"Quieren que lo entregue a mi papá con un moño, pero no lo voy a hacer"
“No, perdón, no quiero hablar. Estoy con mi nena y no me gustaría involucrarla”. Marina Flamarique rechaza la entrevista con amabilidad. Contra el pronóstico de varios, que suponían que no iba a esperar el tiempo hasta que la condena en su contra quedara firme e iba a fugarse, la hija de Leandro Flamarique continúa viviendo en la misma casa que alquila con su pareja en Fue el lugar que eligió para rehacer su vida luego de un frustrado primer matrimonio.
No es un elemento de color identificar su parentesco con quien era titular del desaparecido banco Multicrédito. Esa relación la marcó, especialmente, desde que tiene 9 años, cuando sus padres se divorciaron. Ayer, a los 33, tuvo que escuchar cómo una Cámara del Crimen la penaba a cuatro años y medio de prisión, sentencia que no se hizo efectivo por el momento porque no se terminaron de cumplir los pasos procesales.
Desde chica, Marina cargó con el karma de su apellido. Pertenecer a esa rama de la familia Flamarique significó que tanto ella como sus hermanos tuvieran que soportar las acusaciones que provenían, primero, de sus compañeros de secundaria; más tarde, en la facultad. Cuando no era por Leandro, era por su tío, Alberto, ex ministro de Trabajo del gobierno de Fernando De ; los dos involucrados siempre en manejos de dinero que nunca fueron claros.
“Los años en que mi papá estuvo prófugo fueron terribles, porque todos se la tomaban con nosotros”, suele decir cuando se refiere a la época en que estudiaba Comercialización.
Aún así, para ella, su padre siempre será su padre. Y jura que por nada del mundo lo va a traicionar, más allá de saber que ese sentimiento no es recíproco y que la abandonó y que prefirió salvarse en vez de priorizar a su hija. “Quieren que lo entregue con un moño, pero no lo voy a hacer. Es mi papá y el abuelo de mi hija, por más que nunca la vea”, respondió cuando gente de su entorno le sugirió que lo acusara.
Marina Flamarique podría haber recibido una sentencia menor. Quizá, si decidía mantenerse en silencio hasta el final del juicio, para los camaristas se hubiese tratado de una misión un tanto más complicada. Pero habló. Dice que lo hizo para sentirse tranquila con ella misma, y así se autoincriminó como responsable de varias de las causas que aparecían en su contra. Aseguró que no era la dueña ni la presidenta de Experta Bursátil, “pero yo era quien atendía a la gente y la que ponía la cara con los clientes” que confiaban en esa empresa para que maneje el dinero que finalmente perdieron.
Experta Bursátil fue el ejemplo de la llamada “bicicleta financiera”. En ese lugar se operaba con acciones de bolsa y se hacía un culto de las especulaciones. Sin embargo, las cuentas no cerraron para quien apostaron a ese juego.
La hija de Leandro fue la única que pagó por eso. Nada se sabe del directorio que conformaba la compañía y mucho menos se sabe de su padre. Hay quienes aseguraron que él manejaba los hilos de Experta, pero su nombre no aparece en ningún documento, y por más que se busque, nunca se podrá hallar alguna prueba. La única que podría hacerlo era Marina. Es más: está convencida de que la gente jamás buscó su cabeza, sino que esperaba que, bajo presión, entregara a su padre. Su trabajo consistía, como figura en varios expedientes, en hacer asesoramientos y entregar resúmenes de cuenta donde figuraba el capital invertido y las ganancias obtenidas por cada operación.
Actualmente, Marina Flamarique trabaja en un local de venta de ropa y está de licencia porque la operaron hace poco de una hernia de disco.