La doble realidad de Mendoza y las elecciones que miran de reojo para decidir
La realidad argentina dinámica; aunque con una tendencia a la redundancia que inquieta. El viernes había quienes intentaban detener el tiempo para tratar de entender. El Gobierno venía de “festejar” que la pobreza había bajado según los datos del INDEC; pero casi de inmediato esa realidad cambiaba porque la inflación subía por arriba del 3% y los alimentos, en menos de un mes, habían subido más del 5%. Se anunció la salida del “cepo” y la liberación del dólar, con la consecuente devaluación de hecho que puede traer acarreada y, mientras, se agudizaba la construcción de una épica discursiva en la que se asemejan los hechos financieros a los logros deportivos.
El “nuevo” escenario está abierto a lo que pueda ocurrir desde el lunes, aunque hay antecedentes de sobra para analizar y comparar. Los gobernadores son meros testigos; no se enteran antes, no los consultan y solo reciben información ya procesada para adaptarse y mitigar efectos. Aún cuando hay decisiones que comparten, como ocurre con quienes gobiernan en Mendoza.
Mientras tanto, la especulación política crece en medio de la incertidumbre. En Santa Fe se vota para reformar la Constitución y aunque pasará desapercibido para casi todos, en Mendoza lo siguen de cerca. De avanzar la iniciativa de Maximiliano Pullaro, Mendoza será la única provincia sin reelección del Gobernador. ¿Será el de Sata Fe un espejo en el que la Provincia buscará reflejarse?
La reforma de la Constitución es la ambición más frustrante de todos los gobiernos y de los radicales en particular: todos lo intentaron y todos fracasaron. Cornejo tiene la ventaja de haber logrado un cambio en la interpretación de la Corte sobre los requisitos para hacerlo y, aunque lo nieguen hasta el cansancio, la idea está siempre latente; incluida la reelección del Gobernador. El contexto social y político es extremadamente adverso a esa idea, por lo que la sola mención parece extraño; más allá del sueño latente de los cornejistas que piensan en el jefe eterno. El caso de Santa Fe tiene una impronta distinta. Pullaro es una figura clave para entender el escenario político: es radical, de una generación diferente a la de Cornejo y, junto con otros dirigentes cercanos, aparecen como la renovación en la oposición nacional. El gobernador de Santa Fe, igual que el intendente de Rosario Pablo Javkin, fue compañero de militancia de muchos “hijos políticos de Cornejo” que se resignaron a quedar bajo el ala del “jefe”. La elección de Santa Fe también será un test para los oficialismos a la que le prestan atención en Mendoza, pero lo será más aún la de la Ciudad de Buenos Aires, en mayo.
Esas dos contiendas son seguidas de cerca. Son elecciones en las que hay dispersión en la oposición y el sello partidario de Milei (La Libertad Avanza) va separado. La de la provincia del Litoral también tiene el condimento institucional. El Gobernador tiene una urgencia política que lo incomoda. Como nunca antes, Alfredo Cornejo depende de variables que no maneja para trazar un horizonte político: si lo aceptan en La Libertad Avanza, si a Javier Milei le va bien o mal y si consigue candidatos potables. Por eso ni siquiera se sabe si Mendoza votará este año o no. El escenario más probable hoy es que sí, pero con dos urnas. Esa es la idea principal que militan en el Ejecutivo, pero el plan B para postergar las elecciones sigue vigente.
Mientras, la vida ocurre en Mendoza.
Un avión de Aerolíneas aterriza en el Aeropuerto de Mendoza y al seguirlo con la vista desde el Acceso Norte pueden verse algunos techos de lo que parecen ser casas, pero no alcanzan a completarse como tales: chapas, maderas cuarteadas y construcciones apretadas. Ya desde la puerta de ingreso la realidad presiona sobre el paisaje urbano de una Provincia que exporta postales distintas.
Ahí, en ese caserío, vive Ana; una mendocina que apenas pasa los 30 años y fue parte de un grupo de niños emblemáticos para la provincia. Es una sobreviviente: algunos de los que convivieron con ella en el “Buci” (un edificio abandonado del centro) están muertos, otros presos y varios de ellos sin inhallables.
Desde 2003 a la fecha Ana se convirtió en madre y abuela. Vivió mil promesas, intentos y frustraciones. En algo más de dos décadas pasaron crisis, devaluaciones, acuerdos, anuncios, 5 presidentes, una década desganada, 6 gobernadores. Ella vivió en Luján, Capital, Godoy Cruz y ahora en Las Heras, en una villa que crece junto al Aeropuerto. Su familia sigue casi igual que como vivía ella cuando era niña a principios de los 2000; como el 40% de los mendocinos que se consolidan como grupo humano al margen de la formalidad, de la posibilidad de trazar un horizonte mejor. Dice el Indec que la pobreza bajó en Mendoza, pero aún 4 de cada 10 personas viven en hogares en los que no existen los recursos económicos mínimos. Y solo tomando la mínima canasta de bienes considerados para esa estadística, que no incluye gastos obvios como el acceso a la vivienda.
En Mendoza hubo un salto de la pobreza que no se puede penetrar hacia abajo. Como ocurre desde hace más de una década, se construye un futuro con problemas. Según el informe de “caracterización” de la pobreza realizado por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) se traslucen realidades que sugieren una reproducción futura de las carencias. Y, lo peor, parecen situaciones dadas; obvias. Así, por ejemplo, la tasa de empleo entre las familias pobres es 20 puntos más baja. La calidad de los empleos es mucho peor: en los hogares pobres al 63,1 % de los jefes de hogar no tienen aportes jubilatorios. El 40,4% de ellos trabajan pos su cuenta. En esos casos, vale aclarar, se trata de tareas informales y hasta changas. Casi la mitad de las familias que viven en la pobreza tienen un clima educativo bajo (bajo nivel de escolaridad) y sus jefes en un 30% no han terminado el secundario. El IERAL había advertido algo al respecto, pues un tercio de los trabajadores mendocinos no tienen el secundario completo.
Los niños y adolescentes son los más afectados por las carencias estructurales. “En promedio los hogares bajo la línea de pobreza están conformados por poco más de 4 personas, mientras los no pobres no llegan a 3 integrantes en promedio. A esto se suma, que los hogares pobres cuentan en promedio con una mayor cantidad de niños… Hay en promedio 1,6 personas menores de 18 años y 0,4 menores de 5 años. Mientras que, en los hogares no pobres, esos valores se reducen considerablemente”, describe el informe de la DEIE.
Llegar a fin de mes es una utopía y por eso “el 84,6% de lo hogares pobres utilizan estrategias precarias de subsistencia”. Desde vender pertenencias, hasta pedir préstamos informales está en esa lista que encabeza la convivencia con las carencias; es decir empeorar la calidad de vida.

