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Reforma laboral: la gran apuesta de Milei que en el pasado jaqueó a varios gobiernos

La historia negra de los intentos de reforma laboral en Argentina. Acusaciones, sangre y mentiras. El desafío de Javier Milei: ganar o ganar.

Patricia Bullrich apuesta a aprobar la reforma laboral que pidió Javier Milei a mediados de febrero

Patricia Bullrich apuesta a aprobar la reforma laboral que pidió Javier Milei a mediados de febrero

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El Gobierno se encamina desde esta semana a definir un punto clave para el futuro político de Javier Milei y también para la estabilidad de la gobernabilidad en Argentina.

Terminó enero y con eso una serie de reuniones, acuerdos, actos y paseos oficiales por la playa, todos dentro de un mismo minué de diálogo entre el gobierno y cada uno de los gobernadores que están dispuestos a dialogar y a sumar al número de las leyes clave con las que arrancará este complicado 2026. Habrá que mirar en el futuro que pasará con el impuesto al cheque o si se reblandecen los corazones a la hora de liberar ATN, pero todo será despues de la votación.

Por hora, todo ese juego tuvo un solo objetivo: que a partir del 11 de febrero, dentro de muy poco más que una semana, el gobierno pueda mostrar por primera vez dentro de la era democrática que puede reformar, y de una manera más que consistente, la legislación laboral que rige este país desde antes de la dictadura militar.

El número para aprobarla hoy parece garantizado y el gobierno ve un triunfo cada vez mas cerca, Tan es así que el peronismo se ve perdiente en ambos recintos del Congreso y ya organiza marchas en la calle. y una judicialización con final imprevisible.

Las negociaciones de Diego Santilli

Dicho así, un éxito para el gobierno ahora parece fácil, sobre todo si se cuenta con que muchos gobernadores del PRO, radicales y también peronistas, ya se han comprometido en esas reuniones que mantienen con Diego Santilli a aportar los votos para que la reforma, al menos en su parte dispositiva legal, se sancione.

¿Por qué decimos esto? Porque esta reforma laboral viene con un capítulo extra sobre modificación en la distribución de fondos, de cargas que se deben pagar, de aportes previsionales de trabajadores y empleadores y sobre todo una modificación en el impuesto a las ganancias que hace llorar a muchos gobernadores porque ven que les va a impactar en la caja.

Esa ya es historia vieja: si tomamos en cuenta todas las reuniones que vinieron contando las idas y vueltas de las negociaciones durante este verano, todo parecen encaminarse a que la ley va a salir bastante parecida a la versión que vimos en diciembre. Fue entonces cuando se decidió postergar para febrero el debate de esta reforma laboral en medio de la crisis que provocó con las provincias el capítulo fiscal, con la posterior promesa de una autorización al jefe de gabinete para que redistribuya partidas y reacomode de alguna forma durante el año lo que los jugadores van a perder ahora con esta ley

El padre de la criatura: Patricia Bullrich o Santiago Caputo

No fue la única piedra que frenó la votación de la reforma en diciembre. A pesar del empecinamiento de Patricia Bullrich en avanzar con la discusión, quedó claro que a la negociación con algunos sindicatos le faltaban un par de golpes de horno. Santiago Caputo actuó en ese terreno también, inclusive antes que los choques con Karina Milei entre los despachos de la Rosada volvieran a ser un clásico de todos los días en el área presidencial.

Votar la ley de reforma laboral se volvió imprescindible en la Argentina desde dos puntos muy claro. Para los industriales, y sobre todo las PyMEs, porque con desesperación no ven otra forma de sumar empleados si no les dan garantías de qué no van a seguir pasando por una tragedia legal cada vez que deban disponer un despido o un cambio de posición laboral, que muchos casos pueda amenazar con llevarlos a la quiebra.

La mesa política con Manuel Adorni, Karina Milei, Patricia Bullrich, Luis Caputo, Santiago Caputo, Diego Santilli y Martín Menem

El caso de laa PyMEs que sufrieron el acoso y el bloqueo de las huestes de Hugo Moyano y el de Piegari, un tradicional restaurant de la Recova de Posadas en Buenos Aires que quedó al borde de la quiebra por tener que indemnizar a un solo mozo, bastan como referencia reciente para saber lo que pasó en los últimos 70 años con la legislación laboral argentina.

