Presenta:

El no tan ignoto deportista de los años 30

Un reportaje publicado hace 72 años trae el testimonio de un deportista antes que el de uno de los empresarios más poderosos del siglo XX en Mendoza. Anécdotas y recuerdos, pero también la visión que desde un taller metalúrgico se lanzó al mundo de los negocios, trayecto en el que conoció a varios presidentes, Giulio Andreotti, actrices, Sophia Loren, y hasta Juan Pablo II. Relato directo de Menotti Pescarmona antes de ser Menotti, o simplemente don Luis, en lo que es una fotografía de época con un registro desconocido.
Luis Menotti Pescarmona, imágen capturada de un video de la época. Foto: Imágen TV
Luis Menotti Pescarmona, imágen capturada de un video de la época. Foto: Imágen TV
"Con la experiencia vivida y echando una mirada atrás, al mejor estilo de Dante Alighieri, comprendo el significado de lo que dijo Heredoto de Alicarnaso: la historia se escribe para que las cosas hechas por el hombre no se olviden con el tiempo”.

El juicio cobra vigor a poco entrar al libro “Menotti, trazos de una historia de vida” (1998), a cargo de Mónica Pescarmona, que, visto desde hoy, casi una década después de su publicación, tuvo el valor de compilar los escritos del padre para una edición póstuma, en la que el protagonista sabía lo que hacía.

El padre de Mónica era Don Luis, así llamado por la mayoría de las personas, y Menotti, por su círculo más profundo, esto es, el de la familia y los amigos. Se trata de un testimonio deliberado, escrito para tal fin, y entonces se deduce que es ahí donde abreva la fuente directa del legado, del cual su interés es que el hombre cuenta a uno de los llamados hombres importantes: en este caso, él mismo. Se ha dicho, en este sentido, que con su fallecimiento “murió  en  Mendoza  el  empresario  Luis  Menotti  Pescarmona. Fue  quien  hizo  grande  a  IMPSA,  una empresa mendocina que exportó turbinas y puentes grúas de alta tecnología a China, los EE.UU. y Brasil. En Argentina, las turbinas de Yacyretá y parte del equipamiento de las centrales nucleares de Atucha II y  Embalse también salieron de los talleres de Godoy Cruz”.

Lector de José Hernández, Bartolomé Mitre, Lucio V. Mansilla, Borges y hasta del por lo menos excéntrico Pushkin, lo que podría verse como verdadera declaración de principios, ante cierto gusto y ética literaria, Menotti Pescarmona fue, principalmente, un hombre relacionado al deporte, desde muy chico. El mismo es quien nos lo explica: “Me interesaban todas las materias pero lo que más me gustaba era el deporte. Bastante menos las discusiones intelectuales sobre el anarquismo, el comunismo, los autoritarismos; a mí me apasionaba la natación”.

Aún se ignora si el siguiente es un comentario desprovisto de escepticismo, o más bien se trata de una causserie, al estilo Mansilla. En definitiva, éste es el comentario en cuestión: “Estoy seguro de la gran influencia que tiene el deporte en la formación del ser humano, especialmente en la edad del desarrollo, entre los 10 y los 25 años. Ahí es fundamental el deporte, que es sinónimo de vida sana y ordenada, esencial para modelar el carácter de una persona. Modera también el espíritu y hace al equilibrio juvenil”.

En esta faceta es que se presenta este reportaje publicado al por entonces promisorio deportista, a aquel más que entusiasta cultor de distintos sports. El artículo apareció en el primer suplemento deportivo de un diario argentino, fuera de los que se publicaban en Buenos Aires. Así es que desde Mendoza lo hizo el diario “La Libertad”, que durante cuatro años (desde julio de 1932), dedicó a sus lectores una revista semanal, dedicada a cubrir acontecimientos y personalidades deportivas de su época. Se trata de una publicación fabulosa, bajo todo análisis: excelente calidad gráfica, generoso despliegue periodístico, creatividad en el diseño y profundidad e información en sus contenidos. Su aparición, es indudable, alcanzó uno de los puntos altos en la historia del periodismo mendocino, para no hablar de lo estrictamente deportivo, ya que, se ha dicho, es fundante. Es una tarea saludable la recuperación de este patrimonio histórico insoslayable, del periodismo, cierto es, pero más estrictamente de varios deportes de la región, como el fútbol, el boxeo o el ciclismo.

