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El arrastre mediático y la decadencia del pensamiento político

Los partidos buscan votos en los pasillos del espectáculo y no en el pensamiento. La Argentina, dice, necesita volver a la política que sabe hablar sin leer.

Esa persona “trae votos, aunque nunca ejerza con dignidad el cargo.

Esa persona “trae votos", aunque nunca ejerza con dignidad el cargo.

Archivo MDZ

Hoy la práctica es burda: se pone un nombre famoso arriba de una lista para que la boleta “jale”. No importa si carece de ideas, lectura, historia o capacidad de debatir. Esa persona “trae votos", aunque nunca ejerza con dignidad el cargo. Lo llaman “efecto arrastre”, pero es una estafa política.

En 2025 vimos esto con Virginia Gallardo, Porcel Jr., Karen Reichardt y otros rostros mediáticos que emergen en las boletas como carnada electoral. Pero el arrastre no legitima, sólo maquilla la debilidad de los partidos. Y esos partidos, al legitimar el uso del show por sobre los contenidos, condenan al país a un vacío intelectual. Cuando alguien sube a una banca sin conocimiento, sin rigor, los días de la política se vuelven sólo escena, y el Congreso un canal reenviado de slogans. Eso empobrece el debate, anula los procesos legislativos y reduce todo a frases fáciles pero huecas.

La figura mediática que no ha estudiado ciencia política, que no sabe siquiera de historia argentina más allá de un tuit, no puede ni debe representar. Porque gobernar no es actuar: es razonar. Y cuando premiamos la pose por encima de la capacidad, entronizamos la mediocridad.

OIP (33)
Diego Santilli.

Diego Santilli.

Los días de la política se vuelven sólo escena

Más allá del fallo de la Cámara Nacional Electoral que le dio aire, Diego Santilli representa la política que merece la Argentina que queremos recomponer: una política forjada en el tiempo, con estudio, formación y combate político real. No vino del espectáculo ni del rating: proviene del ejercicio institucional. Si alguna vez este país quiere salir del pantano, debemos recuperar el valor de la palabra profunda, del empresario público honesto y la dirigencia que ha hecho política de verdad. Santilli encarna eso: no lo eligieron por fama, lo eligieron por peso político. Eso hoy es una rareza.

Y no es sólo el arrastre: también hay candidaturas que nadie piensa que asuman realmente (testimoniales). Algunos van a “poner cara” para completar listas, sin intención de legislar. Eso es un ultraje institucional. Cuando candidatos vienen como señuelo, el voto del ciudadano es traicionado. No creemos en un sistema donde se juega con el símbolo, no con la sustancia. La Argentina no se reconstruirá desde los sets de televisión ni desde los flashes del rating, sino desde los pueblos, las universidades y los dirigentes que todavía caminan los pasillos de la política con vocación real. El país necesita volver a escuchar a quienes piensan, leen y discuten ideas, no a quienes se limitan a repetir slogans aprendidos de memoria.

La política nació en el territorio y debe volver allí

Al contacto con la gente, con sus necesidades y su historia. Santilli es parte de una generación que se formó en ese barro —el de la gestión y la responsabilidad—, y si queremos un futuro distinto, debemos apostar a eso: a la política de los que saben hacer política.

* Juan Pablo Chiesa es Especialista en trabajo y empleo. Magíster en empleo e innovación judicial. Diplomatura en IA aplicada a la gestión en entornos digitales

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