Pero el otro tema central es la garantía política que le da un gobierno el cambiar un régimen laboral. Hay un signo nefasto en Argentina, que comenzó en el 45 con el gobierno peronista, pero continuó en la década del 60 con las concesiones que la dictadura de Juan Carlos Onganía le hizo al sindicalismo para obtener apoyo político que le permitiera sustentar ese gobierno que había derrocado al democrático de Arturo Humberto Illia.

Los socios de la dictadura

No todos esos gestos terminaron en beneficios para los trabajadores, pero si muchos de ellos fueron reivindicados como propios por el peronismo cuando habían sido arrancados a una dictadura. No es nuevo el proceso: también sucedió con Perón en 1945 cuando se apropió del copyright de verdaderos avances sociales que en realidad habían sido impulso del socialismo en el Congreso.

La participación del mundo sindical, por órdenes de Juan Domingo Perón desde Madrid, en la dictadura de Onganía no es un hecho que necesite demasiada prueba: Augusto Timoteo Vandor, por ejemplo, presenció el acto de asunción presidencial de Onganía como invitado de lujo. El sindicalista, que fuera asesinado el 30 de junio de 1969 en su despacho de la Unión Obrera Metalúrgica en medio de la interna político-sindical-militar que ya vivía el peronismo, había logrado hasta que el gobierno de Onganía invalidara un congreso de la CGT precipitando así la división de la central; un clásico que sigue repitiéndose hasta la actualidad, aunque gracias a Dios sin muertos ni gobiernos militares.

Desde el “onganiato”, como se los solía llamar, comenzaro a tejerse una cantidad de acuerdos, concesiones y derechos que hicieron cada vez más cara la vida laboral en Argentina.

A esas concesiones sindicales, sin correlato lógico en la economía, le siguieron las que le continuaron dando otros gobiernos peronistas en medio de la guerra interna entre la derecha y la izquierda, como la que provocó el asesinato de José Ignacio Rucci con la fatalmente famosa balacera de los 43 tiros, en una clara venganza en la que se mezclaron un pseudo progresismo sindical, la derecha peronista y los favores de Perón, que reclamaban y disputaban unos y otros. En síntesis, no mucho de ello terminó en verdaderas ventajas para los trabajadores y si en carísimas concesiones para sindicalistas y sus negocios conexos.

Mientras tanto, el mundo seguia girando, las prácticas laborales cambiaban y la Argentina se iba hundiendo cada vez más en absurdas reglas rígidas que encarecieron el costo de producción al punto de seguir llevando al país a la decadencia, el retroceso y la caída neta de inversión.

La era mas oscura

Luego vino la dictadura que inauguró Jorge Rafael Videla sembrando al país en la oscuridad más tenebrosa que recuerde nuestra historia, pero que, además, volvió a hacer retroceder cualquier chance de modernización del país, enmascarado en un falso liberalismo que en realidad era una plataforma de negocios.

El kirchnerismo no aportó nada para cambiar el torcido rumbo laboral argentino, sino todo lo contrario. La famosa frase que se le asigna a Eva Perón “donde hay una necesidad, hay un derecho”, terminó siendo el motivo de los gobiernos de Néstor y de Cristina de Kirchner para frenar la modernización laboral, otorgar concesiones impagables e imposibles de pensar en cualquier país civilizado a cambio de trueques electorales y complicar aún más la vida diaria de las sufridas PyMEs. Para colmo, la herencia sindical que dejó Carlos Menem al eliminar el sistema de trenes en Argentina y entronizar una nueva estrella en el esquema de poder sindical: Camioneros.

Como producto de toda esa historia y con los cambios en las modalidades de trabajo que la historia argentina nunca pudo comprender, hoy la Ley de Contrato de Trabajo terminó siendo casi una reliquia que alcanza a una elite de trabajadores, el resto está fuera de su alcance.

Un mapa de cuadrantes que explica todo

El mapa laboral argentino puede dividirse virtualmente en cuatro partes. Un cuarto está integrado por los trabajadores que están dentro de los convenios colectivos y que alcanzados por la ley. Otro cuarto corresponde a los empleados públicos de todos los niveles, nacional, provincial y municipal, que fueron creciendo en su incidencia dentro del Presupuesto Nacional.

