Un paso atrás: el récord de la década cornejista y una cláusula que esconde un conflicto
La desocupación en Mendoza crece, pero hay otros datos que marcan el deterioro productivo. La aceleración en Vaca Muerta y la tensión escondida entre la minería de PRC y la búsqueda de petróleo.
El convoy de motos teñidas de rojo “invade” las calles por las noches. Montadas en ellas van, sobre todo, jóvenes mendocinos que tienen en hacer repartos a domicilio una salida laboral. Pero hay que ser precisos: no es un sueño cumplido, es la posibilidad de trabajo que la realidad les ofrece Casi la única. Por eso la proyección inmediata es conseguir una moto de bajo costo, calzarse la campera y guiarse con la aplicación. “Socios”, dice eufemísticamente la principal aplicación. Trabajo precario dirían los abuelos de esos jóvenes.
La otra circunstancia que hasta hace poco era una anécdota y se transformó en habitual: profesionales, trabajadores estatales, empleados en relación de dependencia y hasta comerciantes que, a contraturno, se suben a un vehículo para convertirse en choferes. Vida de trabajo full time, de adaptación y donde la vocación queda de lado. Las aplicaciones, una vez más, son una salida rápida a la demanda insatisfecha de ingresos y empleo.
El equipo de Gobierno se ha acostumbrado a la hipérbole a través de las redes sociales, a exagerar cada hecho con comparaciones grandilocuentes, sobre todo en esa rara tendencia de estos tiempos: el turismo preelectoral que se volvió tendencia entre los funcionarios oficialistas. En algo tienen razón desde ese aceitado equipo de propaganda: Mendoza está un paso adelante en cuanto al impacto en la desocupación, la precariedad y el deterioro del empleo de calidad. Las razones pueden ser múltiples y las comparaciones odiosas. Pero los datos incomodan a Alfredo Cornejo y generan sufrimiento en la Provincia que le toca gobernar.
La desocupación en Mendoza fue del 8,1% en el segundo trimestre del año, el peor dato fuera de la etapa pre y pos pandemia. La permanencia en el poder permite algo inédito: comparar a un gobernador consigo mismo una década después. Pues en el caso de Alfredo Cornejo, en esa década la desocupación se duplicó. En 2016 era del 4,4.
Pero lo que más resalta es el contraste. En aquel momento Mendoza tenía la mitad de desocupación que el promedio nacional; hoy tiene más desempleados. A nivel nacional la desocupación subió con más gente trabajando, pues la tasa de empleo pasó de 44,5% a 45,0% y la de actividad de 48,1% a 48,9%. Ese dato indica que “hay más gente buscando trabajo y no todos lo consiguieron”. En Mendoza pasó lo contrario. La tasa de empleo cayó de 47,6% a 46,2% y la actividad también bajó.
Desempleo y trabajo precario: la "Involución" de Mendoza
El resultado de la ecuación es complejo. En Mendoza sube la desocupación aún con menos gente buscando trabajo. Esa realidad ocurre en otros distritos. Allí puede haber una señal. Otra de las provincias que tiene problemas serios de empleo es Córdoba, un distrito que, como Mendoza, tiene una actividad privada pujante, con matriz industrial y diversa. En esa provincia el desempleo llegó a las dos cifras: 10,%. Mendoza y Córdoba son las dos provincias que más apoyan y apoyaron a Javier Milei. Hoy son de las que más sufren. Rosario, otro aglomerado con matriz diversa, tiene desempleo récord.
Comparar Mendoza con los vecinos es complejo, pero el desacople regional es notable. Cuyo, como región, marca 5,9%, de desempleo pero San Juan está en 3,2% y San Luis en 2,6%. El dato que contrasta con la historia reciente es el de la tasa de empleo, pues por primera vez en la década Mendoza cayó respecto a San Juan.
Los problemas de empleo no se acotan a ese 8,1%, pues cada vez hay más personas que buscan un segundo trabajo o necesitan mejorar sus condiciones. La subocupación es del 17,0%, la más alta desde el 2023, y está 5,5 puntos sobre la media nacional. Los ocupados demandantes, es decir quienes buscan un segundo trabajo, es del 23,6%) están en el nivel más alto desde fines de 2022. Por eso el 44,4% de los mendocinos tiene problemas de empleo.
Los datos se condicen con los diagnósticos de especialistas, universidades y hasta organizaciones empresariales. Mendoza no crea empleo porque está deteriorada su capacidad de generar riqueza, valor. Es un gigante oxidado que, igualmente, está en proceso de reconstrucción. Los microdatos de cada sector tradicional lo marcan y lo saben operadores petroleros, turísticos y el comercio.
Objetivo Vaca Muerta y la cláusula "Potasio"
Uno de los ejes de la búsqueda de la reconstrucción productiva es la industria petrolera y el horizonte en la producción no convencional. Es una realidad con la que Mendoza, por suerte, se topará más allá de la falta de previsión que hubo hace más de una década atrás. Hay una voracidad inusual por avanzar sobre esa formación por las ventajas del RIGI, la inercia que generan las grandes compañías, el horizonte de rentabilidad y el sentido de oportunidad, pues hacia el futuro se cree que la transición energética devaluará esos activos. Por eso la mirada se extiende hacia el norte de la formación, donde está Mendoza.
