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Mil días: cambiar sin dejar a nadie atrás

A mil días de gestión, Lourdes Arrieta plantea consolidar los aciertos, corregir errores y construir un Estado eficiente, republicano y humano, sin dejar a nadie atrás.


Mil días de gestión son suficientes para hacer un balance, pero también para preguntarnos qué país estamos construyendo. El Gobierno de Javier Milei asumió con una Argentina atravesada por inflación, déficit, emisión monetaria y un Estado que había crecido muchas veces de espaldas a quienes lo sostenían con su trabajo. Frente a ese escenario, celebré que se haya instalado nuevamente la discusión sobre equilibrio fiscal, reducción del gasto improductivo y necesidad de terminar con privilegios de la “casta”. Sin embargo, creo que debemos ser honestos: una reducción del Estado no puede medirse únicamente por cuánto se recorta, sino también por cuánto bienestar, oportunidades y previsibilidad logramos generar para los argentinos.

El costo del esfuerzo en esto mil días

Durante estos mil días, millones de familias hicieron un esfuerzo enorme. Estiraron sus bolsillos, se endeudaron, postergaron proyectos y adaptaron sus vidas; inclusive, aguantaron discursos y hasta formas de ejercer el poder que no los representan; y hoy están reclamando algo elemental: que sus gobernantes los escuchen. Del otro lado de la misma moneda, llegamos con la promesa de ser distintos y los casos de corrupción que involucraron a funcionarios oficialistas y sus entornos, terminaron afectando la credibilidad y manchando la investidura presidencial. La transparencia no puede ser una bandera selectiva: debe ser una exigencia permanente, especialmente para quienes llegamos a la política prometiendo terminar con viejas prácticas. En estos mil días, también está mi propia historia política. Irrumpí en La Libertad Avanza convencida de que había que transformar la Argentina y, apenas seis meses después, decidí tomar otro camino, porque entendí que mi lugar estaba en la construcción de un pensamiento crítico e independiente. No concibo la política como un juego de subordinación absoluta y levantar la mano automáticamente. Creo en la libertad de expresión, de preguntar, cuestionar y aportar; creo en el ser como sujeto libre de pensar y de profesar su fe; creo en el mérito, en las oportunidades y en esta actividad como servicio al prójimo.

Durante estos mil días, millones de familias hicieron un esfuerzo enorme.

Una voz independiente

En mis mil días de mandato legislativo, experimenté lo difícil que puede resultar hacer llegar una voz diferente cuando existe una fuerte concentración de las decisiones y una soberbia institucional que dificulta la escucha. Experimenté la soledad de los pasillos del Palacio de la Cámara de Diputados, los desalientos propios y las lágrimas atragantadas mientras otros intercambian favores a costa del sufrimiento de quienes sobreviven día a día. Y creo que eso debe cambiar. El Congreso de la Nación no es un obstáculo para transformar el país, sino que es una parte esencial de la República. Como hija de un veterano de la Guerra de Malvinas, combatiente de la Batalla de Darwin y Pradera del Ganso, tampoco puedo dejar de mencionar una agenda que para mí es irrenunciable: la defensa de nuestra soberanía y el reconocimiento permanente a quienes integran nuestras Fuerzas Armadas y de Seguridad. El Estado debe cuidar a quienes tienen la responsabilidad de cuidarnos. El caso IOSFA, por ejemplo, que he denunciado en reiteradas oportunidades, también demuestra que no alcanza con administrar menos: hay que administrar mejor, controlar y garantizar que los recursos lleguen a quienes corresponden; dejar de lado las mezquindades políticas y electorales, y entender que detrás de un número de afiliado, hay una vida que necesita ser atendida.

La República como límite

Después de mil días, creo que Argentina necesita consolidar lo que se hizo bien y corregir lo que está mal. Creo en un Estado eficiente, transparente, republicano, reducido y cercano; presente y firme allí donde su responsabilidad es indelegable: la salud, la educación, la seguridad y la defensa. Pero, por sobre todo, creo en un Estado con rostro humano. Argentina es un país productivo, rico y lleno de posibilidades. El desafío es que esas posibilidades no queden reservadas para unos pocos, sino que quien trabaje pueda progresar, que quien emprenda pueda crecer, que quien estudie pueda proyectar su futuro; y que quien hoy no tiene oportunidades, encuentre en el Estado un instrumento para recuperarlas. Escuchar. Empatizar. Proponer. Corregir. Porque el verdadero desafío en pleno siglo XXI, es construir un Estado eficiente, republicano y humano, capaz de cuidar, garantizar libertades y abrir caminos para que cada argentino pueda crecer.

Lourdes Arrieta

* Lic. Lourdes Micaela Arrieta. Diputada de la Nación por Mendoza.