Presenta:

Un mal trago para el Gobierno y los datos de la campaña más cara de la historia

Los datos de Mendoza alertan puertas afuera: dos décadas de estancamiento. Los festejos reciclados y un plan de obras convertido en eje de campaña. El mal trago que pasaron funcionarios con una mirada externa.

116-MDZ-Nuevas-obras-recauchutadas-116

Mendoza se acostumbró de manera preocupante al mismo Gobierno y a los mismos modos; a escuchar la misma voz de “aura” y, en ese sentido, a que la construcción del discurso público tenga también un trazo direccionado por quien lidera la provincia hace 11 años. Alfredo Cornejo y sus subordinados, incluso, suelen tener la misma línea argumental para explicar que la Provincia “va bien”. Tanto, que hasta el resto del país busca imitarla; que vendrán tiempos mejores cuando la Nación crezca. Que los problemas son ajenos a la gestión provincial. Lo peor de eso es el autoconvencimiento.

Esas máximas, colmadas de yerros, entran en crisis con una mirada externa. Y la realidad puede incomodar. “Antes de venir acá traté de conseguir información del Producto Bruto Geográfico de Mendoza y cómo había cambiado. La información es totalmente inconsistente. Pero básicamente podemos decir que de manera constante Mendoza está estancada hace 20 años”. La frase, que ilustra la pobreza de Mendoza en varios sentidos, no fue mencionada por un dirigente opositor, ni por un referente de izquierda. Fue el economista Ricardo Arriazu, uno de los más influyentes incluso en el universo libertario, quien la mencionó delante de empresarios, dirigentes e integrantes del Gobierno que tragaban saliva amarga cuando escuchaban. Arriazu hablaba de “la oportunidad Argentina” por los recursos y el contexto y que Mendoza puede verla de costado. “Cayó la agricultura, cayó la industria, lo que creció es hoteles y restaurantes. Pero cuando miran todo esto, Mendoza es marginalmente beneficiada. Pero es la obligación de los mendocinos cómo tienen que aprovechar esta oportunidad. No puede ser que se queden esperando a ver qué va a tocar”, dijo Arriazu antes de terminar su exposición.

Escenario dominado, argumentos grises

El oficialismo domina el escenario argumental de la política mendocina, pero le cuesta marcar un horizonte que entusiasme, aún con el control casi total. Es la propia realidad la que marca las carencias.

Cornejo, por ejemplo, hizo un acto político de un hecho administrativo alrededor de la represa Los Nihuiles, un complejo hidroeléctrico que tiene una crisis gravísima de infraestructura. Cornejo tomó un prestado un ícono de otros tiempos. El sistema que “relanzó” fue planificado en los años 30 del siglo pasado, comenzó a construirlo Juan Domingo Perón y se convirtió en escenario de tensiones políticas de otros mandatarios, cuando no existía internet. Cornejo “tomó posesión” de algo que nadie reclama para sí y que le corresponde a la Provincia.

Como explicó MDZ, Los Nihuiles tiene dos de las cuatro centrales fuera de uso y el nuevo concesionario deberá invertir para ponerlas en funcionamiento. Las otras dos hay que repotenciarlas. Pampa Energía, el concesionario que se fue, cobró los seguros por el alud que rompió todo y no está claro cuál es la inversión necesaria. La Nación, por su parte, se aseguró el cobro de los cánones, sin tener riesgo.

Alfredo Cornejo en el complejo hidroeléctrico Los Nihuiles.

Alfredo Cornejo en el complejo hidroeléctrico Los Nihuiles.

Los Nihuiles es parte de lo que “Mendoza fue” en materia de planificación estratégica y la regulación de los ríos en una zona semidesértica. Los Nihuiles en el río Atuel, los diques sobre el Río Diamante, el Carrizal en el Tunuyán inferior y, tardísimo en esa línea histórica, Potrerillos en el Río Mendoza. Allí se cortó la racha y por eso una “relicitación” es noticia. Si se sigue la línea histórica, más de un gobernador, Cornejo incluido, deberían sonrojarse. Todos los proyectos de regulación de ríos y generación de energía quedaron abandonados tras anuncios rimbombabtes. Portezuelo del Viento en el Río Grande, fue anunciado dos veces: el proyecto original de Cobos, con la posibilidad de un trasvase al Río Atuel; luego la “megaobra” sobredimensionada en todos los sentidos que fracasó en la gestión de Rodolfo Suarez.

