Verbal y no verbal: cómo fue el desempeño de cada candidato

Verbal y no verbal: cómo fue el desempeño de cada candidato

La especialista Gabriela Azzoni analizó para <b>MDZ </b>el debate presidencial. ¿Qué dijeron con sus gestos? ¿Hubo ganadores?

La modalidad del debate rompe con los mensajes en forma de monólogos que vemos en las publicidades políticas o en los discursos de los actos de campaña. Es la única instancia en la que el telespectador - votante puede ver a todos los candidatos cara a cara discutiendo sobre los mismos temas y en una situación de presión.

El debate es una especie de test público al que se someten todos los candidatos que aspiran a ser elegidos por la ciudadanía. El elector evalúa las propuestas electorales y confronta, al mismo tiempo, las ideas, los perfiles y las imágenes de los candidatos.

A través de esta modalidad discursiva, los políticos revelan sus cualidades humanas, sus conocimientos, sus habilidades; pero, también, sus limitaciones e incompetencia para el cargo al cual aspiran. Por esta razón, los ciudadanos ejercen su espíritu crítico ante este “duelo” verbal y no verbal.

La comunicación no lingüística, es decir, el tono y el volumen de la voz, las pausas, los silencios; los gestos del rostro, de las manos o de otras partes del cuerpo; la apariencia, la postura y las actitudes tienen un papel más decisivo que las mismas palabras. Son un factor de éxito mayor que la elocuencia verbal porque transmiten información emocional como entusiasmo, abatimiento, nerviosismo, incomodidad, arrogancia, desprecio y valores como convicción, credibilidad y confianza.

El objetivo del debate es saber qué candidato resulta más creíble y confiable para ganarse el voto del ciudadano indeciso. Por eso es que se lo interpreta en términos de ganador y perdedor.

Quién gana

¿Quién gana? El candidato que menos errores comete y no siempre el más experimentado en argumentar. O aquel que logra dejar una frase célebre como la que le permitió a Giscard d`Estaign ganar 500.000 votos en el primer debate televisivo que se celebró en la historia de Francia. Fue un mensaje corto, indeformable, accesible más a la sensibilidad que a la razón e intensamente vivido.

Es necesario ser provocador para tener la iniciativa y para rematar el debate. Pero una cosa es ser combativo y contundente y otra muy distinta es caer en la ofensiva pura, agresiva y descalificante.

La oportunidad perdida

Alberto Fernández, a partir de los resultados de las PASO, tenía todo para ser el ganador de este debate. Pero eligió este último estilo, cuyo rasgo más sobresaliente fue el dedo acusador agitado en casi todas sus intervenciones. Este gesto fue complementado con un tono arrogante y con una actitud de estar como a disgusto puesto que no cree en el valor cívico de esta disputa.

Una estrategia positiva en el debate tiene consecuencias favorables sobre la credibilidad del político. Es decir, la defensa tiene un efecto más positivo que el ataque. En cambio, una estrategia negativa genera una directa valoración del político como el perdedor del debate. Una actitud hostil reduce las posibilidades de persuadir a una audiencia neutral.

Macri necesitaba un golpe de KO

Si uno de los candidatos es ya presidente, como es el caso de Macri, necesita ganar por KO el debate. Le llevó tiempo interpelar a su principal adversario y responder efectivamente los ataques. La buena defensa es una estrategia efectiva para restaurar la imagen. Tuvo algunas réplicas irónicas oportunas como la “narcocapacitación” que implementaría Kicillof en las escuelas de la provincia de Buenos Aires y la preocupación de Fernández por la corrupción. También recurrió a la réplica dura para el cierre. Sin embargo, no pudo asestar el golpe definitivo que colocara como ganador del debate.

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Las expectativas previas en torno a los candidatos, en función de sus performances anteriores, suelen ser tenidas en cuenta al momento de evaluar quién ganó el debate. Tanto las bajas como las altas expectativas pueden llevar a sorpresas.

Espert fue la sorpresa positiva. Estuvo cómodo y relajado y demostró aplomo y soltura. Se focalizó en su propuesta diferenciadora y, en algunos casos, desafiante; realizó posicionamientos ideológicos y atacó a las corporaciones que frenan el desarrollo de la Argentina. Además, supo aprovechar muy bien el cierre del debate.

Lavagna desilusionó. No dio imagen de presidente con su gesto adusto y el ceño fruncido; mucho tiempo con la vista baja leyendo y, por momentos, titubeante. No intervino como un estadista. Le faltó firmeza, convicción y energía.

En cambio, no hubo sorpresas con del Caño y con Gómez Centurión. El discurso del primero es conocido por sus repetidas postulaciones para diversos cargos. Y, en el caso del segundo, no se apartó de sus eslóganes de campaña.

La celebración de los debates contribuye a la calidad democrática de la sociedad argentina. La repercusión de este ejercicio cívico termina siendo más importante que la instancia misma y, hoy más que nunca, por el empleo que los ciudadanos hacen de las redes sociales. Muchas veces los usuarios encuentran un detalle que pasa inadvertido en el momento de la contienda y lo expanden, amplifican y viralizan constituyendo el “momento meme” de la erística virtual.

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