¿Periodistas? Periodistas somos todos. De la multiplicación a la amenaza de extinción
La celebración en Argentina del Día del Periodista obedece a la primera aparición de la Gaceta de Buenos Aires. Desde aquel 7 de junio de 1810 hasta hoy, los cambios impuestos por el desarrollo tecnológico son formidables,
El periodismo tiene que poder llegar a las audiencias. Foto: MDZ
MDZQuien dijo que el periodismo es la primera profesión ignoro qué profesión ejerce, pero periodista no debería ser. Pudo ser la segunda, quizá, para delatar a quienes ejercían la que se dice "la profesión más antigua del mundo" o para revelar la identidad de quienes hacían uso de esa otra profesión, pero primera: no es.
Gabriel García Márquez difundió un concepto romántico, aunque ese no haya sido su estilo literario. El periodismo es el mejor oficio del mundo, pronunciaba con su gracia fonética de cataquero, pero sabía que eso también era ficción. O acaso lo dijo mientras gozaba de su trabajo inicial en el Universal, diario de la bellísima Cartagena de Indias. Época en la que el periodismo se vinculaba casi exclusivamente a quienes escribían. Ni siquiera diagramadores, armadores, ilustradores, fotógrafos, correctores, entraban en la categoría. Una etiqueta para pocos, según el espejo de las vanidades.
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Súper
La percepción umbilical del periodismo queda claramente plasmada en el personaje más icónico de los superhéroes contemporáneos. Qué otra profesión podría llevar adelante Superman cuando se desprendía de sus atuendos si no el periodismo. Honestidad, lucidez, sentido de justicia, valentía, superioridad física, intelectual y moral, cualidades que destacan al corresponsal de Krypton en nuestro planeta, personaje nacido en 1938 y que -como si fuese un Jesucristo del márketing- ha muerto pero cada tanto resucita.
La patria periodística
La celebración en Argentina del día del periodista obedece a la primera aparición de la Gaceta de Buenos Aires (sí, se escribía Gazeta de Buenos Ayres). Desde aquel 7 de junio de 1810 hasta hoy, los cambios impuestos por el desarrollo tecnológico son formidables, y no por eso el periodismo avanzó en iguales términos. Sin precisiones historiográficas, se calcula que la población alfabetizada no superaba el 12% de los mayores de 15 años. O sea, el acceso a leer las consignas revolucionarias, luego patrióticas, era escaso. Sólo la élite ilustrada pudo ojear aquél ejemplar. Y quienes denigran con vehemencia al periodismo militante, deberán abstenerse de opinar sobre aquella publicación. El primer ejemplar escrito y firmado por Mariano Moreno, no fue precisamente la elocuencia de la objetividad y mucho menos, la expresión de la tibieza.
Escuchame
Durante el siglo XX el periodismo consiguió mayor popularidad por sobre toda otra profesión, en términos demográficos, pero no fue sólo como resultado de mayor alfabetización, sino por la aparición de la Radio, el primer medio de condición ciertamente masiva. Un transmisor expandía su sonido hacia miles de aparatos receptores, pero no en todos los hogares, no. Tampoco era el periodismo quien ocupaba el mayor tiempo en su programación. Nunca hubo radios en todos los hogares. Se estima que en el fulgor de la radiofonía, en Argentina, uno de cada cuatro hogares contaba con un receptor radial y esto sólo en las ciudades. Igualmente, los periodistas (en competencia con los locutores) comenzaron a cobrar importancia gravitante. Si lo decía "la radio", era verdad. Si estaba en el noticiero del cine, era irrefutable. Si el diario lo ponía en tapa, indiscutible. Distintos dispositivos iban consolidando el poder del periodismo.
Del objeto al sujeto
Aunque nació en la tercera década del siglo pasado, la televisión fue el primer medio de comunicación indiscutiblemente universal, en la década de 1980. En todo país, en cada hogar, un aparato reemplazaba en la mesa familiar el lugar del abuelo. Y con idéntica reverencia, las familias pedían silencio, miraban, escuchaban y actuaban según dictaba el periodista del noticiero. Ese aparato también fue demonizado como el chupete electrónico, pero los periodistas que ocupaban con sus rostros y gestos severos las 20 pulgadas, siempre tenían razón. Las posibilidades de discusión y debate, se reducían a la agenda del periodista preferido. El protagonismo del periodismo en las democracias liberales fue determinante.
