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A la suerte hay que ayudarla, más que un refrán

Aumentó el precio internacional de la carne pero Argentina exportó menos volumen. China limita el cupo y Estados Unidos no cumple su promesa.

VACAS SUPER

El refrán “a la suerte hay que ayudarla” no requiere explicaciones, pero si fuese necesario, en Argentina tenemos argumentos para exportar, en China lo saben.

El año del que nos separa poco más de un mes, tuvo en los precios internacionales de la carne vacuna un incremento del 38,1%, pero el aumento de divisas en nuestro país fue del 22.3%, o sea, sensiblemente inferior a lo que pudo ser si se hubiese mantenido el volumen exportado. Una demostración de que en ocasiones ni ganando dan ganas de festejar.

Asado

El ritual de festejar la amistad preparando un “asado” está lejos de los valores históricos, y aunque los celebratorios de la gestión del gobierno de Milei prestidigiten cifras, el consumo de carne de novillo y de vaca en Argentina viene en franca caída. De los 59,4 kilos promedio por persona de 2014 a los 44 kilos en 2024 describen un cuadro de situación. La sustitución no es con algún otro producto de parecida densidad nutricional (rico en proteínas y hierro) y en demasiados casos, la baja de consumo no ha podido ser reemplazada simple y dramáticamente por ausencia de recursos. Nuevamente la explicación se siente en el vientre y para los optimistas incurables basta un paseo por los datos. En noviembre del 2023, en el mercado interno, subió el precio de la carne y alcanzó, el kilo de asado, el borde de los $ 2.000 por kilo, mientras el salario mínimo era de $ 156.000. Hoy el kilo de vacío, por ejemplo, está en pizarra a $ 22.000 el kilo, mientras el salario mínimo es de $ 341.000. Exacto, la regla de tres es simple: en noviembre del 23 alcanzaba para 78 kilos, hoy para 15,5 kilos ¿hará falta un dibujito?

asado carne vacio costillas parrilla (2)

Destino incierto

La máxima de Séneca suena a descripción periodística de la actualidad: “no hay viento favorable para quien no sabe adónde va” Hoy ocurre eso con el sector exportador de carne. China, el primer comprador, impuso un límite a las importaciones. Aunque Argentina es el menos afectado de todos quienes exportan hacia el gigante asiático, ha generado malestar en la cadena. Y -creer o reventar- son los propios actores involucrados en las exportaciones cárnicas quienes esperan que el Estado los ordene. Algunos llaman al árbitro por temor a quedarse afuera. Otros porque no quieren perder oportunidades aprovechadas hasta hoy. Seguramente desde la tribuna se puede ver mejor el porqué de este pedido. Porque no existe un diseño inteligente desde el Estado, y los románticos de las libertades ilimitadas chocan en la esquina cuando no hay semáforos que ordenen el tránsito. El negocio de la carne sigue siendo superavitario y, a pesar de esta limitación en los cupos que impone China, ningún país con pretensión de desarrollo impide el consumo de este alimento. Ninguno, tampoco India como los lectores de Billiken insisten.

Grande y bobo

En el Globo, Argentina ocupa el séptimo lugar en cantidades absolutas de cabezas de ganado, detrás de Etiopía y Pakistán y, tal como la geografía señala, es el octavo país es extensión territorial, nada mal podría suponerse hasta que llegamos a la odiosa pero indispensable comparación. Uruguay exporta casi la misma cantidad de carne vacuna que Argentina siendo diez veces menor. En Argentina hay 1,17 vacas por habitante, en el vecino platense: 3,55 por persona. Además, en la tierra del Pepe Mujica los charrúas no exportan todo, comen más carne de novillo que los argentinos.

Arrebatado

Gracias al médico británico Edward Jenner y su descubrimiento de 1796, que atenuó el flagelo de la viruela con el auxilio de una vaca, y luego, en virtud de las mejoras introducidas por el químico francés Lois Pasteur, que se popularizó la prevención de enfermedades mediante la inoculación de vacunas, en Argentina no logramos vacunarnos contra las estafas políticas.

Entre las promesas y amenazas proferidas por Donald Trump para salvar de la debacle al gobierno de Javier Milei, prometió cuadruplicar el cupo de importación de carnes argentinas para el consumo interno de Estados Unidos. Transcurrieron más de tres meses, Milei consiguió apoyo en las urnas, Trump no para de pronunciar bravuconadas y ofertas magnánimas, mientras las exportaciones a USA se mantienen en 20 mil toneladas, frente a las 511 mil que admite China.

Masticando frustraciones

La elaboración de una planificación es indispensable. Quitándole grasa a las burocracias y alentando mayor producción, mejor articulación entre los actores, permitiría no sólo incrementar el volumen de ganado en pie y sus exportaciones, sino un menor precio para el mercado interno cuestión de no seguir deteriorando, también, la calidad alimenticia de la población. Esto confirma que es imprescindible recuperar el apetito de verdad y si no se les exige a estos personajes exóticos algo de cordura, decencia y trabajo organizado, la sociedad está en la parrilla y cada uno de los ciudadanos, al horno.