ver más

La pasión que une a Javier Milei con el "General" y todo un símbolo del peronismo

El presidente tiró varios títulos en su última entrevista con Alejandro Fantino. ¿El dato de color? La conexión con el fundador del justicialismo, más allá de que se encuentre en las antípodas.

Sorpresa. Al menos eso causó, en muchos, el final de la maratónica entrevista que el presidente Javier Milei brindó en Neura con Alejandro Fantino donde, más allá de hablar del plan económico, la salida del cepo cambiario y tocar puntos de la campaña ya iniciada, se permitió entrar en una especie de "ping pong" distendido. Hablaron de música clásica, de fútbol italiano, de la NBA, de los gustos deportivos en los que coincide con el ministro de Economía, Luis Caputo, y más. Dijo ser fan de "Los Ángeles Lakers" y sólo le faltó tirar un "dos potencias se saludan", aunque por doctrina es casi imposible.

Y dentro de ese más, el presidente tocó un punto de contacto con una bandera mil veces enarbolada por el peronismo, un caballito de batalla utilizado una y otra vez desde tiempos memorables, donde Argentina era comandada por el "General" y donde el deporte comenzaba a ser un elemento de propaganda política sin igual, aprovechando que rompía la brecha entre ricos y pobres, entre la clase alta y las clases media y baja; daba nuevas oportunidades y donde todos se unían detrás de un ídolo deportivo al que vanagloriaban si le iba bien, o al que crucificaban si le iba mal, como todo en el plano deportivo, donde todos se olvidan del color político para abrazarse por un gol, o para celebrar una piña bien puesta o una medalla de juego olímpico. Ojo, también hubo excepciones a esa regla, y Juan Domingo Perón lo supo muy bien.

El boxeo, elemento propagandístico sin igual en nuestro país, fue, y es, una herramienta para convencer a las masas. Juan Domingo Perón, en su primera presidencia, y hasta que fue derrocado por la "Revolución Libertadora" en 1955, lo entendió a la perfección, utilizando a un boxeador que, a pesar de no ser su debilidad, se transformó en todo un símbolo del peronismo. Fue nada más ni nada menos, que el "Mono" José María Gatica -militante a ultranza del presidente y Evita- quien no solo inspiraba al movimiento fundado por el "General", sino que además era un ícono de aquella época, por su historia personal (surgido y culminado en la más extrema pobreza) y por aquellos desenfrenados enfrentamientos con Alfredo Prada, en lo que es considerado, al día de hoy, como el clásico de todos los tiempos.

Prada y Gatica dividían no solo a un país, sino al propio Juan Domingo Perón con Evita. Él tenía una fuerte debilidad por el rosarino, de hecho era su amigo personal y lo llamaba "Pradita". Ella y su hermano, Juan Duarte, apoyaban al "Mono", tal vez porque vieron que era el que más se identificaba con la masa y la clase trabajadora. La por entonces primera dama era de concurrir a las peleas de Gatica. Más allá de eso, el "General" y el por entonces secretario de prensa del Gobierno, Raúl Apold, entendieron que era el nuevo símbolo del peronismo aquel hombre capaz de llenar un Luna Park y dividir al estadio entre "peronistas", que se ubicaban en las gradas, y "antiperonistas", todos integrantes de la oligarquía porteña y de la nueva clase media que buscaba lograr un estatus aun mayor dentro de la sociedad sentados en el ring side de Corrientes y Bouchard.

Juan Domingo Perón saluda al "Mono" Gatica.

La clásica frase del mercedino (nació en Villa Mercedes, San Luis, en 1925) "General, dos potencias se saludan", quedó marcada a fuego en la historia Argentina. Era habitual verlo a Perón saludar al "Mono" tras cada victoria extendiendo su puño y chocándolo con el del boxeador entre la segunda y tercera cuerda del cuadrilátero. Muchos, al día de hoy, la siguen utilizando. Marcó una época. Marcó un pacto entre ese deporte y peronismo. Gatica, que de pibe se ganaba la vida vendiendo caramelos y diarios y lustrando botas en plaza Constitución, era la bandera y el que mejor representaba al movimiento, tal es así que luego del derrocamiento de Perón las luces se apagaron, la plata -producto de los excesos- se terminó, la "Revolución Libertadora" le retiró la licencia en 1955 y lo mandó al ostracismo. Quedó, luego de divagar en la clandestinidad deportiva realizando peleas no autorizadas, en la más absoluta marginalidad, muriendo el 10 de noviembre de 1963, a los 38 años, cuando volvía a Villa Domínico luego de un partido de fútbol en la cancha de Independiente, lugar al que había ido a vender. En la esquina de Herrera y Pedro de Luján su vida tuvo final tras ser atropellado por un colectivo de la Línea 295. 

