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Crece el malestar kelper con la Argentina tras el giro de Trump y el reclamo sobre las Malvinas

Los isleños reafirmaron su pertenencia a Gran Bretaña luego de que trascendiera el posible cambio de posición de Estados Unidos en el histórico conflicto.

Los kelpers decidirán el status político de las Malvinas.
Los kelpers decidirán el "status político" de las Malvinas.

En las Islas Malvinas volvió a crecer el malestar hacia la Argentina a pocas horas del mensaje que Javier Milei dará este jueves, en el que anticipó un anuncio importante sobre el reclamo de soberanía. La posibilidad de que Estados Unidos revise su histórica posición sobre la disputa, planteada por Donald Trump, generó expectativas en el Gobierno argentino y, al mismo tiempo, reavivó la preocupación entre los isleños.

Teslyn Barkman, exlegisladora, periodista y política malvinense, cuestionó la actitud del Presidente y sostuvo que las islas no pueden ser tratadas como un territorio que simplemente puede cambiar de manos. “Parece que somos una roca que se puede pasar de un lado a otro. No es una conversación bilateral, es una conversación sobre derechos humanos. Hay gente en el medio. Queremos seguir siendo libres”, afirmó.

Barkman ya había expresado en otras oportunidades una postura fuertemente crítica hacia la política argentina sobre las Malvinas. En una entrevista anterior, había sostenido que “la guerra no se ha ido”, aun cuando los combates terminaron hace más de cuatro décadas. Para la exintegrante de la Asamblea Legislativa de las islas, el conflicto no se limita a una discusión territorial entre Buenos Aires y Londres, sino que involucra directamente a los habitantes del archipiélago y su derecho a decidir sobre su futuro.

La dirigente también cuestionó especialmente a Milei por considerar que su política hacia las islas supone dejar de lado las necesidades de los propios argentinos. “Como isleña, es una verdadera lástima que Milei claramente no tenga ningún plan para ayudar al pueblo argentino a atravesar las dificultades económicas, más allá de lanzarnos ataques a nosotros y manipular a Estados Unidos para obtener su apoyo”, señaló a LA NACION.

Una identidad que los isleños no quieren discutir

La posición de Barkman encuentra eco en otros habitantes de las islas. James Peck, artista plástico y tatuador malvinense, calificó a Milei de “hipócrita” al cuestionar su alianza con Donald Trump y con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Pero también apuntó contra la sociedad argentina y su reacción frente a la cuestión Malvinas.

Según Peck, mientras los argentinos mantienen posiciones enfrentadas respecto de la seguridad, el crimen, la economía o las negociaciones con el FMI, la discusión cambia cuando aparece la palabra Malvinas. A su entender, allí se produce una suerte de consenso automático alrededor del reclamo argentino. El artista consideró esa actitud “patética” y cuestionó que el debate sobre las islas quede por encima de otras diferencias políticas.

El malestar también se percibe en la vida cotidiana de Puerto Argentino, principal población del archipiélago. El clima es particularmente sensible hacia los argentinos, con gestos que recuerdan que la guerra de 1982 continúa teniendo un fuerte peso en la memoria colectiva de los isleños. En el Victory Bar, por ejemplo, una imagen de Leopoldo Fortunato Galtieri permanece colocada sobre un urinario.

La tensión volvió a quedar expuesta incluso en el ámbito deportivo. Legisladores locales pidieron a la FIFA una sanción contra la Selección argentina después de que el equipo exhibiera el reclamo por las islas tras eliminar a Inglaterra. “No queremos que la política se mezcle con el deporte”, argumentaron. Finalmente, el organismo internacional multó a la Argentina.

La pesca, una fuente clave de ingresos

Detrás de la discusión política también existe una realidad económica muy diferente a la que tenían las islas antes de la guerra. La economía de Malvinas cambió profundamente después de 1982 y uno de sus principales pilares pasó a ser la explotación de los recursos pesqueros de las aguas circundantes.

Con una población de poco más de 3.000 habitantes, las islas obtienen importantes ingresos a través de las licencias que pagan las flotas extranjeras para pescar en la zona. Se trata de una economía pequeña, pero con elevados ingresos derivados de los recursos naturales que administra.

La transformación es significativa si se compara con la situación previa al conflicto. Hasta 1982, las Malvinas tenían una economía mucho más precaria, basada fundamentalmente en la cría de ovejas. La caída del precio de la lana había puesto en jaque esa actividad y el territorio dependía en buena medida de Gran Bretaña y de los servicios que llegaban desde la Argentina, desde combustible y transporte aéreo hasta maestras y atención médica.

La guerra terminó modificando ese escenario y, con el paso de los años, la explotación de los recursos marítimos permitió consolidar una economía mucho más próspera.

El petróleo abre una nueva etapa

Ahora, los isleños miran además hacia otro recurso estratégico: el petróleo. La expectativa está puesta en Sea Lion, el proyecto de explotación offshore cuya producción está prevista para comenzar en 2028.

Aunque todavía no se extrajo un solo barril, las perspectivas de la actividad petrolera alimentan las expectativas de una nueva etapa de crecimiento económico. Las islas ya cuentan con uno de los PBI per cápita más elevados del mundo: alrededor de US$111.000, según los datos citados por LA NACION, una cifra que multiplica varias veces la registrada por la Argentina.

Ese escenario económico ayuda a entender por qué cualquier discusión sobre la soberanía adquiere una sensibilidad adicional. Para los habitantes de las islas, no se trata solamente de definir quién ejerce el control sobre un territorio disputado desde hace décadas. También está en juego un modelo económico construido alrededor de la administración de sus recursos naturales y, hacia adelante, las enormes expectativas depositadas en el petróleo offshore.

En ese contexto, el anuncio de Milei y la posibilidad de un cambio en la posición estadounidense vuelven a colocar a las Malvinas en el centro de la agenda internacional. Mientras la Argentina busca aprovechar la eventual revisión de Washington, los isleños vuelven a remarcar que no quieren ser considerados una pieza intercambiable en una disputa entre Estados y ratifican su voluntad de seguir siendo británicos y mantener el control sobre su futuro.