Confusión, falta de ideas y una frase peligrosa: qué hay "después" de Cornejo
El gobernador Alfredo Cornejo mide los humores de Karina Milei para que finalmente haya acuerdo partidario en el que logren una alquimia impensada y compleja hasta para los artistas plásticos: combinar el morado y el violeta, dos colores que intentarán pasar por iguales. En el oficialismo (que incluye las distintas versiones de Milei y Cornejo) la atomización de energías marea. Mientras tanto, el peronismo mendocino tiene una tensión extrema entre los intendentes y el kirchnerismo en el que buscan salvar nada menos que algunos concejales, los cargos políticos de menor peso político y con roles desdibujados en los últimos años. Hay otras estructuras políticas dispersas que también buscan alguna identidad para competir, pero cuya dispersión las diluye. Todos esconden sus intereses reales detrás de una frase hecha que ya suena miserable: “a la gente no le interesa”. Ese eslogan es empleado para cubrir las especulaciones y las demoras detrás de decisiones clave como las fechas de las elecciones provinciales y departamentales y hasta las motivaciones para las inversiones con los recursos del Estado.
Como pocas veces se ha visto en la historia reciente de Mendoza, la vida institucional está subordinada a los intereses partidarios de quienes gobiernan la Provincia y los municipios. No es nuevo, claro. Pero la incertidumbre y la falta de identidad política con la que conviven oficialismo y oposición los expone. Todo, en un contexto de alerta máxima: la participación de la ciudadanía en las elecciones y en actividades políticas cae y, en paralelo, la legitimidad real está en riesgo. El propio Milei lo sufre, aún en tiempos de éxitos sobrevalorados como el de la Ciudad de Buenos Aires, donde participó apenas la mitad del electorado posible.
En Mendoza, como se dijo, si Milei y Cornejo firman un pacto, habrá elecciones unificadas en octubre, como ha ocurrido siempre en comicios intermedios, con doble urna y dos boletas únicas. Ese es el anhelo del equilibrista Cornejo, que busca acordar con un tercer presidente de signo político distinto desde que está en el Poder. Salvo con Alberto Fernández, desde 1999 en adelante el gobernador de Mendoza se acercó siempre al oficialismo nacional.
Agendas
Cornejo ocupa un centralismo potente en la política local y quienes podrían aspirar a ser alternativa lo ayudan bastante, pues tienen atrofiados gran parte de los músculos necesarios para lograrlo. A favor o en contra, la figura del Gobernador sigue como eje para intentar construir. Mendoza tiene al menos tres problemas estructurales enormes: una profunda crisis de infraestructura básica, falta de generación de riqueza que incluya a más mendocinos con trabajo e ingresos dignos y una pobreza y desigualdad creciente.
El Gobierno local tomó algunas decisiones como parte de su plan para enfrentar esos tres problemas. Decidió usar los 1023 millones de dólares del fondo de resarcimiento para pagar parte de las obras básicas que la Nación no hizo ni hará (aún con el precio de que sean a costo hundido), apuesta a la minería como nueva actividad para genera riqueza, con un modelo “sui generis” de altísima influencia estatal y política. En ese camino, el Gobernador está en pleno proceso de cambio de la gestión de recursos estratégicos como el agua y los hidrocarburos. Superpoderes para Irrigación, acuerdos con YPF para descomprimir y ceder áreas, baja de regalías e impuestos, ponderación de las áreas de promoción y caída de rango de los sectores de control, altísima participación de los empresarios en la toma de decisiones y ponderación de un sector relegado y clave: la energía.
Una frase peligrosa circula en la política: solo Cornejo puede lograr cosas
Quienes en 2027 buscarán el poder aún no han construido un plan que muestre caminos distintos. Incluso hay contradicciones sobre el impulso o no a la minería, sobre cómo administrar recursos clave como el agua y hasta qué actividades impulsar. La oposición ha tomado como banderas para oponerse temas superficiales. Así, en Casa de Gobierno hay una frase que retumba y, tomada con algo de distancia del adormecimiento general, preocupa: que “solo con Cornejo” se pueden lograr cambios. Con aires mesiánicos, esa idea se asemeja a las improntas caudillescas más que a una moderna estructura política. Quienes tienen los pies sobre la tierra dentro del oficialismo, tratan de aclarar. “No es la idea de perpetuarse. Cornejo está tomando decisiones incómodas que otro no podría hacer por especulación. Por eso impulsa la minería, que no es un tema con el que se pueden ganar elecciones, pero que es clave para el futuro”, explica un traductor político del oficialismo que, claro, tampoco suele poner objeciones a las órdenes del cuarto piso.
Entre la idolatría y el temor, quienes se formaron a su alrededor sufren como una frustración esa obediencia que eligieron y de la que les cuesta tomar distancia. La centralidad de Cornejo es de nivel vernácula, algo similar a lo que le ocurrió a una generación de peronistas que tomaron a Cristina Fernández de Kirchner como ídola, antes que como referente política. Habría que repasar nombres. En el radicalismo Tadeo García Zalazar, los intendentes, y hasta Ulpiano Suarez, que no es cornejista, miden los movimientos del Gobernador para tomar decisiones sin molestarlo. Solo Luis Petri hace rancho aparte. En el PJ la generación de La Cámpora, con Anabel Fernández Sagasti como principal cuadro político, quedó atrapada en la jaula de juicios y prejuicios creada por la incondicionalidad a Cristina. La “renovación” para ese sector la componen dirigentes que tuvieron una plástica adaptación a los tiempos pero que tampoco lograron cambiar por ahora la imagen de un PJ perdedor.
Ganadores
El 2025 es un año electoral atípico porque se supone que el Gobierno nacional tendrá una política contracíclica: no habrá más gasto. En la Provincia no ocurrirá lo mismo, pues el shock de inversión en obras que habrá, por motivación propia y por sustitución, va a impactar desde lo económico y lo político.

Por eso también las obras urbanas que se ejecutarán en el Gran Mendoza, donde se juega el capital político el oficialismo, impacta negativamente en el Sur, donde la densidad poblacional y electoral no genera una onda expansiva suficiente. Los malarguinos están acostumbrados, pues ya sufrieron las frustraciones por el mal gasto de las regalías petroleras, el abandono de Potasio Río Colorado, el fracaso de Portezuelo del Viento y hasta les cuesta capitalizar la esperanza de Vaca Muerta.
La empresa de aguas, conducida por Humberto Mingorance, el Departamento General de Irrigación, que dirige Sergio Marinelli, el ministerio de Gobierno, que conduce Natalio Mema y tiene a Marité Baduí como coequiper en obras, son los grandes protagonistas de la administración del tesoro que Alfredo Cornejo empieza a gastar. Empresas como Cartellone, en obras viales, CEOSA, en irrigación, saneamiento y concesiones, Grupo Andesmar, en concesiones, Integra, en concesiones y recursos naturales, son algunos de los ganadores del nuevo poder que incluso trascenderá al actual Gobernador.
En pleno año electoral hay otros temas que inquietan y que llevan gran parte de la energía en el Gobierno, como ocurre con seguridad. Es un tema que genera hipersensibilidad. Por eso la búsqueda de hechos de impacto comunicacional, como los operativos en barrios vulnerables en los que hay más acción que resultados (en el asentamiento Castro hubo 20 allanamientos negativos y “positivos”) y una búsqueda de tamizar los hechos de violencia urbana para separarlos de la inseguridad (como ocurre con los asesinatos en enfrentamientos). Retomando la lectura de los humores sociales, la seguridad sí es un tema que, en consideración del oficialismo, “a la gente le interesa".

