El cliente no siempre tiene la razón, aunque lo diga la inteligencia artificial
Para ganar adeptos, tanto políticos como la inteligencia artificial, se esmeran en satisfacer a la mayor cantidad de clientes posible, omitiendo la ética
Aruba. Imagen creada con Inteligencia Artificial, el cliente no siempre tiene la razón
La ilusión de lo infalible se desmorona rápidamente ante el uso frecuente de la Inteligencia Artificial debido a la comprobación de sus defectos, algunos de gravedad sustantiva. La confianza que inspira está sobrevaluada y desde la dirigencia política no surgen respuestas para mitigar los riesgos ni preparar a la comunidad para su mejor uso
La esclavitud voluntaria
Aunque no es un fenómeno nuevo, cada día se acentúa más lo de la auto explotación, el concepto que describe con precisión y simpleza en su ensayo de 2010 La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han. La dictadura de los likes, el consumo desmedido e incontrolado de redes sociales y la accesibilidad tecnológica inducen a certidumbres peligrosas. Para todo existe una respuesta y con una velocidad extraordinaria, pero la calidad de las devoluciones es dudosa mientras el poder de verificación es escaso. El esfuerzo es sustituido por la presunta habilidad en el manejo de artefactos y por el conocimiento que tenemos de cada nueva aplicación. Recobra su sentido el antiguo refrán: lo que poseas te poseerá.
Profetas eran los de antes
El desarrollo tecnológico y la proliferación de medios han permitido que las teorías de varios filósofos, pero muy especialmente las especulaciones de Marshall McLuhan, se hayan convertido en nuestra realidad actual. En Guerra y Paz en la Aldea Global, anunciaba los cambios que estaban produciendo los medios de comunicación; presagió lo que luego sería la internet y en otro de sus ensayos, también de la década de 1960, anticipó que los aparatos electrónicos funcionarían como extensiones del humano, algo que podemos corroborar en los smartphones, si es que dejamos de mirar la pantalla por un instante. Advertía sobre las modificaciones que el avance en las comunicaciones implicaría en la sociedad mundial, aventurando las oportunidades que podría deparar esa interconexión planetaria y también los inconvenientes que esas alteraciones podrían producir con nuevos métodos de colonización. Hoy la posición dominante de no más de diez actores tecnológicos globales gobierna la vida digital de más de ocho mil millones de habitantes
Obsecuencia artificiosa
Todos quienes acudan a la Inteligencia Artificial de manera confiada, deberán considerar que no necesariamente encontrarán la respuesta adecuada ni el dato fidedigno, pero podrán quedar conformes por el trato cordial y la adulación innecesaria. La impostada amabilidad en los diálogos que generan los diferentes proveedores de Inteligencia Artificial conversacional, esconde el artilugio de ser contundentes a la hora de satisfacer las inquietudes, pero sin los pudores que podría generarle a un humano pronunciarse categóricamente en materias que no tiene noción. El concepto impuesto a principios del Siglo XX por los pseudo especialistas en mercadotecnia "el cliente siempre tiene la razón", la inteligencia artificial lo cumple sin necesidad de ponerse colorada y pedirá disculpas tantas veces como se le haga notar las defecciones.
Ambos mienten, pero la I.A. no insulta
La discusión en torno a si la Inteligencia Artificial piensa no está saldada. Definir a qué se le llama pensar es un debate en sí mismo que no puede estar definido por los clientes. Los casos en los que la Inteligencia Artificial ha fallado de manera rotunda son muchos más que los que se dan a conocer. El peligro que significa el error se agrava cuando se trata de la I.A. de carácter generativo, ya que inventa datos, historias y números inexistentes. Las indemnizaciones mil millonarias que han debido pagar distintas compañías de inteligencia artificial se lograron porque se pudo cotejar y comprobar que han generado historias jurídicas inexistentes o pudieron detectar engaño en la respuesta, y en otros casos se trata simple y llanamente de plagios y usos de derechos autorales sin consentimiento. En todos estos casos ha sido requisito revisar criteriosamente la generosidad veloz de este fenómeno. Y sí, tampoco es muy distinto a los relatos que imponen los dirigentes políticos de turno, cuando no pseudo periodistas, que fuerzan sus deseos para disfrazarlos de datos y pretender así convertirlos en realidad. La diferencia consiste, al menos por ahora, en que la Inteligencia Artificial, cuando se le imputan sus desaciertos e invenciones, no responden con otra nueva mentira y mucho menos con insultos.
La verdad no responde a las leyes de mercado
Según la clásica ley de mercado, cuando la oferta es escasa y la demanda se mantiene estable o crece, tiende a incrementarse el valor del producto o servicio. Hoy esa ley no califica para el sustantivo denominado verdad. Mientras parte de la sociedad reclama conductas decentes de quienes así lo prometieron, éstos eligen subterfugios, explicaciones abstrusas, argumentos rebuscados y en demasiadas ocasiones, con el concurso o auspicio de quienes simulan periodismo, dan respuestas que ofenden la inteligencia media.
Ni banales ni piadosas: peligrosas
La mentira flagrante; el ocultamiento; las denuncias falsas; las pruebas que la justicia archiva o abandona; las categorizaciones; las etiquetas que simplifican; las descalificaciones a quienes critican, le asestan duros golpes a la cada vez más debilitada -aunque escasa- depreciada verdad. Los gobernantes y funcionarios eluden contestar y cuando lo hacen optan por desacreditar a quien los inquiere. Etiquetar y categorizar a quienes los auscultan y critican les viene dando resultados exitosos, pero es peligroso.
Hannah Arendt lo sintetizó así en su texto Los Orígenes de Totalitarismo (1951) "Aplicar como política de Estado la mentira constante, no persigue el objetivo de que la comunidad crea una mentira, es la manera que tienen para garantizar que nadie crea en nada. De esta manera, el pueblo no puede discernir qué es verdad y qué mentira, por consecuencia no podrá distinguir entre el bien y el mal. Así es como un pueblo queda privado de poder criticar, de pensar, de juzgar. Sin que lo advierta, ese pueblo queda totalmente sometido al imperio de la infamia. Una vez conseguido ese estado de estupor, quien gobierna puede darle rienda suelta a sus deseos, sin que alguien se oponga"