, comentó cómo fue el instante en que creyeron que iban a asesinar a un amigo y la violencia psicológica a la que fueron sometidos.Las víctimas eran todos hombres y los amenazaron con violarlos y cortarles los dedos.
“Tirale, tirale”, dijo uno de los ladrones a su cómplice. Ese fue el momento más crítico del asalto a un grupo de jóvenes que estaba pasando un día de pileta en Vistalba. Uno de los chicos, que no había estado cuando comenzó el robo, confundió a los asaltantes con las personas que limpiaban la piscina. Y cuando se dio cuenta de lo que pasaba, no tuvo mejor idea que salir corriendo y así convertirse en un blanco móvil y fácil.

Por algún motivo, el ladrón no hizo caso a las órdenes que le dieron y decidió no disparar. Salió detrás de la víctima y contó con la ayuda de otro secuaz para interceptarlo. Cuando entendió que no había escapatoria, el chico paró su carrera alocada, se tiró al piso y se preparó para recibir la golpiza que llegó como represalia por su reacción.

Las víctimas y los delincuentes tenían aproximadamente las mismas edades –entre 20 y 24 años-. Quizá por eso, por existir la misma cantidad de similitudes y de diferencias entre ellos, se generó una situación aún más violenta. Los ladrones dejaron en claro que, esta vez, eran ellos los dueños de la situación, y que en ese momento sus armas tenían más valor que los autos y los celulares.

“¿Qué pasa que no hay plata acá? ¿Dónde tienen guardada la plata?”, preguntaron una y otra vez sin recibir una respuesta concreta.

La realidad es que el lugar elegido por los chicos para hacer la despedida de uno de ellos que se va de viaje, es una casa de fin de semana. Y no sólo no encontraron dinero en efectivo, sino que tampoco había víveres.

“Íbamos a ir más tarde a comprar las cosas para hacer un asado a Luján. Nos pusimos a pasar el rato en el jardín con una pelota de rugby, aunque ninguno juega al rugby. Éramos seis o siete chicos nada más; el resto no había llegado”, relató Marcelo, el homenajeado, que después de este episodio confesó que sólo quiere armar las valijas y subirse al avión.

Cuando vieron que dos personas saltaron una pared de poca altura mientras revoleaban armas de fuego, nadie entendió nada. Lo único que escucharon fue la advertencia de “esto no es una joda… vamos, vamos… todos para adentro”.

Lejos de resistirse, decidieron hacer caso a las instrucciones y se metieron a la casa. Una vez en el interior, quedaron boca abajo y con la amenaza permanente de muerte para quien atinara a levantar la cabeza.

Mientras esto ocurría, uno de los maleantes decidió abrir una cerveza. En tanto, otro decidió castigar a las víctimas psicológicamente y largó al aire: "Si me quiero violar a alguno de ustedes, lo hago, y nadie abre la boca", advirtieron, al tiempo que se consultaban entre ellos: "¿y si matamos a uno?".

Nadie pudo verles las caras. Tampoco pudieron precisar cuánto tiempo estuvieron adentro, “porque quizá fueron diez minutos, pero para nosotros fueron horas”, confesaron.

“Menos mal que no habíamos hecho las compras. Si no, nos quedamos acá hasta Navidad”, contaron, ya más tranquilos, los jóvenes, mientras atendían a los policías (con el ministro de Seguridad Carlos Ciurca incluido) que llegaron a la casa ubicada en las inmediaciones de Guardia Vieja y Juan Domingo Perón, en Luján.

Al parecer, la banda estaba integrada por cuatro sujetos y llegaron hasta el lugar en un VW Polo gris, según relataron testigos.

Al ver que no había efectivo, los delincuentes decidieron llevarse las billeteras, los celulares y los autos estacionados en la puerta.

“¿De quién es el Clío gris?”, preguntaron. Marcelo sabía que se trataba de su auto; que estaba cerrado y que las llaves estaban colgadas en una columna. Pensó en levantarse y decir que era de él, aunque, en una milésima de segundo, comprendió que esa no era la mejor opción.

Como no hubo respuesta, y ya no quedaba cerveza, los asaltantes apuntaron a otros dos autos: un Ford Fiesta bordó con un muy buen equipo de audio y un Peugeot 206 negro que les llamó la atención. Se subieron, salieron a toda velocidad y desaparecieron.