1 de mayo: la emotiva historia detrás de un cumpleaños fijado por amor
Adoptado a los seis días, Víctor descubrió años después por qué su madre eligió el 1 de mayo para celebrar su cumpleaños. Una gran historia que aun le falta un capitulo.
Desde muy chico tuve una relación especial con mi cumpleaños.
VBDesde muy chico tuve una relación especial con mi cumpleaños. Nacer un 1 de mayo tenía algo mágico: no había clases, los adultos tampoco trabajaban y mi vieja aprovechaba el feriado para armar esas reuniones familiares que todavía guardo en la memoria. La casa grande de mi infancia se llenaba de tíos, primos y amigos del barrio en Morón.
Entre partidos de fútbol en la calle, corridas interminables y mesas repletas de comida, aparecían también los regalos, que, para ser sincero, casi siempre me dejaban contento.
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Una fecha marcada por todos
Cumplir años en un feriado tiene sus privilegios. Nadie podía poner demasiadas excusas para faltar y la jornada siempre terminaba convertida en almuerzo, merienda o encuentro familiar. Con el tiempo, el 1 de mayo dejó de ser solo el Día del Trabajador para muchos de los míos: también era el cumpleaños de Víctor, el hijo de Leonor. Incluso hoy, después de tantos años, la costumbre sigue intacta. Apenas llega la segunda mitad de abril, empiezan los mensajes de siempre: “¿Qué vas a hacer para tu cumple?”. Y la verdad es que me sigue dando alegría abrir la casa, compartir la mesa y celebrar con la gente que quiero.
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Las bromas de siempre
También aprendí a convivir con los chistes clásicos de la fecha. Más de una vez escuché aquello de “hiciste trabajar a la partera en feriado” o “viniste al mundo justo para complicarle el descanso a todos”. Nunca me molestaron esas cargadas. Al contrario, formaron parte del ritual de cada cumpleaños. Lo que jamás imaginé, ni siquiera por un instante, era que detrás de aquel 1 de mayo de 1968 había una historia mucho más profunda que una simple fecha de nacimiento.
Una verdad que llegó demasiado pronto
La vida me obligó a crecer antes de tiempo. A los 15 años perdí a mi papá y a mi mamá, y apenas un año después recibí una confesión que me sacudió por completo: Leonor y Juan Antonio no eran mis padres biológicos, sino mis padres del corazón. Me habían adoptado cuando tenía apenas seis días de vida. La noticia fue fuerte, pero nunca la viví como una traición. Siempre sentí que, si no me lo contaron antes, fue por miedo. Tal vez temían que saliera a buscar respuestas, que quisiera encontrar mi origen o que algo cambiara entre nosotros. Con los años fui reconstruyendo parte de esa historia, aunque todavía queda una pregunta enorme: quién fue mi madre biológica, esa adolescente de 15 años que me llevó en su vientre y tuvo el coraje de seguir adelante.
El cumpleaños que eligió mi vieja
Mi historia con el 1 de mayo empezó cuando llegué a la familia Balseiro. Mi vieja llamó al médico de confianza para que me revisara y confirmara que estaba bien, o “chequeado”, como diríamos los periodistas. Más adelante, cuando llegó el momento de anotarme en el DNI, le preguntaron cómo me iba a llamar. Ella respondió con orgullo: “Víctor, como su abuelo”. Después vino la consulta clave: “¿Fecha de nacimiento?”. Y ahí apareció su sello definitivo: “Anótelo el 1 de mayo. Le aseguro que nadie se va a olvidar de su cumpleaños”. Hoy cumplo 58 años y puedo decir que tuvo razón. Desde que tengo memoria, nadie se olvida.
Por eso siento que mi cumpleaños no quedó escrito por casualidad, sino por decisión de mi vieja. Y todavía, cada tanto, me pregunto: ¿de qué planeta viniste?