En el Río Diamante, Rodolfo Suarez ordenó y pagó estudios para licitar El Baqueano, otro proyecto que tenía mala vibra técnica y viabilidad. Suarez lo anunció como Plan B para suplir la carencia de ideas cuando se cayó Portezuelo del Viento, pero obviamente no se hizo. En el Río Tunuyán superior hay otro caso emblemático: Los Blancos. La represa para regular ese curso de agua estratégico fue licitada, aunque sin plan específico. También quedó abandonada.

En el Río Mendoza, donde urgen obras de regulación, Suarez y Cornejo abandonaron los dos planes que hay: el sistema Cordón del Plata y la represa Uspallata. La complejidad de esos planes hicieron entrar en modo fiaca a quienes gobernaron y gobiernan y quedó abandonado.

En el Gobierno cubren esas carencias con un argumento que se derrite: que se duplicó la generación de energía con los parques solares. Bienvenida esa inversión privada, que nada tiene que ver con la estabilidad necesaria de otras fuentes de energía y sobre todo el objetivo principal que tienen los complejos hidroeléctricos: administrar el recurso más importante y escaso de Mendoza, es decir el agua.

La represa Potrerillos fue la última gran obra pública realizada en Mendoza Foto: archivo MDZ
La represa Potrerillos fue la última gran obra pública realizada en Mendoza Foto: archivo MDZ

El detalle de los “diques” viene a cuento de enumerar los anuncios truncos, la falta de nuevas ideas cuya consecuencia anecdótica es que un Gobernador festeje alrededor de una obra hecha en 1947. Pero las carencias son más notorias con datos actuales. Es la provincia que crece menos que sus vecinos y la Nación, que tiene más desempleo y genera menos oportunidades por la mala siembra del pasado reciente.

La "campaña más cara"

La paradoja es que es Mendoza donde se ejecuta el plan de obra pública más importante del país si se toma el financiamiento propio, es decir sin ayuda nacional. Los más de 1000 millones de dólares del Fondo de Resarcimiento duplica lo que las “provincias ricas” como Neuquén salieron a buscar como deuda para pagar obra pública.

Ese plan también se convirtió en la campaña electoral “más cara” de la historia de Mendoza, pues ya es la base de la plataforma política del Gobierno y de 18 áreas que al oficialismo le preocupan: los municipios. Como ya se mencionó, se revirtieron las prioridades del Fondo de Resarcimiento y gran parte de la torta se la llevan obras visibles, de impacto electoral rápido, pero de una importancia estratégica más relativa. Es lo que pasa con el Acceso Este, que se transformó en la única bandera preelectoral del oficialismo en Guaymallén (el departamento más populoso); y el Acceso Sur, al cual le seguirán agregando vías de tránsito para servir con la misma vieja solución a la expansión demográfica de Luján y Maipú.

Más dramática se vuelve la comparación cuando se pone sobre la mesa el impacto presupuestario de los trenes. El tren de cercanía se lleva 180 millones de dólares, un monto descomunal para ese ferrocarril de 40 kilómetros que será de gestión privada y, más aún, el anabólico de 100 millones de dólares para llevar el Metrotranvía al aeropuerto y a Luján, que ya es la obra más cara de la historia de Mendoza. El desvío de dólares desde el Fondo de Resarcimiento para una obra planificada antes (que no estaba en los planes oficiales) es fuertemente defendida por el Gobierno y aseguran que se amortizará por el impacto positivo: la cantidad de pasajeros transportados y la sustentabilidad.

El Metrotranvía es un servicio bien valorado por los usuarios, con alcance acotado. Y es, además, altamente oneroso para el Estado: además de lo costoso de la obra, el kilómetro recorrido se paga el triple. En el último estudio de costos, el KM recorrido de ese tren eléctrico se cotizó en $ 15.435, mientas que el sistema troncal de la misma Sociedad de Transporte de Mendoza cotiza en $ 5.066 el kilómetro. Justamente la STM, la empresa que administra la obra y el sistema estatal, es la gran beneficiada. Solo el año pasado recibió más de 70 mil millones de pesos de aportes del tesoro provincial para el Metrotranvía y este año se sale de rango por los 100 millones de dólares que se suman a los aportes ordinarios. Daniel Vilches, que había salido de los primeros planos de la política, terminó manejando la principal “joya” de la gestión cornejista.