Sobreabundancia informativa
No conformes con los segmentos específicos, en la década de 1990, junto a los sistemas de televisión paga, se encienden las señales de pura noticia. Esto abruma con la presencia de periodistas en los hogares. En nuestro país, un prócer del periodismo y de los medios, ignorado hoy por las élites y hasta por sus pares, exigido por una demanda en ascenso, y su falta de recursos económicos y tecnológicos, desarrolla el primer antecedente de convergencia. Héctor García carecía del despliegue que podía ofrecer su principal competidor, TN, del imperio Clarín. Sin embargo, la precariedad tecnológica, la curiosidad y su sagacidad periodística, lograron imponerse sobre las estéticas cuidadas y las voces engoladas. Placas con zócalos catástrofes ,como en las tapas de los diarios "amarillistas", una música característica que aparecía como en los típicos boletines informativos de las radios -marcha militar clásica del ejército de Estados Unidos- y con recursos periodísticos tan creativos como bizarros, tan discriminatorios como ocurrentes, se leían y se escuchaban, carentes de las cláusulas cinéticas de la tv, pero con una potencia que inundaba cuanto café, restaurant, oficina pública, o kiosco existiera. Las pretensiones académicas y la elegancia formal del resto de los periodistas sucumbía frente a la inundación informativa de Crónica.
Periodismo del tercer milenio y el derrumbe de un país
La noción de que el periodismo es el espejo fidedigno de una vasta realidad, y acude a un discurso distante de las emociones e intereses, se rompe en ocasiones y el estallido de vidrios lastima hacia todos los puntos cardinales. En simultáneo a las especulaciones sobre el atentado a las torres gemelas de Manhattan, en Argentina, en la señal América (de Eurnekian, en esos años) se emitía "Después de Hora", programa periodístico que conducía y dirigía el inefable Daniel Hadad y era secundado por varios, no menos incisivos en erosionar al ya por entonces debilitado gobierno de De La Rúa. Principalmente Hadad y Antonio Laje, mostraban con impudicia su desprecio por las instituciones y las personas. En el libro "2001 -2021" José Ignacio de Mendiguren, recuerda cuando Antonio Laje incitaba al público para que lo hostigaran a él y a sus hijos, durante el breve período que fue ministro.
Periodistas somos todos
En los inicios de la internet, muchos colegas se mofaban de la oferta de la gran red y, hasta que los diarios no subieron sus contenidos a la web, no se dimensionó lo que luego ocurriría en términos de información, comunicación y relaciones intersubjetivas. Atravesando el calendario, en abril de 2004, aparecía Facebook. Aunque tuvo antecesores como SixDegrees, la red social patentada por Zuckerberg es la que hasta hoy lidera su uso promedio en el Planeta ¿y?, bien. En principio, esta red que ya es mayor de edad en plenitud, empezó a interconectar a unas con otros y se empezó a omitir la intermediación comunicativa. Luego, además de aprovechar los contenidos de los medios graciosa y gratuitamente, cada propietario de un perfil comenzó, de modo advenedizo, amateur, voluntaria e involuntariamente a convertirse en periodista. Y periodistas profesionales, estuvieron habilitados para escaparse de las indicaciones editoriales de los medios.
Del objeto al sujeto
La extraordinaria proliferación de redes sociales y la cantidad de reel, posteos, podcast, mensajes, shorts, extractos, mails, transforman imposible detectar lo relevante de lo banal, y peor, gracias al auxilio de la inteligencia artificial hoy es indescifrable qué es realidad y qué falsedad ( la ficción es otro asunto). Esta invitación a la confusión da lugar para que vuelva a emerger la preeminencia de un periodismo serio, honesto, riguroso. Ocurre que esa oportunidad ha colaborado en subvertir los roles. En grandes medios y en algunos otros, también, muchos periodistas de firma, los que ostentan mayor popularidad e inclusive algunos recostados en una extensa trayectoria, sustituyen la información por su personalísima opinión, y reemplazan los hechos por sus propias experiencias, que lejos de ser universales, sólo expresan su más intrascendente parecer.
Tiempo de elegir
La circulación incontable de noticias haría suponer un mayor dominio sobre las cuestiones públicas, pero no. Las posibilidades tecnológicas -inimaginadas por quienes hace demasiados años que nos inmiscuimos en estos menesteres- no están colaborando en transmitir con celeridad y solidez la información. Las ventajas que otorgan la captura de imágenes instantáneas, los registros sonoros y la rapidez con la que se puede elaborar un texto, no alcanzan para construir un discurso que ayude a saber y contribuya a pensar. Es requisito entender el para qué. Para qué informar y para qué mantenerse informado. Atributos que permiten,nada más y nada menos, que poder elegir.
Desangelizando periodistas
Optar entre un impostor del periodismo, esos que insultan, adulteran el presente y malversan la historia; y uno comprometido, esos que asumen un riesgo en decir del otro lo que el otro no quiere que sea develado, ayudaría a quienes trabajan con la vocación de transmitir con honestidad lo que consideran es verdad. Disiento -aunque la estatura no me lo permita- con Gabriel García Márquez. No es el mejor oficio, pero es lo que hay.