El reportaje que se vuelve a publicar, íntegramente, y cuyo autor se desconoce o se esconde por H.E.P., posee valor destacado, ya que fue realizado a uno de los hombres de negocios con mayor éxito, aún hoy un grupo económico en ascenso a través de su hijo. Por esta razón el lector contemporáneo no encontrará referencias o pensamientos de la economía ni las finanzas, sino de deporte, una faceta que familiares, allegados, amigos y otros curiosos lectores de su libro de memorias han disfrutado.

No deja de sorprender que, a pesar de los 72 años desde su publicación, se cuente una anécdota de Luis y su padre, Enrique Epaminondas, fundador de la metalúrgica que hoy es IMPSA. A principios de 1900 venía desde Turín y por cierto inexorable destino sentó sus reales en este oeste, tan al sur. Se reproduce, de este modo, el reportaje, con el propósito de conocer e indagar el momento de un hombre clave. La reflexión, así como el recuerdo, podrían formar parte de este homenaje no previsto en todo caso.

Es que, al fin, estamos hechos de pioneros, visionarios y audaces. Y Luis Menotti Pescarmona aún sigue siendo uno de los paradigmas, nuestra propia historia, a la altura de una construcción que se extraña; aquellos emprendedores, los que pensaban que el desierto era todo suyo, mas que espejismo, la ilusión, el desafío.
 


“La Libertad Deportiva”

Mendoza. 7 de julio, 1935


Corría el año 1924. Un pibe de 9 años se dirigía entre cohibido y asustado, al lago del Parque General San Martín, sede del Club Mendoza de Regatas.

Llevaba entre sus manos un traje de baño, el que debía soportar el “caractercito” del pebete que lo estrujaba y revolvía con nerviosidad mal contenida.

Llegado al club se puso el traje y se dirigido a bañarse, o mejor dicho, a aprender a nadar porque era la primera vez que se lanzaba en la aventura.

No sabemos qué pasó, si al darse cuenta de la extensión del lago, o al percatarse de su profundidad, sintió acrecentado el susto, lo cierto es que sin mirar por segunda vez el agua, se quitó el trajecito de marras, y volvió a vestirse. Volvió a hacer de la malla un envoltorio y esquivando a todos tomó rumbo a su casa. De pronto pasó algo insólito. El pibe primero mira a un lado y otro, luego se para a la vera de la acequia y estruja cada vez más el traje de baño, lo sumerge en el agua. Después, con cara satisfecha, prosigue su camino. Llegado a su casa, el padre lo interroga:

- Luisito, ¿nadaste bastante como te dije?

Y el pibe responde:

- ¡Pero claro, papá!

- ¡A ver! Muéstrame el traje de baño!

Con aire triunfador, pensando quizás en el “grupo” que le iba a meter al padre, el pibe desenvuelve la malla semi-mojada y se lo da.

Entonces sí que ardió Troya.

Y así fue como Luis Pescarmona se inició en el deporte acuático, que con el tiempo había de polarizar sus actividades.

Pero había de pasar un tiempo antes que abandonase su temor al agua, y le fuese tomando cariño. Fue en el año 1930 cuando adquirió su triunfo más alentador batiendo el record de 100 metros estilo pecho, estilo que desde ese entonces hizo su especialidad.

Desde aquella fecha también empezó a destacarse como una revelación, mereciendo los comentarios más elogiosos de la prensa mendocina, que lo sindicaba como una promesa de la natación.

