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Minería y vitivinicultura, socios estratégicos del desarrollo mendocino

Por el Día de la Minería, el diputado provincial Guillermo Mosso da su visión de cómo se puede desarrollar la actividad sin afectar otras como la vitivinicultura.
Foto: Gobierno de Mendoza
Foto: Gobierno de Mendoza

En Argentina, el Día de la Minería se festeja cada 7 de mayo, recordando ese día de 1813 cuando la Asamblea Constituyente sancionó la primera Ley de Fomento Minero. Aquel acto fundacional le dio impulso a esta actividad, que años antes había demostrado su utilidad estratégica suministrando los minerales extraídos en Paramillos, Uspallata, para abastecer de insumos al Ejército Libertador del General San Martín.

En esa doble dimensión -fundacional e independentista– se inspira esta celebración: cada 7 de mayo recordamos que la minería nació junto con Argentina, iluminando con su llama el camino hacia el desarrollo.

En la apertura del año legislativo provincial, el gobernador Alfredo Cornejo realizó una puesta en escena elocuente. De forma inesperada, colocó sobre la mesa una roca con mineral de cobre y una botella de vino para simbolizar que la minería y la vitivinicultura pueden convivir en Mendoza, compartiendo como nexo el cuidado del agua.

“Hagamos cobre, hagamos mejor vino y cuidemos el agua”, dijo haciendo una simbiosis entre nuestra riqueza potencial junto a nuestra riqueza tradicional. El mensaje es contundente: no se trata de elegir entre minería o vitivinicultura, sino de trabajar para que ambas prosperen de la mano, bajo estrictos controles ambientales y con visión sostenible.

Si Mendoza es internacionalmente reconocida por sus viñedos, ¿por qué no aspirar a ser reconocida también por una minería responsable que complemente y potencie nuestra matriz productiva? Lejos de ser actividades antagónicas, la minería y la agricultura pueden establecer alianzas virtuosas.

La experiencia de países vecinos ofrece ejemplos inspiradores de colaboración productiva. En Perú, por ejemplo, autoridades y productores han entendido que minería y agro forman parte de un mismo círculo de desarrollo. El ministro de Desarrollo Agrario y Riego peruano, Ángel Manero, lo expresó claramente: “Mientras mejor le vaya a la minería, mejor le irá a la agricultura, sin duda”.

¿En qué se traduce esto? En que la minería no solo aporta ingresos fiscales; también invierte directamente en el campo. Buena parte de la exitosa agro exportación peruana tuvo respaldo de capitales mineros en sus inicios. Hoy, empresas mineras en Perú cofinancian grandes obras de irrigación y represas que benefician a agricultores y comunidades enteras: agua para cultivos y para proyectos mineros, en una relación donde nadie pierde; el agro recibe infraestructura hídrica y financiamiento y la minería se integra al tejido productivo local.

En Chile también encontramos esta sinergia. El principal productor de cobre del mundo ha aprendido que minería y sector agrícola pueden complementarse en un entorno de escasez hídrica. En Chile la agricultura utiliza cerca del 72% del agua, mientras que la minería consume apenas entre un 3% y 4% del total. Aun así, la industria minera chilena ha innovado para reducir su huella hídrica, invirtiendo en plantas desalinizadoras y reciclaje de agua para no competir con los agricultores.

Hoy, buena parte del agua que usan las minas chilenas proviene del mar o de procesos de reutilización, lo que alivia la presión sobre ríos y acuíferos que nutren los valles agrícolas. En el norte chileno incluso se están implementando proyectos piloto de uso compartido, creando un círculo virtuoso de aprovechamiento múltiple del recurso. Estas experiencias de países vecinos demuestran que la dicotomía entre cobre o vino, es falsa.

Con normativa inteligente y cooperación, ambos sectores se potencian mutuamente. Como legislador mendocino, defiendo la visión de un desarrollo armónico y sostenible, donde la minería sea parte del motor económico sin desplazar a nuestras economías regionales tradicionales, sino fortaleciéndolas. Mendoza tiene la oportunidad de diversificar su matriz productiva incorporando la minería moderna, aquella que opera con estándares ambientales elevados, que respeta el agua como recurso escaso y que convive con la agricultura de la que tantos mendocinos vivimos.

No se trata de permitir cualquier proyecto a cualquier costo, sino de elegir proyectos responsables, con controles estrictos y participación ciudadana, que aporten empleo y recursos para la provincia. Imaginemos por un momento los beneficios. Con minería bien hecha podríamos beneficiar a los productores vitivinícolas incrementando los fondos para obras hídricas, como canales, reservorios, tecnología de riego, etc..

También podríamos generar energía e infraestructura en zonas hoy postergadas, haciendo más competitiva a la ruralidad. La minería, la agricultura y la vitivinicultura pueden ser aliadas -nunca rivales-, si las integramos en una planificación estratégica de desarrollo. Es lo que quisimos hacer con la efímera Ley 9209 en diciembre de 2019. Pero ese es otro tema. Respetando a rajatabla la legislación vigente, podemos incorporar una nueva actividad productiva, complementaria y no sustitutiva, sembrando hoy para cosechar mañana.

En este Día de la Minería, honremos la visión pionera de 1813, renovándola para el siglo XXI. Así como nuestros próceres dieron ese primer paso legal para fomentar la minería, hoy nos toca a nosotros dar los pasos políticos y sociales para conciliar desarrollo minero con protección del ambiente y el impulso de nuestras producciones. Ese equilibrio es posible y deseable: lo muestran nuestros vecinos, lo reclama nuestra gente del campo que entiende que la prosperidad de un sector puede impulsar al otro. Trabajemos juntos -Estado, empresas, productores y comunidades- para que el cobre y el vino se encuentren en un brindis compartido por el bienestar de Mendoza. ¡Feliz día de la Minería!