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Por primera vez, la nieta mendocina recuperada festejará su verdadero cumpleaños
Durante 29 años, Celina Manrique creyó que su fecha de nacimiento fue el 25 de marzo de 1977. Sin embargo, este año se enteró que en realidad, nació el 8 de noviembre de 1976. Fue luego de recuperar su verdadera identidad, y darse cuenta de que sus padres fueron dos de los 2 de los cerca de 200 desaparecidos mendocinos.
Durante 29 años, Silvina Guiraldez, festejó su cumpleaños el 25 de marzo. Pero doce días antes de esa fecha, se enteró que su fecha de nacimiento era otra: exactamente el 8 de noviembre de 1976.
Supo, además, que su papá y su mamá biológicos no la anotaron con ese nombre, sino con el de Rebeca Celina Manrique Terrera.
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Por eso, dentro de dos días, Rebeca Celina podrá festejar con la verdad, por primera vez en su vida, su cumpleaños.
Es que la única hija de desaparecidos recuperada en Mendoza – aún quedan cuatro casos por resolver - fue secuestrada el 24 de julio de 1977.
El grupo de tareas que se la llevó, fue también el responsable de la desaparición de sus padres, Alfredo Mario Manrique (23) –estudiante de Ciencias Económicas y oriundo de San Juan - y Laura Noemí Terrera - (21) maestra en una escuela de Luján de Cuyo.
La pareja junto a la pequeña Celina de apenas 8 meses, fue interceptada en la zona de la Terminal de ómnibus de Mendoza, y luego nada se supo de los tres. Nada, hasta el pasado marzo.
Un acercamiento difícil
Este medio pudo comunicarse con su prima Belén, hija de la hermana de Laura, María Mercedes Terrera.
Belén contó a MDZ que a pesar de no tener un contacto demasiado fluido con la chica, sólo han podido verla dos veces desde que supo de su verdadera identidad, reconoce su esfuerzo por intentar el acercamiento con ellos.
“Sabemos que no le está siendo fácil, y la entendemos. De a poco nos va a ir aceptando, de eso estamos seguros”, manifestó la joven.
En el momento de darse a conocer el hallazgo de la identidad de la chica, se difundieron datos acerca de su familia de crianza que Celina no soportó. Por esto, jamás quiso mantener contacto directo con la prensa, y sólo se comunicó a través de una carta, que publicaron algunos medios locales.
En esta, Celina decía que se encontraba profundamente agradecida con la familia que la había adoptado, sobre todo con su madre, Isabel Sánchez, a la que deslindó de toda responsabilidad por el destino de su vida. En tanto, no se refirió a su padre adoptivo, quien falleció diez años atrás.
Hasta ver sus fotos en las marchas por los desaparecidos, Celina no sospechaba que ella era la misma nena de ocho meses que los hermanos de su madre, Raúl y María Mercedes, buscaban sin consuelo desde el día de su desaparición.
Tampoco se imaginó nunca que unas pocas cuadras la separaban de su familia biológica, ya que mientras ella vivía junto a su familia de crianza el barrio Trapiche de Godoy Cruz, los tíos y abuela biológicos residían en el mismo departamento.
Aunque para Celina, este rompecabezas es todavía difícil de terminar de armar. Y es por eso que desde la familia Terrera, la única manera de demostrarle el amor con la que la esperaron, es dándole el tiempo para que termine de aceptarlos.
La pareja junto a la pequeña Celina de apenas 8 meses, fue interceptada en la zona de la Terminal de ómnibus de Mendoza, y luego nada se supo de los tres. Nada, hasta el pasado marzo.
Un acercamiento difícil
Este medio pudo comunicarse con su prima Belén, hija de la hermana de Laura, María Mercedes Terrera.
Belén contó a MDZ que a pesar de no tener un contacto demasiado fluido con la chica, sólo han podido verla dos veces desde que supo de su verdadera identidad, reconoce su esfuerzo por intentar el acercamiento con ellos.
“Sabemos que no le está siendo fácil, y la entendemos. De a poco nos va a ir aceptando, de eso estamos seguros”, manifestó la joven.
En el momento de darse a conocer el hallazgo de la identidad de la chica, se difundieron datos acerca de su familia de crianza que Celina no soportó. Por esto, jamás quiso mantener contacto directo con la prensa, y sólo se comunicó a través de una carta, que publicaron algunos medios locales.
En esta, Celina decía que se encontraba profundamente agradecida con la familia que la había adoptado, sobre todo con su madre, Isabel Sánchez, a la que deslindó de toda responsabilidad por el destino de su vida. En tanto, no se refirió a su padre adoptivo, quien falleció diez años atrás.
Hasta ver sus fotos en las marchas por los desaparecidos, Celina no sospechaba que ella era la misma nena de ocho meses que los hermanos de su madre, Raúl y María Mercedes, buscaban sin consuelo desde el día de su desaparición.
Tampoco se imaginó nunca que unas pocas cuadras la separaban de su familia biológica, ya que mientras ella vivía junto a su familia de crianza el barrio Trapiche de Godoy Cruz, los tíos y abuela biológicos residían en el mismo departamento.
Aunque para Celina, este rompecabezas es todavía difícil de terminar de armar. Y es por eso que desde la familia Terrera, la única manera de demostrarle el amor con la que la esperaron, es dándole el tiempo para que termine de aceptarlos.