Desmayo, quejas y un susto sobre el final: el detrás del acto por Malvinas
Poco más de una hora antes de la llegada del presidente Javier Milei, el barrio porteño de Retiro ya albergaba una suerte de desfile militar que tenía como epicentro el cenotafio que rinde honor a los caídos en Malvinas ubicado en la Plaza San Martín. Allí, rodeado de varias figuras del oficialismo, grupos de veteranos y un escaso público civil, el mandatario encabezó su segundo acto por el 2 de abril desde que llegó al Gobierno.
A pocas cuadras de distancia, ya se hacía oír el ensayo de la orquesta del Regimiento de Granaderos a Caballo, una de las tantas unidades de las tres fuerzas que hicieron acto de presencia en la Plaza junto a sus característicos sables y sus cascos altos con el penacho color bordó. A ellos se sumaban formaciones del Regimiento de Patricios, la Armada, la Prefectura Naval y luego la escuadra de Gendarmería, todos con bayonetas, fusiles y sables.
Más allá de las formaciones ceremoniales, cientos de efectivos de la Policía Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Prefectura Naval y el Ejército resguardaban la seguridad de la plaza con un operativo que contaba con un doble vallado para evitar ingresos no autorizados.
Las restricciones de acceso, justificadas por motivos de seguridad y el limitado espacio del área donde está ubicado el monumento, despertó el enojo de algunos combatientes veteranos que se vieron impedidos de ingresar por no figurar en las listas administradas por el Ministerio de Defensa y Casa Militar, órgano dependiente de la Presidencia.
En diálogo con MDZ, desde la cartera que comanda Luis Petri le explicaron a este medio que el número "no superaba los 9 o 10", y se trataba de personas que "no estaban acreditadas y no se sabía con certeza si eran veteranos". "Por seguridad no los dejaron pasar al acto", agregaron.
Mientras tanto, otros grupos de veteranos y familiares de los caídos en Malvinas ingresaban por el sector derecho para colocarse frente al monumento. También asistió para rendir homenaje un grupo de 40 veteranos del Canal de Beagle, soldados que habían sido movilizados ante un inminente conflicto con Chile en 1978 que finalmente no entraron en combate.
Su presencia generó malestar entre algunos de los excombatientes que no se les permitió ingresar. “Es una vergüenza, dejaron entrar a la gente del Canal de Beagle, que no tiró un tiro, y a los veteranos nos dejaron afuera", aquejó Enrique, uno de los veteranos afectados, en diálogo con este medio. Por ese motivo, dos excombatientes le manifestaron a la salida sus quejas al jefe de Gabinete, Guillermo Francos.
Media hora antes de que comience el acto, la plaza también comenzó a poblarse con la primera plana del oficialismo, con la llegada de algunas figuras como el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona; su par de Seguridad, Patricia Bullrich; de Defensa, Luis Petri; Transformación y Desregulación del Estado, Federico Sturzenegger; Salud, Mario Lugones; el jefe de Gabinete, Guillermo Francos; el titular de la Cámara de Diputados; y por supuesto el vocero presidencial, Manuel Adorni, que en modo campaña luego se sacaría algunas fotos con personas del público.
Completaban la foto funcionarios de menor perfil como la recién ascendida secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal; su par de Cultura, Leonardo Cifelli; el vicejefe de Gabinete del Interior, Lisandro Catalán; el vicejefe de Gabinete Ejecutivo, José 'Cochi' Rolandi, o el vicecanciller Eduardo Bustamante. También se veían las caras de diputados libertarios como los bonaerenses José Luis Espert y Juliana Santillán y el salteño Carlos Zapata, pero también un radical "con peluca" como el neuquino Pablo Cervi.
Entre ellos conversaba la vicejefa de Gobierno porteño, Clara Muzzio, que venía a acompañar al alcalde Jorge Macri en un momento de particular tensión entre el PRO y La Libertad Avanza, motivada por la disputa electoral que se avecina en la Ciudad de Buenos Aires.
La gran -y esperada- ausencia fue la de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien en el marco de la cruda interna que atraviesa con el presidente Javier Milei no fue invitada por Casa Rosada y decidió viajar a Ushuaia para encabezar su propio homenaje a los veteranos y caídos en Malvinas.
Todo el evento era seguido de cerca por la cámara del cineasta presidencial, Santiago Oría, y el celular de Iñaki Gutiérrez, quien en su momento manejaba la cuenta de Tik Tok del presidente. Algo tal vez no captado por sus cámaras fue el desvanecimiento del abanderado de Prefectura -uno de los tantos ubicados detrás del monumento- a diez minutos de comenzar el acto. El joven uniformado fue asistido y se retiró por sus propios medios.
Inmediatamente, las sirenas policiales anunciaron la llegada del presidente Javier Milei y su hermana Karina. Ambos fueron recibidos por Luis Petri, Patricia Bullrich y Jorge Macri, quien saludó al mandatario con un apretón de manos, sin compartir palabras, algo que seguiría así durante la ceremonia. Toda la comitiva avanzó por un pasillo formado por miembros de las Fuerzas, que extendían su saludo mientras la orquesta de Granaderos tocaba a puro pulmón.
Detrás de las vallas, un público compuesto de menos de 200 personas observaba el comienzo del acto, que abrió con el Himno nacional, seguido por la presentación de respetos del presidente ante la placa del soldado desconocido y la entrega de la ofrenda floral en honor a los caídos en Malvinas.
Tras un minuto de silencio, el presidente dio un breve discurso de unos 7 minutos donde ratificó el reclamo de soberanía por las islas y planteó la línea del Gobierno para recuperarlas: "Buscamos convertir a la Argentina en potencia para que los malvinenses algún día prefieran ser argentinos". "Viva la libertad carajo", cerró el mandatario como es habitual, y luego agregó: "Viva la patria".
Para finalizar el evento, la banda tocó la Marcha de Malvinas, y Milei se retiró acompañado por su hermana y el ministro de Defensa. Allí se produjo el gran susto de la jornada, cuando un veterano que estaba entre el público del acto irrumpió en el pasillo en un intento de acercarse al presidente para ser rápidamente detenido por la seguridad.
Rápidamente salió a su encuentro Luis Petri, quien lo rodeó con el brazo y lo llevó de nuevo hacia el centro de la plaza. "Quería sacarse una foto con Javier y conmigo", le explicó luego el ministro a MDZ. Según detalló a este medio, el mendocino le había prometido la postal en la previa al veterano Guillermo Nicolo, quien tras ver al presidente retirarse decidió ir a buscarlo. Finalmente el excombatiente obtuvo su foto, aunque no fuera con la participación del líder libertario.