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El peronismo debate cómo convencer a los herederos de Cristina que no tienen su herencia

La reunión con los gobernadores y el movimiento obrero fue más duro de lo que muchos suponían para Máximo Kirchner y sus seguidores de La Cámpora. La mayoría aprueba que fue un fallo político pero no quieren que Máximo siga administrando la patente de Néstor y Cristina.

"Amigo, la hipocresía que vi hoy fue total... Gracias a Dios a mí la mayoría ni me representa", le dijo a MDZ un gobernador que estuvo hoy por la sede del PJ Nacional escuchando a Máximo Kirchner y al resto de las autoridades partidarias explicar las connotaciones que trae aparejada la prisión de Cristina Fernández de Kirchner. Fue uno de los tantos que no quiso tirar leña al fuego. En un velatorio no se discute, se respeta a los deudos, pero otra cosa será cuando se divida la herencia, fue el mensaje subliminal de la mayoría de los intendentes, gobernadores y representantes sindicales.

Oficialmente, y hasta nuevo aviso, el peronismo kirchnerista renovador quedó atrapado en la teoría del lawfare, en la que la viuda de Kirchner es una presa política. Su figura es tan trascendental en la mayoría de los actores políticos de Unión por la Patria, salvo las principales espadas del descolorido movimiento obrero y la mayoría de los gobernadores que no la tuvieron como el factótum para su llegada al poder.

Si bien los intentos por una nueva corriente con Axel Kicillof como líder son continuos, los desafíos que tiene el Movimiento Derecho al Futuro para no quedar como mero continuador del pasado son extremos, fundamentalmente por el peso que tiene la ex presidenta en el mundo que aún no lo tiene al gobernador como su representante político.

En el encuentro en La Plata, los intendentes y Kicillof ratificaron lo que nadie creía que era necesario ratificar, la continuidad del MDF como corriente política al tiempo que delinearon la manera en que llegarían a la Plaza de Mayo para darle el respaldo por lo que todos consideran una causa política contra la expresidenta. Pero también a los presentes les quedó bien en claro que Máximo Kirchner no podía ser el heredero político de su madre. ¿Lo dejarán también como negociador? Nadie puede responder esa pregunta.

El intendente de Escobar, que no participa del kicillofismo y sí es parte del Partido Justicialista que presidía Cristina Kirchner, Ariel Sujarchuk, volvió a innovar en la búsqueda de una argumentación mucho más efectiva que la que se da desde los propios protagonistas y sometió el fallo en contra de la ex presidenta de la Nación a dos plataformas de Inteligencia Artificial para que determine si está bien o mal condenada. Ambos resultados dieron una opinión más que favorable a la idea de lawfare esgrimida por le kirchnerismo. Las dudas sobre el castigo son muchas más que las certezas que los argumentos en favor de la sentencia.

Sin embargo, cuando termine la movilización en Plaza de Mayo, las discusiones volverán a su cauce natural y aflorarán, nuevamente, las diferencias que existen en el seno de lo que se conoció como Unión por la Patria.

Uno de los datos distintivos de la jornada de despedida de la expresidenta hasta nuevo aviso es que su hijo, ahora único heredero político deseado por la madre, no hablará en la convocatoria de las 14 horas. Si bien nadie lo pidió, los rumores que sobrevolaron todos los encuentros realizados en la sede del PJ Nacional tenían como destinatario al hijo de los dos presidentes. Inclusive uno de los que nunca pudo considerarse ni traidor y siempre actuó como un oráculo del peronismo, el gobernador formoseño Gildo Insfrán, dijo con todas las letras: "La unidad hipócrita no nos sirve para nada".

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El Movimiento Derecho al Futuro sigue creyendo que Kicillof es lo nuevo. La manta ideológica del gobernador es su mayor barrera

El Movimiento Derecho al Futuro sigue creyendo que Kicillof es lo nuevo. La manta ideológica del gobernador es su mayor barrera

Un agudo y filoso observador del peronismo, militante hasta ayer nomás de la causa, le confió a MDZ: "El kirchnerismo, en su fase actual, no ha logrado convertir la ofensiva judicial en una oportunidad política estructural".

Por cuestiones personales, el autor de esta reflexión prefirió que no se revelara su nombre. "La narrativa del 'lawfare' funciona como una vacuna emocional para sus bases, pero no penetra el espacio del electorado independiente ni genera una reacción sistémica del peronismo tradicional. No hay quiebre institucional. No hay efecto dominó. Desde el punto de vista táctico, la activación militante fue efectiva: contención del retroceso, movilización en calles clave y reposicionamiento de Cristina como figura simbólica central. Pero desde el punto de vista estratégico, el resultado es limitado. El Frente de Todos no se rearticuló en su defensa. Tampoco se expandió el bloque opositor al régimen judicial. La épica reemplazó a la estrategia".

Algo de esto se vio desde el primer momento entre los más experimentados intendentes y gobernadores, al igual que los devaluados dirigentes del movimiento obrero que, en los últimos años habían tomado distancia de la expresidenta. La movilización espontánea no tuvo la magnitud que la leyenda necesitaba.

La Plaza de Mayo estará colmada con consignas y manifiestos plagados de mensajes para la política, la gran preocupada por el “súper poder que tiene la Corte. Hoy es Cristina, mañana será cualquier otro por cualquier causa”, es el resumen de lo que opinan los aún habitantes de la casta, de la que también forma parte el trío de magistrados que confirmó la sentencia contra Cristina Fernández de Kirchner.

Nadie analiza que los tres supremos tuvieron que enfrentar cuatro años de amenazas e intentos de desestabilización, con jury político en su contra incluido durante la no presidencia de Alberto Fernández y, luego, la instalación de dos miembros en la Corte a través de un decreto de necesidad y urgencia presidencial. El fallo, discutido y calificado de político, fue, ni más ni menos, una respuesta cabal e íntegra al kirchnerismo y al mileismo que, en lugar de discutir, buscar consensos y analizar valores, solo pretenden imponer consignas y deseos, por más delirantes que estos puedan parecer.