ver más

Un mendocino enamoró a una turista y quiso abusar de ella

Una joven estadounidense denuncio que un mendocino quiso violarla a la salida de un boliche.

Sólo dos días en Mendoza para que Caty, una estudiante estadounidense de 25 años, recuerde este viaje como una de las experiencias más tristes de su vida. La joven por momentos llora, tirita y grita al recordar la situación de violencia sexual a la que quedó expuesta cuando le dijo a un chico mendocino, que había conocido en un boliche, que no estaba dispuesta a tener relaciones en la primera noche juntos.

Hasta hace un rato, la chica estuvo radicando la denuncia en la Oficina Fiscal 1. Y pidió por favor ser examinada por un médico ginecólogo, porque en medio del shock emocional aseguró no estar conciente de si la violaron o no.

Según su relato, la historia arrancó ayer por la noche. Se juntó con otros amigos casuales que están hospedados en el hostel Break Point y decidieron ir a bailar a la disco Picasso, ubicada en la calle San Martín de Ciudad. Caty se separó del grupo con el que había llegado, caminó la pista, tomó algunos tragos y decidió ir para adelante con una de las ideas que tenía cuando eligió este punto en el mundo como destino turístico: conocer gente del lugar.

Así fue que cada palabra en inglés de ella fue respondida en castellano por un chico mendocino que la dejó impactada desde un primer momento. Bailaron algunos temas, conversaron un buen rato y decidieron irse juntos del boliche.

En las inmediaciones de Virgen del Carmen y 9 de Julio, cerca de la Municipalidad de Capital, el joven local decidió sacar sus dotes seductores. Dijo algunas palabras al oído que entusiasmaron a su compañera extranjera y en cuestión de segundos comenzaron a besarse.

Al calor de la noche se sumó el calor corporal. A los besos se sumaron algunas caricias que con cada movimiento se volvían un tanto más insinuantes. Al hombre no le hizo falta ser un experto en inglés para entender que Caty sólo estaba dispuesta a llegar hasta ahí. “Stop”, le dijo, pero el chico no escuchó o no quiso escuchar. Le volvió a pedir que parara y que no arruinara el comienzo de una buena relación. Pero el sujeto, fuera de sí, decidió darle una trompada.

La chica cayó al suelo y se sintió aturdida por la situación. El joven que hasta hacía un momento parecía el amor de su vida se había convertido en una persona violenta e irreconocible, dentro de lo poco que pudo conocerlo esa noche.

Caty intentó zafar de la situación y de una patada golpeó fuertemente a su agresor en la zona genital. La respuesta del atacante no se hizo esperar y volvió a noquear a la estadounidense, que a esa altura estaba por quedar afónica por los gritos de una ayuda que parecía no llegar nunca. Luego le rompió el vestido y la dejó casi desnuda.

Unas personas que pasaban por allí vieron la desesperación de la chica e intentaron socorrerla. Ella no quiso saber nada y continuó gritando hasta que, alertada por esa gente, llegó un patrullero.

La joven fue derivada al Hospital Central, donde le hicieron algunas curaciones e intentaron tranquilizarla. Sólo permitió que policías uniformados o médicos con guardapolvos se acercaran. Lo mismo ocurrió cuando la llevaron a la Oficina Fiscal apra hacer la denuncia, ya que le dijo a sus amigas que solamente se subiría a un patrullero porque no confiaban en nadie. El sospechoso del abuso estaría identificado y podría ser detenido en las próximas horas.

Su declaración se hizo interminable. Cada parte del relato era un recuerdo que la hacía quebrar y volver a los gritos. Mientras, una amiga, en inglés, intentaba hacer callar a un arrebatador encerrado en un calabozo y que ponía nerviosa la víctima. Por eso le permitieron quedarse en un pequeño despacho durante algunos minutos y calmarse.