Sorpresa: Milei y el boxeo

Después de un breve repaso histórico y el vínculo entre Perón y el boxeo y el "nacimiento" de ese vínculo entre el pugilismo y la política, volvemos al inicio, a la charla entre Javier Milei y Alejandro Fantino. "Me gusta el boxeo, sí". Con esa afirmación, el libertario, que tranquilamente podría haber estado sentado en el ring side del Luna Park en la década del '50 por sus ideales políticos ajenos a la doctrina peronista, y haber llamado "Mono" a Gatica, quien en realidad quería que lo llamaran "Tigre" (apodo que bajaba desde la popular), tocó por primera vez, y a grueso modo, un punto de contacto con Perón y el mismísimo peronismo: el deporte de los puños.

"Cuando tenía tiempo para ver boxeo, me gustaba mucho ver peleas de mexicanos. Me gustan las peleas donde se cagan a trompadas", así describió su gusto el presidente de la Nación por el deporte de los puños. Claramente podría haber sido un amante de los combates entre Prada y Gatica, donde fajarse estaba a la orden del día.

Sobre aquellos boxeadores que admira, o admiraba, el libertario fue preciso al momento de elegir entre los argentinos: "Monzón me volvía loco", aunque aclaró que no era el único, porque "Galíndez también".

Imagen generada con inteligencia artificial

"Me encantaba Sugar Ray Leonard. Las peleas con Mano de Piedra Durán, aunque la que más me gustó fue contra Hagler", se sinceró. "Los fajadores me gustan", respondió ante la insistencia de Fantino con Roberto Durán.

La breve pero sorpresiva charla, terminó con un "en términos de exquisitos me gustaba Holyfield. Tyson me encantaba". Ni más, ni menos, otro político al que el boxeo lo puede y lo tienta, al menos en este caso, a verlo por televisión.

El boxeo como herramienta de propaganda política

El boxeo, a lo largo de su historia ha estado más que vinculado a la escena política argentina. Claro está aquel vínculo entre Juan Domingo Perón y el "Mono" Gatica, el cual fue entendido por otros gobiernos democráticos como la punta de lanza para llevar adelante campañas políticas disfrazadas de "apoyo" a boxeadores en franco ascenso en la escena local o de alto perfil nacional en internacional.

No por nada, y para no irnos tan lejos en el tiempo, campeones mundiales de la talla de Omar Andrés "El Huracán" Narváez, Marcela "La Tigresa" Acuña y Víctor Emilio "El Tyson del Abasto" Ramírez, entre otros tantos, tuvieron la venia política que les permitió realizar combates internacionales dentro de nuestro país, algo que en otros tiempos hubiese sido imposible sin el "aporte" del Estado.

Daniel Scioli acompañando a Víctor Emilio Ramírez, el "Tyson del Abasto".

Figuras políticas -todas peronistas- de la talla de Daniel Scioli, apadrinando al "Tyson del Abasto"; Hugo Curto (exintendente del partido de Tres de Febrero) con Marcela Acuña -hasta que rompieron políticamente-; el fallecido Mario Das Neves (exgobernador de Chubut) con el "Huracán" Narváez; y hasta el propio Sergio Massa siendo intendente de Tigre; apostaron al boxeo para ganar popularidad, buscando el espaldarazo entre los pugilistas del momento vistiendo estadios con sus nombres y poniendo millones de pesos a las promotoras para hacerse con los eventos deportivos del año dentro de sus territorios. La televisación en un prime time de sábado por la noche era, y sigue siendo, un negocio redondo para la política argentina.

Otra que lo supo ver fue la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner quien, durante su primer mandato y en su despacho de Casa Rosada recibió a las 8 campeonas mundiales que reinaban en simultáneo allá por 2011. Marcela Acuña, Yésica Bopp, Carolina Gutiérrez Gaite, Yésica Marcos (muy vinculada al peronismo mendocino), Mónica Acosta, Anabela Farías, Fernanda Alegre (tenía fuerte respaldo de Camioneros) y Carolina Duer (vinculada al kirchnerismo) llegaron a Balcarce 50 para lograr una foto que fue tapa de casi todos los diarios papel del país.

Cristina junto a las campeonas mundiales y Alicia Kirchner.

Guantes rosas enfundados, la por entonces presidenta se animó a una especie de clase pública dirigida por Marcela Acuña, referente del boxeo femenino nacional (por ser la licencia número uno) y que de política y peronismo entendió todo, llegando a ser concejal del partido de Tres de Febrero, lugar que eligió como base de operaciones, junto a su marido y entrenador, Ramón Chaparro, una vez que decidió abandonar su Formosa natal.