En conjunción con los hermanos Pagano, y Franceschini, Iparraguire y los hermanos Palud, formaron una pléyade de entusiastas cultores, de positivos méritos del deporte náutico. Bidart fue el alma propulsora de sus entusiasmos.

En 1930 obtiene el campeonato en la rama de cadetes novicios, y en los años sucesivos no deja de salir primero, ya sea en la categoría novicios o en las de júniors.

Al mismo tiempo que la natación y el remo practicó el water polo, deporte que atrae gran parte de sus simpatías.

En 1933 integró la delegación del Club Mendoza de Regatas, que fue a San Juan para cotejar supremacías con el combinado del Zonda Water Polo Sporting, al que derrotaron pese a haber sufrido toda una odisea en el camino a la vecina provincia.

En esta ocasión, Pescarmona y Mario Díaz hicieron exhibiciones en el Parque Rivadavia, que agradaron sobremanera a los críticos y aficionados sanjuaninos.

Esta es, a grandes trazos, la vida deportiva del popular nadador del Parque, que goza merecidas simpatías, no sólo entre sus compañeros de actividades, sino entre toda la afición mendocina.

Deseosos de conocer los puntos de vista de Pescarmona sobre la marcha de la institución a que pertenece y de sus aspiraciones le abordamos en su casa.

- ¿Cuál es a su parecer el nadador más completo del momento?

- Enrique Puig Díaz, sin lugar a dudas. Aunque como estilista es mejor Roberto Testoni.

- ¿Y el mejor remero?

- Héctor Perone, que desde hace más de quince años brega en el más completo de los deportes. No quiero con ello quitar méritos a Cabrera o Marlangeon, que son los tres más altos exponentes del Club Mendoza de Regatas.

- ¿Y el mejor profesor?

- Lafontaine nos hizo superar. Fue muy amigo de sus alumnos, a los que enseñó todo lo que supo. A Bidart debo yo lo que he aprendido. El nuevo profesor que tenemos viene precedido por muy buenas referencias, las que está certificando en las pocas clases de remo que lleva dadas.

- ¿Momentos de emoción en su vida deportiva?

- Cuando mi padre descubrió mi “picardía”. Y cuando batí el primer récord.

- ¿Aspiraciones?

- Batir el record de Quevedo que detenta con 1 minuto 27 segundos y 3/5 en los 100 metros.

- ¿Proyectos?

- Iré a pasear a Rosario. Si bato el record de Quevedo probaré fortuna en esa ciudad.

- ¿Después?

- ¿Después? Ya se verá.

- ¿Una anécdota?

- En el año 1933 integré una delegación del Club, que iba con el objeto de medir fuerzas en básquet y water polo con instituciones de la vecina provincia de San Juan. Salimos de Mendoza a las 16 horas de un día sábado con el fin de pernoctar en San Juan, para estar así descansados para los encuentros. De repente se desencadenó una lluvia torrencial de padre y señor mío, que dejó a la miseria el camino interprovincial. Cuando menos lo pensábamos los cuatro automóviles en que iba la delegación se empantanaron. Inútiles fueron todos nuestros esfuerzos para sacarlos de esta posición nada airosa. Cansados de trabajar sin resultados positivos, abandonamos la tarea y encendimos una hoguera alrededor de la cual nos sentamos. Alguien dio la idea de tomar mate. Pronto  salió a relucir los implementos de la típica bebida argentina. Pero faltaba lo principal: agua. Entonces yo recordé que en un tarro de alcohol había echado agua para cuando necesitara el radiador. La traje y la pusimos a hervir. Pero lo que no manifesté a mis compañeros era que yo había echado el agua encima de un poco de alcohol que había en el tarro. Tan grande era el deseo de tomar mate. Le tocó por mayoría de edad a una señora que iba con la delegación.

Ante mi estupefacción miré a la señora que paladeó con gusto los primeros sorbos para decir:

- ¡Caramba! ¡Qué rico mate con anisado!

H. E. P.