En otro cuarto están los trabajadores irregulares, quienes habitan en ese mundo de un 40% de la economía en negro y no tienen derecho a vacaciones, ni aguinaldo, menos aportes previsionales, asistencia o derivación de aportes a coberturas médicas. Finalmente, el cuarto restante corresponde a las nuevas modalidades de trabajo que abrazaron sobre todo los jóvenes argentinos. Muchos de ellos son los que hoy trabajan en Argentina y cobran por medios alternativos o directamente afuera del país, facturando servicios tecnológicos o de asesoramiento y que en ningún momento pasan bajo al radar de ninguna legislación laboral argentina.

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Es decir, cuando hablamos de cambiar las reglas de trabajo en Argentina, estamos hablando de la necesidad de que todos esos cuatro cuartos vuelvan a quedar adentro de un esquema que permita comprender legalmente la atención de todo el mercado laboral argentino y no sólo esa “elite”, del 25% que son los clientes de las CGT, la que nunca por otro lado hizo nada por incorporar a todos los que estaban afuera de su sistema de protección laboral.

Hoy el debate por la reforma laboral incluye flexibilizar y modernizar normas para despejar el temor de las empresas a contratar nuevos puestos, pero incluye también la necesidad de qué el propio Estado deje de ser el empleador número uno en negro del país, con empleados estatales, facturando como monotributistas por afuera del sistema y manteniendo un esquema de economía paralela.

El debate esencial para el futuro de Milei

Para Javier Milei, además, el debate es más que todo esto. Para retomar la historia, Argentina tuvo un primer gran fracaso en el intento de debatir una reforma laboral con la Ley Mucci. Recién llegado Raul Alfonsín al gobierno presentó un proyecto de modernización sindical, que tenía letra y autoría de su ministro Antonio Mucci.

En el retorno de la democracia Alfonsín intentó una reforma que blanqueara de una vez la democracia dentro de los sindicatos. El primer efecto fue contrario: las CGT que se había dividido por la interna sangrienta del PJ, se unificaron en su contra. En Diputados se aprobó, pero en el Senado, por un solo voto, el del senador Elías Sapag, la ley se perdió y con eso también comenzó la pérdida de poder político de fondo de un gobierno como el de Alfonsín. Quedó herido de muerte desde el comienzo.

También hubo un segundo caso, igualmente terrible, en el que la posibilidad de una reforma laboral se fue al demonio e inclusive con mucho más daño que el caso anterior. Durante el gobierno de Fernando De la Rúa se impulsó otro proyecto de reforma laboral. Quedó frenada en medio de un escándalo de acusaciones de sobornos en el Senado y aunque curiosamente hay muchos periodistas que no se animan a decirlo quizás por cobardía ante la verdad, esas acusaciones de soborno terminaron con una sentencia absolutoria del Tribunal Oral Federal Nº 3 en el 2013 (gobierno de Cristina Fernández de Kirchner) donde se determinó que desde Fernando de la Rúa hacia abajo no había existido tal operación desde el gobierno.

Hay que pensar, entonces, más que en un delito, en un invento de sobornos como contra operación para frenar la ley de modernización laboral que estaba en marcha en el Senado en ese momento.

En que cancha se juega la reforma

Esos son los términos de la discusión histórica de las reformas laborales en Argentina. Hay que recordar también que siempre que se habla de reforma laboral se está hablando del sistema previsional porque la ausencia de incorporación de nuevos trabajadores al sistema hace que la cantidad aportantes decreciente nos lleve en un corto plazo a la quiebra total y definitiva del sistema de jubilaciones.

Los intentos de modernizar el mercado del trabajo cayeron siempre frente al freno político de negociaciones que nunca consiguieron llegar a fin u operaciones del aparato sindical. Estos son los términos en los que se juega esta pelea a partir de febrero.

La suerte política de Javier Milei también está en juego. El presidente no puede bajo ningún punto de vista fracasar en una ley que, en términos claros se ha transformado casi en una “mufa“ para cualquier presidente que quiera avanzar en la modernización del país. Terminar con esta “mufa” y abrir de una vez por todas una nueva era contractual en Argentin, es sin duda la asignatura número uno que el país tiene para este mes.