En la semana se confirmó, como había adelantado MDZ, que las tres empresas que tienen activos con alto potencial no convencional adelantarán sus inversiones e incluso una de ellas, Tango, que no tenía obligación de ejecutar inversiones lo hará. Son las áreas CN-VII, Cañadón Amarillo y Payún. Las tres son vecinas y comparten mucho más que el territorio. La logística compartida ayudará a ese anticipo de inversiones, aunque también devela las carencias de infraestructura que la Mendoza de hoy puede reprocharle al pasado: no hay rutas, electricidad ni logística. Todo indica que la base de esos pozos será Rincón de los Sauces, pues la Ciudad de Malargüe les queda lejos y Pata Mora es poco más que un cartel y un pueblo que depende y espera mucho más de Neuquén que de Mendoza.
El Gobierno aceleró las gestiones políticas y administrativas para agilizar esas inversiones. Cornejo tuvo una impronta similar en su primera gestión, cuando autorizó la fractura hidráulica para que Petrolera El Trébol llegue a Vaca Muerta y luego hasta se redactó una reglamentación ambiental específica. El proyecto fracasó porque la roca madre no tenía el petróleo que se buscaba.
YPF perforará tres pozos más que se suman a los dos sobre los que ya había avanzado Pero serán exploraciones mucho más relevantes. La UTE Quintana-TSB, liderada por Carlos Gilardone y que tiene a la familia Urcera como socios, es la que tiene el plan más ambicioso, con más de 45 millones de dólares de inversión en Cañadón Amarillo.
Para promocionar la actividad el Gobierno envió una nueva ley de hidrocarburos. La propuesta está hecha casi a medida de algunas necesidades coyunturales para aprovechar “Vaca Muerta”. También para amenguar las diferencias comparativas con Neuquén y Río Negro y por eso se regula la posibilidad de bajar regalías al mínimo indispensable. Pero también le da a Cornejo herramientas legales que lo blinden ante algunas decisiones.
Tan a medida está hecha la norma que hay un artículo específico que se antepone a un punto de tensión y de posible litigio entre una de las empresas petroleras, Quintana-TSB, y Minera Aguilar, la empresa de José Luis Manzano que tiene a su cargo el demorado proyecto Potasio Río Colorado.
El plan de exploración que tiene Quintana para avanzar hacia Vaca Muerta incluye un área que está en la zona de exclusión del proyecto Potasio Río Colorado, de donde debería sacarse sales de potasio. Así, se genera una tensión por los recursos naturales del subsuelo que tiene pocos antecedentes. En el contrato firmado por Quintana se advertía sobre el tema, pues consideraban “fundamental el otorgamiento del permiso de operación en la zona de Exclusión de Potasio Rio Colorado” para que el proyecto sea rentable. Como expresión de deseo, en ese contrato se firmó un compromiso para que “ante la eventualidad que ambas actividades minera y petrolera se realicen sobre la misma propiedad superficial y en la medida que resulten incompatibles, la Provincia intercederá para reconducir ambos proyectos, aunar sinergias de los mismos y evitar perjuicios para ambas concesiones, minera y petrolera”.
Esa expresión de voluntad no alcanzó como herramienta legal. Más cuando los propietarios de Potasio Río Colorado tiene una enorme experiencia en reclamar, litigar y ganarle al Estado mendocino por diferencias en los contratos. Por eso en la nueva ley de hidrocarburos hay un artículo tan específico que llama la atención. Es el número 23, pero podría llamarse el “artículo Potasio”. “Cuando las áreas correspondientes a permisos de exploración o concesiones de explotación de hidrocarburos se superpongan total o parcialmente con derechos mineros concedidos o con solicitudes de derechos mineros en trámite, los titulares comprendidos deberán procurar la coordinación y compatibilización técnica, operativa, ambiental y temporal de ambas actividades”, dice el artículo.
Si los dos proyectos no pueden coexistir o no hay acuerdo, “el Poder Ejecutivo” decidirá qué proyecto podrá ejecutarse, en detrimento del otro. Pero no será gratis. “El titular del proyecto que resulte postergado, limitado o impedido en su ejecución podrá reclamar al titular del proyecto que resulte priorizado las indemnizaciones que correspondan”, dice la propuesta.
Potasio Río Colorado debería haber terminado la planta piloto hace un año. Eso no ocurrió y tampoco se aplicaron las sanciones previstas en el contrato. El reclamo de la empresa es que el Estado tampoco cumplió su compromiso de inversión sobre la ruta y la línea eléctrica, entre otras cosas. En paralelo avanzó el plan de exploración petrolera sobre el mismo terreno, en la llamada zona de exclusión y se superponen intereses.
Es decir, el camino no está del todo allanado. El plan para avanzar sobre Vaca Muerta empezaría a finales de este año y todo indica que se realizará, a diferencia de Potasio Río Colorado. Esa mina lleva más de un año de mora en las actividades pautadas y la renegociación anunciada por Alfredo Cornejo no tuvo resolución. El Gobierno mantiene en secreto ese tema porque, entre otras cosas, incomoda y va a contramano de las “buenas noticias” que busca comunicar respecto a la minería.