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La sobreactuación del gobierno de Javier Milei y el peligro de no poder ganar en un ballotage

El sociólogo y analista Luis Costa sostuvo que la manera que tiene Javier Milei de relacionarse con propios y extraños provocará un fuerte estrés electoral para el oficialismo. También advierte que las sociedades operan "desestabiizaciones permanentes" que no pueden ser captadas por la políticas, los empresarios o los medios de comunicación.


Desde hace algunos meses, el sociólogo y especialista en comportamientos sociales Luis Costa viene alertando sobre los inconvenientes que pueden tener procesos políticos como los que proyecta Javier Milei cuando debe captar otros públicos a los que agravió, insultó o simplemente desestimó desde que inició su mandato en diciembre de 2023.

“La caída abrupta en las encuestas demuestra que el gobierno fue muy exitoso en mantener su núcleo duro pero no pudo traspasar a otros planos que no lo acompañaron inicialmente. El gobierno pudo mantenerse en niveles de aceptación muy aceptables, relativamente altos por los ajustes que ejecutó, pero nunca subía, nunca alcanzaba la otra colina”, explicó Costa, quien comparó esta situación con la de otros gobiernos anteriores, en las que siempre hubo picos de popularidad o desencanto, desde los Kirchner hasta Mauricio Macri.

Según el sociólogo, quien viene estudiando el comportamiento electoral argentino desde hace dos décadas, la lógica de Javier Milei, “de siempre apalancarse sobre su votante histórico, se basó en trabajar “el “nosotros contra los otros”. Garantizaba a los propios en el enfrentamiento y el 50% que lo rechazaba siempre estuvo presente. Entonces, cuando decae su imagen y aprobación de gestión lo hace a cuesta de su propio electorado, no del otro, que siempre lo tuvo enfrente”, argumentó.

Para Costa, la clase media que lo votó a Milei hoy duda de su capacidad para resolver los problemas económicos y “siempre desprecia a cualquiera que tenga atisbos de corrupción en el manejo de la cosa pública. Como el gobierno no pudo subir nunca, cuando cae lo hace producto de la decepción de los propios”, afirmó.

Es que “este tema de siempre hablarle y agraviar a los mismos genera un altísimo grado de afinidad de unos pero siempre deja mucha gente afuera. Entonces se producen efectos como los de Bolsonaro o Donald Trump, quienes no pudieron ser reelectos porque nunca pudieron relacionarse con el votante nuevo. Son tan exitosos en retener lo propio que cuando necesitan ese puntito para generar una victoria de segunda vuelta terminan perdiendo. No pueden traspasar su propio límite”.

Traducido, el gobierno puede ser el partido más votado en la primera vuelta, pero después se le hará muy difícil conquistar un voto más porque siempre contuvieron el voto propio en base de la confrontación con los otros.

A raíz de la percepción de que “la gente trabaja de gente”, https://www.mdzol.com/politica/como-sexto-sentido-nadie-vio-la-calle-lo-que-pasaba-manuel-adorni-adentro-del-congreso-n1509213, MDZ le preguntó a Costa el motivo por el cual la sociedad no le prestó atención a lo que sucedía en el Congreso con la interpelación a Manuel Adorni y si eso implicaba un “desenchufe” del gobierno nacional.

Luis Costa

Los secretos de la opinión pública

“Entender lo que está pasando es muy amplio y difícil porque la gente tiene que procesar una multiplicidad de cosas que pasan al mismo tiempo. El off de los periodistas, que hablan con los políticos, con los que forjan supuestamente las decisiones, no termina de completarse y quien termina de moldar esa “realidad” es la gente, que desde hace trescientos años contextualizamos como la opinión pública”, comentó el consultor en una larga charla.

Para él, “la opinión pública es un factor desconcertante para la política. No se puede controlar por ninguna reunión, análisis, focus group o teoría previa. Ni siquiera se puede controlar con la representación de lo de Adorni. Porque uno puede trasladar lo que pasó en el Congreso y pensar que el gobierno quiere vender a Adorni como un héroe que se plantó frente a un pelotón de fusilamiento. No queda como héroe a pesar de que el gobierno piense que es así”.

“La realidad para el gobierno no es buena y el oficialismo necesita exagerar todo. Cuánto más necesitas agrandar las cosas, exagerarlas, estás descubriendo qué grandes son tus problemas”, sentenció.

Como ejemplos, Costa expuso la situación que se visualiza en “países que tienen muchísimos problemas de inseguridad. Ves a la policía parapetada y equipada con armas impresionantes. Es una policía que necesita exagerar la amenaza de su presencia. En este caso, la opinión pública y la incertidumbre que tiene intrínseca no se puede evitar, aunque el gobierno pretenda transformarla desde una teatralización y la exageración”.

“El tema central que está exigiendo la atención de la sociedad argentina es la economía y desde ahí se desnudan todos los demás inconvenientes del oficialismo. El mix de faltas de resultados económicos más complicaciones con hechos de corrupción es muy difícil de digerir para los votantes de Milei”, sentenció.

La esperanza se puede transformar, de un momento para el otro, en desesperanza. “Este gobierno generó una expectativa muy fuerte provocada por los fracasos anteriores. En el libro de Llach y Gerchunoff esto se describe muy bien. El Ciclo de la Ilusión y el Desencanto”, recordó Costa.

Las desestabilizaciones constantes

En un momento de la charla, Costa pone en el debate que la sociedad siempre está en revisión constante, y a diferencia del esquema pendular que propone la política, para él “las sociedades avanzan sobre la base de desestabilizaciones constantes. Todo es un proceso desestabilizador. El péndulo es sobre lo que habla siempre la política, si vas para un lado o para el otro, pero las sociedades se mueven siempre sobre esquemas desestabilizantes. Las empresas sacan productos al mercado sin saber si lo podrán vender como ellos pretenden o no. Uno, cuando vuelve del trabajo, llega a su casa y siempre tiene un problema inesperado. Lo mismo cuando sale, nunca puede acertar si el tránsito será el previsto. El entorno social es un gran sitio de efectos desestabilizadores. La pregunta es si el modelo estructural de un país ayuda o no a aumentar o disminuir ese proceso de desestabilización constante”.

“Lo que le falta a Argentina son políticas de Estado que generen una estructura más previsible. Pero los procesos de desestabilización o inestabilidad no desaparecen nunca. La política, a través de diferentes sectores, ya sea los propios partidos políticos, la prensa, los empresarios, expande su inestabilidad a los otros ámbitos y como todo en la Argentina, siempre producen procesos exagerados” explicó con certeza Luis Costa.