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Mendoza, sin preparación para terremotos

El titular de Defensa Civil calificó con un 4 a los mendocinos respecto de su preparación para un sismo fuerte. Pocos simulacros.
En ocho años sólo se hicieron dos simulacros de sismo en la provincia.
En ocho años sólo se hicieron dos simulacros de sismo en la provincia.
“El problema está latente. Vivimos en un flan y si se nos mueve mucho, nos caemos todos”. La contundente declaración pertenece Domingo Mateo, titular de la Defensa Civil provincial, en relación a lo que sucedería si en algún momento Mendoza sufriera un terremoto de consideraciones, muy similar o mayor al que sufrió el Norte de Chile.

En tanto, la consideración del especialista -que lleva más de 30 años en la institución- grafica la endeble situación que presenta la provincia, potenciada por los escasos simulacros que se han realizado en los últimos años.

“Si tuviéramos que calificar a los mendocinos del 1 al 10, respecto a si están preparados para un movimiento telúrico de unos 8 grados en la escala Richter, debería decir que tienen un cuatro”, alertó Mateo. Quien además recordó que, fuera de los dos simulacros que se realizaron en 2006 y el que se practicó en 2007, “hacían ocho años que no se hacía algo local”, añadió.

“Cuando yo me hice cargo de la Dirección en noviembre de 2005, me propuse retomar los simulacros, porque mientras más practiquemos, más aprendizaje queda”, dijo.

Asimismo, destacó que con “un buen plan de simulacros”, se podrían disminuir las pérdidas ganando tiempo. “Por ejemplo, se demostró que en siete minutos y medio, se pueden desalojar de la Casa de Gobierno a unas 3.800 personas”, insistió.

Si bien Mateo aclaró que para tener certeza de las repercusiones que tendría un terremoto de siete grados, escala Richter, “o mayor”, habría que tener en cuenta diversas variables, como la localización del epicentro o la cadencia del movimiento –hacia arriba o hacia los costados-. Y admitió que si estuviera originado a unos 20 kilometros de profundidad, “sería un desastre”.

En ese sentido, reveló que cada intendente mendocino posee un estudio realizado por Defensa Civil y que ofrece una lectura de las pérdidas que tendría cada comuna de experimentarse un terremoto.

“El estudio cuantificado data del año pasado. A través de él, cada intendente posee las probabilidades de ocurrencia y las hipótesis de una potencial emergencia”, aclaró.

En el plano de las especulaciones, aunque con un análisis científico, el técnico vaticinó que con un terremoto de unos ocho grados –siempre escala Richter- la provisión de agua local tendría una caída de un 50%. De la misma forma, la red vial quedaría afectada en un 60% y los canales de riego sufrirían roturas cercanas a un 80%.

“De acuerdo a la magnitud del sismo, la provisión de energía eléctrica caería también casi un 80%”, calculó.

Además, reflexionó sobre los días que tardarían en reponerse esos mismos servicios: “Unos 15 días la luz, unos 10 días el agua potable, unos 10 días los hospitales y cerca de un mes las escuelas”.

“El problema es que por otra parte nosotros no podemos afirmar a partir de qué grado hay o no hay daños. Puede ser de grado cinco y el epicentro puede estar a 20 kilómetros debajo de la tierra y eso puede ser demoledor”, explicó, aludiendo que el terremoto del Norte de Chile se originó a unos 50 kilómetros de profundidad.

Mateo acotó que el problema, científicamente, se analiza en función en la cantidad de carga de energía que libera el epicentro. “Tiene que ver la profundidad indudablemente, pero no existe en el mundo un aparato que mida la cantidad de energía que por segundo produce un sismo”, dijo.

Lo que sí se ha medido, es que en el planeta se producen por día entre 2.500 y 5.800 temblores. “En algunos lugares la liberación de energía corresponde a un temblor de dos grados y en otros, como en Tocopilla –Chile- es de más de siete grados”, analizó.

En Sudamérica, uno de los simulacros de terremoto que se han realizado ha sido el de Antofagasta, Chile.