Una muestra homenaje para un mendocino espectacular
Con una muestra homenaje a Orlando Pardo, uno de los pintores locales más reconocidos, la Bolsa de Comercio de Mendoza cerró su ciclo de arte 2014.
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En el evento estuvo presente Chela Pardo, su viuda, y decenas de amigos y amantes del arte que se deleitaron con sus creaciones.
"Orlando Pardo era un intuitivo. Por eso no buscaba. Más bien, se dejaba encontrar por la forma. La identidad de su prolífica obra está dada por una pintura gozosa, que trasunta cierta felicidad y se hermana con la poesía lírica", comenzó diciendo Andrés Cáceres, curador de la muestra, a la hora de presentarla.
"Su afán político -es decir, que lo suyo sea útil y tenga destino social, difusión masiva- lo llevó, muchas veces, a intentar el mural. A pintar sobre la montaña. A mostrar bocetos para espacios amplios", siguió el estudioso del arte.
"Del constructivismo al manchismo. De la restauración clásica al automatismo y desde la ceñida línea del retrato al puro hedonismo cromático, se expresó con una facilidad característica y asombrosa. Esa resolución rápida y hábil fue una técnica que estuvo consustanciada con él. Que aparece siempre en la obra y contagia la profunda alegría que la informa", finalizó Cáceres.
Sobre el artista
Pardo nació el 2 de noviembre de 1930 en Luján de Cuyo, aunque luego, a los cinco años, su familia se trasladó a Tupungato.
Sus primeras experiencias en el arte de la pintura fueron estimuladas por su padrino -aviador y pintor aficionado-, quien le obsequió pinceles, colores y cartones para sus salidas al campo. Tal vez por eso, a los 11 años, Orlando ansiaba ser piloto de aviones y deseaba viajar a Córdoba para cumplir con ese deseo. Afortunadamente para el arte mendocino, no fue así, dice el homenaje que realizó el diario Correveidile.
“No sabía que eso se podía estudiar”, cuenta el Maestro Pardo en nuestra entrevista y reconoce a Roberto Azzoni y Sergio Sergi como importantes maestros en su formación artística.
Su primera muestra fue como alumno destacado en la Casa de Mendoza, en Buenos Aires, junto a importantes artistas: Sergio Sergi, Raúl Domínguez, Ramón Gómez Cornet y Francisco Correas.
En 1949, Pardo viaja a Tucumán junto a su amigo Carlos Alonso con la esperanza de convertirse en discípulo del gran Lino Eneas Spilimbergo. En el Jardín de la República, Pardo estudió con artistas de la talla de Lajos Szalay, Pompeyo Audivert, Gómez Cornet, Eugenio Hirsch y otros.
En abril de 1953, viaja a Chile para asistir al Congreso Continental de la Cultura. Allí conoció a Diego Rivera, Pablo De Rokha y al gran Pablo Neruda. Rivera presentó en dicha oportunidad documentales sobre muralismo, lo que impactó profundamente en Pardo.Pero el premio mayor le llegaría el 8 de mayo de 1954, día que se casa con Chela Arce, quien lo acompaña y contiene hasta hoy.
Luego de obtener el primer premio en el salón de Cuyo de 1963, decidió radicarse en la ciudad de Buenos Aires. A partir de ese momento, Chela se convierte en su marchand.
En 1973 regresa a Mendoza y se radica en Chacras de Coria. Así recorrió Chile, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia.
En Bogotá, Pardo manifestó: “Me interesa todo: la figura humana, la abstracción, los bocetos, el retrato. El problema de la pintura, como el de todo arte auténtico, es un encuentro con el hombre que llevamos adentro. Yo camino y quiero caminar hacia ello, hacia mi propia imagen y perfil. Cuando camino por América, miro tras de mí, voy en busca de mis ojos, de mi voz, voy en busca de mí”.
Hasta Nueva York llegó para mostrar su arte y enseñar pintura. En nuestra provincia son varias las obras que nos obsequia el Maestro. El mural en el Círculo de Periodistas de Mendoza, que representa a un canillita voceando el diario (1961), el de Cacheuta (1981) y el del edificio del actual Ministerio de Turismo de Mendoza, instalado en noviembre de 2010, año en que Pardo cumplió los 80 y que representa los puntos cardinales de nuestra provincia, cada uno con sus características.


