Buenos Aires quiere poner una UCR fuerte en el poder nacional, pero en el medio sigue la interna
El radicalismo bonaerense, históricamente el principal motor del partido a nivel nacional, atraviesa una crisis profunda que amenaza con fracturarlo. En ese contexto, este viernes habrá dos reuniones paralelas para definir, o no, una nueva interna.
Maximiliano Abad, el único radical bonaerense con poder real.
Los antecedentes no son los mejores. La última pelea interna terminó judicializada y partió al entonces monolítico oficialismo partidario, comandado por Maximiliano Abad. Sin votos en el conurbano, el peso partidario se reparte en una treintena de municipios del interior, que no llegan a cubrir un par de municipios del Gran Buenos Aires, donde siempre están los votos. La última elección los vació de concejales y los dejó sin referentes en la mayoría de los distritos.
El radicalismo bonaerense atraviesa sus horas más oscuras. Con una conducción fracturada, y un presidente del Comité de Contingencia con una fortísima personalidad como Miguel Fernández, este viernes, al mediodía, el "abadismo" junto a Evolución se autoconvocaron en la sede provincial de La Plata para tratar de adelantar las elecciones partidarias, que pretenden que sean antes del mundial, y aprobar otros puntos del orden del día que son obligatorios para la orgánica interna.
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Por su parte, el presidente del Comité de Contingencia, Miguel Fernández, convocó para la próxima semana, el 12 de marzo, la reunión plenaria para discutir, entre otras cosas, el pedido de adelantamiento de elecciones del "abadismo" y Evolución; y algo vital de cómo se puede seguir financiando un partido donde buena parte de sus funcionarios y legisladores abandonaron el aporte partidario instaurado desde la misma creación de la UCR.
Hace quince días, en Mar del Plata, Maximiliano Abad y Diego Garciarena fueron los anfitriones de un encuentro en el que se mostró una nueva alianza entre dos viejos amigos y socios políticos que en la anterior interna fueron divididos. Es que no solo estuvieron Gustavo Posse y Daniel Salvador, sino que ya se empezaba hablar de un acuerdo los referentes de Evolución, con Pablo Dominichini a la cabeza. Este viernes también se convocaron, pero la mayor parte de los miembros del comité quedaron del lado de Fernández, aunque no los votos, según se desprende de la última interna.
Dominichini y Fernando Pérez fueron los impulsores de Evolución y los que provocaron que la interna terminara judicializada. Los escandalosos fraudes observados en Tigre, San Martín, Quilmes y La Matanza, entre otras localidades, puso en un freezer lo que tendría que haber sido una contienda más dentro de un partido acostumbrado a estas cosas. También al fraude, aunque fueron los que siempre combatieron esas actitudes en las elecciones nacionales.
Hoy el radicalismo se encuentra en un gran tornado, no de ideas, sino ideológico. Mientras que algunos tironean para entrar como puedan dentro de La Libertad Avanza, otros, con Fernández a la cabeza, creen que el partido debe mantenerse equidistante del gobierno e insistir con la experiencia que terminó diezmándolo de legisladores en la anterior elección legislativa bonaerense, con Somos Buenos Aires.
Un refinado y experimentado armador político, que ha sabido intercambiar listas y tener al radicalismo como la primera opción aliada, le confesó a MDZ. “Los radicales dejaron de ser un partido de poder. Cuando terminemos de ponernos de acuerdo nosotros (tampoco sabe muy bien adónde estará) luego iremos a hablar con ellos… Todo termina en un legislador nacional y otro provincial por sección”, sentenció.
Hoy por hoy, Abad es el único bonaerense con poder rea al ser un líbero en cada discusión donde el oficialismo necesita cada voto. En Provincia de Buenos Aires, su ex aliado, Pablo Giuliano, tiene solo dos años más en la Cámara de Diputados y quedó medio huérfano luego que Facundo Manes decidiera cruzar la General Paz y proponerse, sin éxito, como candidato por la Ciudad Autónoma. Por lo que Pablo Giuliano y Alejandra Lorden decidieron unirse al sector liderado por Miguel Fernández, quien cuenta con el apoyo de gran parte de los intendentes boinas blancas bonaerenses.
Un intendente que hoy representa el de mayor peso electoral y político es Miguel Lunghi, quien históricamente gobierna Tandil. Distrito clave de la Quinta Sección Electoral, de donde también es Abad, ahora exige la unidad y que no se derrame ningún esfuerzo en ninguna interna. Hasta hace poco, los aliados del "abadismo" lo contaban dentro de sus filas.
Por la falta de cohesión interna, que no se resolverá por más que convoquen a cumbres y contra cumbres, siempre surge la idea de la unidad. Uno de los especialistas en producirlas es el ex vicegobernador Daniel Salvador, quien sin embargo negó tal posibilidad por el momento. “No hay nada de eso”.
Lo que sí puede ser disruptivo es la posibilidad de que el radicalismo bonaerense presente un candidato a gobernador con posibilidades ciertas de discutir los temas que le preocupan a la gente, algo que no hace, hace mucho tiempo, el centenario partido. Alfonso Prat Gay fue tentado para ser gobernador.
Esta crisis bonaerense se agudiza por la falta de pertenencia partidaria de sus gobernadores. Maximiliano Pullaro hace equilibrio entre el antiperonismo de Santa Fe y una futura alianza con gobernadores de Provincias Unidas mientras que Leandro Zdero, de Chaco, directamente se abrazó al mundo libertario, al igual del siempre práctico gobernador mendocino, Alfredo Cornejo. Carlos Sadir también empezó a mejorar su percepción de Javier Milei por la apertura que le dio la última Ley de Glaciares mientras que Gustavo Valdez no puede hacer demasiado más que "Corrientismo". No en vano siempre se dice que si la Argentina está en peligro, Corrientes siempre saldrá en su ayuda.


