Javier Milei y Luis Caputo: de la timba financiera, a la alianza en el poder, vende campeón, seguí vendiendo
Lo que fue acusación mediática en 2018 hoy se resignifica: Javier Milei y Luis Caputo unidos en la misma estrategia de supervivencia política.
El presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, destacaron las cifras de inflación.
Archivo MDZEn el año 2018, Javier Milei, entonces un economista mediático, arremetía contra Luis Caputo en los sets de televisión. Lo acusaba de ser un operador de la timba financiera, un funcionario que ponía la política económica al servicio de los especuladores amigos con el objetivo principal de ganar una elección.
Si aquel Milei pudiera escuchar al Milei versión 2025, lo llamaría “mandril” sin dudarlo. Lo curioso y contradictorio es que lo que ayer era inmoral e intolerable, hoy se defiende como política patriótica. No cabe duda que el “teorema de Baglini” sigue vigente. Un clásico que se niega a envejecer.
A pesar de todas las críticas que puedan hacérsele al ministro de economía Caputo, en rigor, nunca cambió demasiado. A lo largo del tiempo demostró ser coherente, que no siempre significa un atributo positivo. En este caso es todo lo contrario persiste en el error: defender el tipo de cambio con ventas masivas de dólares para ganar una elección y asegurar un seguro de cambio para los especuladores. Lo hizo en tiempos de Mauricio Macri, cuando ocupó fugazmente la presidencia del Banco Central y el mecanismo lo pone en práctica otra vez ahora con Milei. El problema no es Caputo. El problema es que quienes ayer lo demonizaban, hoy lo canonizan.
El diputado José Luis Espert, fanático libertario, es otro ejemplo de esta gimnasia discursiva: la misma vehemencia que exhibió para cuestionar a Caputo en el pasado, hoy la pone para justificarlo. Una oda a la contradicción.
“El fondo no te da la plata que te da para que Caputo le ponga precio fijo al dólar, le ponga techo para que sus amiguitos lo compren barato. La plata que te da el fondo es deuda pública, es deuda externa, después no nos quejemos contra la deuda externa. Usar los dólares del fondo para poner el techo al dólar es asegurarle la ganancia a los especuladores”, vociferaba Espert en versión mandril.
Mientras tanto, la economía se hunde en cámara rápida. La peor semana del gobierno de Milei dejó un saldo lapidario:
- Riesgo país en 1.500 puntos.
- Dólar oficial en $1.515.
- 678 millones de dólares vendidos en un solo día.
- 1.110 millones en toda la semana.
A este ritmo, como advierte la consultora 1816, las reservas líquidas se agotan en febrero. La consultora traza tres posibles escenarios: flotación libre sin bandas, devaluación con tipo de cambio fijo o el regreso del cepo. Esta última alternativa parece descartada porque implicaría reconocer la derrota cultural del mileísmo.
La Argentina necesita desesperadamente fondos frescos y como por arte de magia apareció en el radar el presidente norteamericano Donald Trump. No el FMI, sino Trump como prestamista de última instancia. El rumor de un préstamo millonario desde el Exchange Stabilization Fund de Estados Unidos por estas horas despierta más dudas que certezas.
La última vez que el gobierno de los Estados Unidos usó este fondo fue en 1995 para salvar a Méjico en la crisis del Tequila. El gobierno de Clinton le exigió a los mejicanos ajuste fiscal, reducción de salarios públicos, crédito restrictivo, información fiscal expuesta y hasta la entrega de ingresos petroleros como garantía. Por supuesto, nada es gratis y nadie como Trump a la hora de negociar.
Lo grave es que el plan económico ya está destartalado porque parece que necesita U$S 20.000 millones cada seis meses para seguir funcionando. No hace falta ser un “Messi de las finanzas” para darse cuenta que el esquema es insostenible.
La estrategia oficial era llegar a octubre con el dólar planchado y la inflación baja. Hoy, los analistas anticipan un salto cambiario inevitable tras las elecciones. El FMI, con o sin la plata de Trump, endurecerá sus exigencias después de las elecciones. Nada marcha de acuerdo al plan, salvo el relato, que se sostiene en un artificio cada vez más endeble.
A la crisis económica se le suma la política. El Congreso ya rechazó cuatro vetos presidenciales en septiembre. El oficialismo habla de un “golpe blando” impulsado por el peronismo. Pero más que una conspiración, lo que se observa es un juego de poder: un Ejecutivo que se niega a negociar frente a un Legislativo con mayoría opositora. En ese choque, no hay golpistas; hay institucionalidad funcionando. El problema es que en el 2023 la gente votó un Congreso para un lado y un presidente para el lado opuesto. No es cierto que el peronismo quiera voltear a Milei, no puede y no le conviene. Pero sí prefiere un Milei débil para negociar.
La crisis se aceleró, que se inició hace varios meses, porque el gobierno perdió las elecciones de la Provincia de Buenos Aires, incomprensiblemente nacionalizadas y porque perdió el control de la agenda parlamentaria. Pretender gobernar con decretos y vetos, sin diálogo ni consensos, es directamente suicida en un sistema institucional como el argentino diseñado para negociar. No se trata de desestabilizar a Milei; se trata de que Milei entienda que no se puede gobernar a los gritos.
Ahora, dejando de lado los aspectos económicos y políticos, la aceleración de la crisis también tiene que ver con el efecto de la soberbia. Sin lugar a dudas, el presidente Milei y su ministro estrella Caputo son los principales responsables. Se llevaban el mundo por delante. “Comprá campeón”, canchereaba hasta hace pocas semanas el ministro Toto y compraron. Ahora dice que va a vender hasta el último dólar para sostener la cotización en el techo de la banda. Desde abajo le gritan: “Vendé campeón, seguí vendiendo”.
* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.