Con más de 1.000 millones de dólares de inversión, y con las obras visibles del tren y las rutas, suena obvio que Natalio Mema parezca ahora el “favorito” de Cornejo en la extraña competencia interna por ser candidato a Gobernador. Es Mema la cara visible de esas “buenas noticias”, mientras que las malas, como el pésimo desempeño económico de Mendoza, no tienen tutores.

En el plan de las oportunidades hay varias que pasan cerca y cuyos problemas son parte del silencio del Gobierno. Potasio Río Colorado, por ejemplo, debería producir desde hace un año de manera al menos experimental, con un plan de crecimiento constante hasta llegar a los 1000 millones de dólares invertidos. Nada de eso pasó y Cornejo sigue en “negociación” con los delegados de José Luis Manzano. El negocio de los fertilizantes es próspero y así lo hizo saber Pampa Energía con el anuncio de una planta de urea que demandará más de 2 mil millones de dólares de inversión para exportar a Brasil. Mendoza no puede concretar lo que es una de las minas más grandes del mundo y que comenzó a construirse hace una década y media. No hubo sanciones por la falta de cumplimiento de la empresa y la misma empresa Minera Aguilar acusa al Gobierno de no cumplir el plan de inversión en rutas y tendido eléctrico. Mientras, pelea por activos fuera de las provincia, como ocurre con áreas de potencial cupífero en San Juan.

Uno de los principales problemas de PRC es la logística. El plan de Minera Aguilar era sacar el potasio por tren, hacia el Este. Luego se achicó la escala y se pensaba en transporte por rutas, que hoy son casi inexistentes desde la mina. Otra esperanza es que Mendoza pueda colgarse del tren Norpatagónico que saldrá desde Añelo, en Neuquén, hacia los puertos patagónicos para llevar y traer insumos para Vaca Muerta. Todo colgado de voluntades ajenas por la falta de planes propios.

Hace un par de años en el peronismo mendocino alertaban internamente que debían obstaculizar el uso discrecional de los “fondos de Portezuelo” porque Cornejo iba a hacer política con ellos. Algo de razón tenían, aunque su mirada podría tener más carga de celos que de cuidado del patrimonio público. Es el mismo PJ que ahora busca una brújula para el 2027: Flor Destéfanis se lanzó, Matías Stevanato dice que aún no es tiempo de candidaturas, Anabel Fernández Sagasti da otras peleas. Y en los primeros esbozos de lo que será el laboratorio político que habrá en la Universidad Nacional de Cuyo, el nuevo refugio peronista, hay más señales de reciclaje que de renovación.

El escenario político se lo comen los radicales y libertarios. En el peronismo aseguran que las urgencias, justamente, son del oficialismo por los problemas internos que tienen. El panorama incierto tiene nombre: Javier Milei, el presidente cuya gestión se deteriora pero que tiene una imagen aún sólida para ser el favorito. Cornejo lo sabe y su alter ego Luis Petri también.

En las encuestas se marca ese deterioro, pero también el espacio vacío para llenar la expectativa social. Esas mismas encuestas marcan la fragilidad de la opinión pública: la persona más valorada es Lionel Scaloni, influenciado él por el desempeño en la selección de fútbol. Incluso, socialmente lo ven al DT como un referente más allá del deporte.

La sensación es epidérmica, pues el mundial aún está fresco en cada argentino. Tan superficial es la consideración de Scaloni como referente como ocurre con el análisis del resultado deportivo del mismo mundial: la mayoría de los argentinos elige creer que hubo una conspiración, manipulación o una mano negra detrás, antes que reconocer una derrota y al menos disfrutar del camino recorrido. "La medición sobre las versiones de la final arroja uno de los datos más llamativos del estudio: la credibilidad de las teorías no deportivas no es un fenómeno de nicho sino mayoritario (60,9%) y perfectamente transversal. No la organiza la grieta, no la modera la edad y no la filtra la educación: contra todo estereotipo, el segmento de mayor nivel educativo es el más dispuesto a creer en esas teorías (64,7%)", concluyen desde Reale-Dalla Torre, los encargados de la encuesta.

Esa fragilidad conceptual es oro para los gurúes políticos que deberán construir candidatos, ilusiones y, en definitiva, los futuros dueños del destino argentino.