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Axel Kicillof, con una mochila muy pesada que puede darle fin al kirchnerismo

Como un Caballo de Troya que tuvo que armarse sin querer, Axel Kicillof puede transformarse en el destructor del espacio que lo vio crecer y transformarse en gobernador. Empieza una semana definitoria
Foto: X de Axel Kicillof
Foto: X de Axel Kicillof

El kirchnerismo está subsumido en su lento pero inexorable final. O sería, al menos, una pausa para reconfigurarse en algo diferente a como se lo conoció en el apogeo de su reinado en la política argentina. Si bien el anuncio del “fin del kirchnerismo” viene siendo dicho casi como una profecía, lo que se está viendo ahora, con nitidez, es que son un conjunto nada despreciable en cantidad y calidad de los conducidos por Cristina Fernández de Kirchner están dejando de sentirse representados por ella y mucho más por su hijo, Máximo.

Hace media década, casi en una expresión de auxilio y también de rebeldía, el entonces intendente de Carmen de Areco, Francisco “Paco” Durañona y Vedia, había advertido que por la manera de conducirse, y sin falta de discusión, el kirchnerismo había empezado a dejar de ser un proyecto nacional para transformarse en uno que sólo se reflejaba en el conurbano.

Si bien nunca dijo que iba a ser candidata a diputada provincial por la Tercera Sección Electoral, y esa posibilidad terminó siendo una simple adaptación de los comensales en el asado realizado hace una semana en el límite de Ezeiza con La Matanza, los adláteres de Cristina dejaron en claro qué es lo que piensan hoy por hoy sobre ellos mismos al dejar trascender que la expresidenta iba a ser su representante en una de las dos regiones más importantes electoral y poblacionalmente de la Provincia de Buenos Aires.

¿Por qué, en lugar de la Primera, eligieron la Tercera? Porque el kirchnerismo camporista, básico, lineal, directo, presume que tiene más votos y más protagonismo en la zona sur y oeste que en la otra que representa el Noroeste del Conurbano. Si bien la cantidad de habitantes de ambas regiones son similares, la idea que siempre sobrevuela en la cabeza de La Cámpora es que en el cordón sur es donde tienen su cimiento electoral mucho más afianzado.

Entonces, el kirchnerismo no sólo dejó de ser un proyecto nacional para ser uno que sólo representa al Conurbano. Ahora se transformó en una corriente con base en la región sur del AMBA, conocida como la Tercera Sección Electoral.

Si bien hay nuevos actores acompañando algunas iniciativas de La Cámpora, asumiendo un kirchnerismo tardío- como el Movimiento Evita y el Frente Renovador-, también aparecieron un sinfín de dirigentes, legisladores, gobernadores e intendentes que ya no quieren saber más nada, o están decididos a mostrarse lejos de los designios de la expresidenta y de su hijo.

Como jamás en el pasado, la mayoría de los gobernadores que dicen representar al peronismo no se alinean con Cristina Kirchner. El que más dolor causó por su decisión fue Axel Kicillof, de Buenos Aires, quien hace casi un año se había acoplado con su par riojano Ricardo Quintela en un intento por conducir el Partido Justicialista Nacional. El riojano nunca, hasta el año pasado, había expresado una idea contraria a la conducción cristinista. Mucho menos nadie había osado a decir que no había firmado un documento donde su nombre aparecía por pedido de la expresidenta o de su hijo. 

Desde el jueves aparecieron rectores, legisladores y hasta un intendente diciendo que no firmaron lo que difundieron que habían firmado. Juan Grabois directamente denunció que uno de los suyos fue apretado para aparecer en el documento "Una sola Nación, una sola Provincia, una sola elección".

El posible fin kirchnerista lo define Kicillof, quien era como un hijo para ella. Siempre lo eligió como su representante, le ponía el oído a sus más osadas ideas económicas y terminó dándole todo el manejo cuando lo candidateó como gobernador bonaerense, en 2019. Inclusive ambos, juntos, presionaban a Alberto Fernández para que no sea tan abierto a la hora de enfrentar la pandemia del COVID y desde la Provincia se militaba por la “cuarentena eterna”.

Por lo menos, un proyecto pensado para veinte años, que se cumplieron en 2023.

Por presión de Cristina y Máximo Kirchner, Wado De Pedro programó la quita de fondos coparticipables a la Ciudad Autónoma y se la traspasó directamente a la Provincia que administra Kicillof. Fue en medio de una crisis policial que aún no se resolvió, pero que sirvió para sembrar todas las dudas al presidente que tenía rodeada la Residencia Presidencial de Olivos por patrulleros bonaerenses.

Esa experiencia, sin embargo, no ayudó a que los “hijos” de Cristina- el político y el natural- pudieran mejorar la sintonía entre sí. Kicillof y Kirchner nunca llegaron a sentirse parte de lo mismo. Las personalidades, muy diferentes entre sí, y los recelos agrandaban la distancia entre los dos. Y todo explotó cuando, tras la derrota de 2021, Máximo le pidió a través de su madre que lo obligara a cambiar el gabinete provincial al gobernador.

Ese cambio, que el actual presidente del PJ bonaerense venía reclamando de manera abierta o cerrada en reuniones políticas, llegó al cenit cuando Carlos “Carli” Bianco debió abandonar la jefatura de gabinete provincial para dejarle paso a Martín Insaurralde, el gran operador del jefe de la Cámpora con la estructura tradicional de los intendentes del peronismo en general.

Todo lo que vino después fue para peor. El triunfo de Kicillof en la Provincia, en 2023, solo aceleró la idea de que “quiere cortarse solo” que le dedicaba el hijo de los dos presidentes, y cuyo desenlace se puede dar esta semana, cuando el gobernador decrete el desdoblamiento electoral, algo que Cristina y Sergio Massa le vienen reclamando que no haga con diferentes argumentos que algunos toman como amenazas.