Todas las pics socialeras: "Y un día Nico se fue" pasó por Mendoza
Con la sala mayor de la Nave Cultural completamente llena, y una ovación impresionante pasó la única función de "Y un día Nico se fue" en Mendoza.
Tomás Fonzi, Marco Antonio Caponi, un elenco soberbio de actores y cantantes y el autor del relato, Osvaldo Bazán, fueron aplaudidos a rabiar por un público menduco que, lejos de ser serio y poco demostrativo como habitualmente es; vibró, se emocionó, rió a carcajadas y hasta reflexionó en una noche de sábado que muchos guardarán en sus retinas y sus oídos.
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"Y un día Nico se fue" no es una historia gay. No es una historia "de ghetto". De una minoría, que según varios, "ahora está de moda".
Si, es la historia de una pareja trunca, formada por dos hombres, pero lo cierto es que habla de algo bastante común: el amor. Y muestra tanto lo bueno como lo malo de vivirlo, de pasarlo, de sentirlo. Es una historia que empieza contando el despertar de un chico gay, la "salida del clóset", pero que de golpe se transforma en esa experiencia por la que todos pasamos alguna vez.
El musical está basado en el libro de Osvaldo Bazán, publicado en 1999 -y autobiográfico-, que cuenta una historia de amor entre dos hombres. Se trata de un espectáculo pícaro, divertido, ultrapop, mega pegadizo, pero que presenta preguntas y enrostra situaciones que hacen que todos se identifiquen, porque habla de esa experiencia básica que vivimos por el simple hecho de ser humanos: enamorarnos, y ser dejados.
El ritmo arrollador y, otra vez hay que decirlo, el elenco sólido y súper virtuoso, se transforman en las claves fundamentales para quedar prendados desde el primer minuto. La música te hace dar ganas de bailar, de saltar de la silla, de lamentarte porque no te sabés la letra: es extremadamente comercial, popera, pegadiza, y está compuesta por Ale Sergi, de Miranda!. La dirección es una garantía: el genio absoluto de Ricky Pashkus, una eminencia en cuanto a musical argentino se refiere.
Como se ha hablado muchísimo de los protagonistas, Fonzi y Caponi -dos correctos debutantes en la comedia musical-, yo quiero detenerme en el reparto, que verdaderamente adoré: Ángel Hernández es sublime. Puedo destacar varios pasajes de la obra, pero elijo su mini tributo a los musicales más famosos de la historia: una exquisitez.
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Silvana Tomé, con el personaje de la mejor amiga de Osvaldo -a quien interpreta Marco Antonio Caponi- hace un papel que, verdaderamente, es para aplaudir de pie. Una voz potente, una presencia escénica increíble, y una comicidad que varias actrices consagradas deberían envidiar. Es una estrella, y espero verla más segudio en las tablas -y por que no, en la tele y el cine-. Federico Salles es otro baluarte: el tipo está hecho para el musical.
Estaba sentado con varios periodistas: a algunos, como a mí, la obra nos encantó. Otros se horrorizaban, diciendo: "es un cliché", "es un cúmulo de lugares comunes"... Y a mi me daban ganas de gritarles: ¡Chicos, es un musical! ¡Una comedia! En los musicales se canta. Es un género en el que no hay textos abultados, ni desarrollos elaborados con detenimiento y tremenda profundidad. Estos tipos son como los que van a ver una película de Indiana Jones y se enojan en el cine porque dicen: "Ah, pero malísimo, se salva siempre, le pasa la piedra siempre a medio milímetro..." ¡Y si flaco! ¡Es Indiana Jones! ¿Qué querés? ¿Que se muera?
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Además... ¿Cómo no va a ser un cliché el amor? Justamente el enganche de la obra tiene que ver con que se trata de una situación por la cual casi todo el mundo ha pasado.
Es destacable la buena iluminación, el correcto vestuario y los dinámicos cambios de ropa, y la banda en vivo -un golazo-.
Pero finalmente, la maravilla de esta obra se produce porque transforma el miedo, la confusión y el dolor, en humor. Aquí radica, a mi modo de ver, el éxito de la propuesta. Osvaldo Bazán, primero en su libro y ahora en esta obra reafirma ese dicho que asegura que lo único que salva de las peores tragedias es el humor.
Frente a los prejuicios o a las condenas sociales, cantar canciones pop vestidos con brillantina, lentejuelas, remeras ajustadas o en cuero. Reirse y parodiar hasta el absurdo al tener que contar el momento más duro: la confesión de una elección sexual "diferente" a un padre, una madre, un hermano. Como magos o exorcistas, quitar con una enérgica canción toda la maldad, todo el agravio, toda la carga violenta a tantas palabras y construcciones soeces que día a día, todavía debe soportar un homosexual como si fueran escupidas, o piñas, para ser insultado: sodomita, trabuco, mariquita, torta, tortillera, maraca, marica, travesaño, mina con manija, maricón, bigotona, mariposón, mariposa, marimacho, ¡Uy!¡Patea para el otro lado!, marchatrás, raro, chicas con pito, chicos con pollera, camionera, trolebusera, trolebú, rarito, traviata, traviesa, trolito, trolín, carolo, tijereta, bala, invertido, tragasable, y muchas más se dicen, se gritan, se cantan, se bailan, dan risa y por eso, se vacían de odio.
Y solo por eso, hay que ir a ver "Y un día Nico se fue".