Jaime Abello Banfi: "En estos tiempos, el periodismo debe tomar riesgos, no puede quedarse quieto"

Cartagena de Indias, Colombia
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A 98 años del nacimiento de Gabriel García Márquez, en el pueblo de Aracataca, Colombia, Jaime Abello Banfi, una de las personas que lo acompañaron en sus últimos años, con quien creó la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano(actualmente Fundación Gabo) conversó con MDZ en las oficinas que tiene en Cartagena de Indias. "A Gabo me lo imagino experimentando con las nuevas tecnologías", señaló al recordar al padre del realismo mágico.
La discusión sobre el ejercicio y la ética periodística fue uno de los pilares que atravesó toda la carrera de García Márquez. "El único consuelo que nos queda es suponer que muchas de estas transgresiones éticas, y otras tantas que avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad sino por falta de dominio profesional", dijo el escritor en 1995 en el discurso de inauguración de la Fundación.
Hoy, con Abello Banfi a la cabeza, la Fundación Gabo sigue ese legado y se propone discutir qué está pasando en el oficio. En estos tiempos, la decisión de Donald Trump de cortar los fondos destinados a combatir la desinformación, el aumento en la tolerancia a regímenes autoritarios en todo el mundo y la llegada de nuevas tecnologías crean un escenario "complicado para el desarrollo de la prensa".
Sin embargo, Abello Banfi sostiene que "es momento de tomar riesgos". Hoy cualquiera puede decir que "es periodista", pero realmente la confiabilidad del periodismo exige un gran esfuerzo de producción", señaló durante la entrevista con este medio.
--¿Qué tareas están llevando a cabo desde la Fundación?
Este año la Fundación celebra sus 30 años de existencia. Es una institución iberoamericana que trabaja no solo en Colombia, el país donde nació, sino también de manera constante y amplia en otros países de América Latina, España y Portugal. Creada por García Márquez, a veces se piensa que es un homenaje a él, pero en realidad fue él quien la fundó. La Fundación mantiene como prioridad las actividades e iniciativas vinculadas al periodismo, que es su misión original. Esto incluye talleres de formación, becas para la producción de trabajo periodístico y estudios sobre nuevas tendencias. Con el apoyo de Google News, realizamos dos estudios sobre emprendimientos nativos digitales en Latinoamérica, llamados El Hormiguero fases I y II, donde analizamos en profundidad este sector de medios emergentes que surgió en la última década. También organizamos el Premio Gabo, cuya convocatoria cerró con 2.200 trabajos participantes. Actualmente, más de 50 jurados de todo el continente están evaluando las postulaciones. Por otro lado, el Festival Gabo, que llega a su edición número 13, se celebrará en Bogotá del 25 al 27 de julio. Este año será especialmente relevante, ya que abordará los problemas y adversidades en las que se desarrolla el periodismo. Se trata de un encuentro con la ciudadanía, pero también de una fuente de inspiración para mantener la fe en esta profesión. Además, realizamos el taller de libros periodísticos, que valoramos mucho. Lo llevamos a cabo con Martín Caparrós y, debido a sus circunstancias de salud, este año tendrá lugar en su casa.
--¿Cómo está viendo al periodismo en este momento?
Los desafíos van creciendo. Está claro que Donald Trump y Elon Musk son enemigos de la prensa. Medidas como la suspensión de los fondos del USAID afectan directamente al trabajo periodístico, porque es el principal financiador contra la desinformación. Y después hay un claro retroceso de la democracia. Todos los informes recientes, como el del Freedom House y el de The Economic Intelligence Unit, muestran eso. Además, hay una mayor tolerancia a regímenes de corte autoritario. Todo eso crea un ambiente complicado para el desarrollo de la prensa, hay un cuestionamiento permanente al trabajo periodístico, y se quiere instalar la idea de que difundir noticias falsas, mentir y hacer guerras y campañas en redes sociales es la verdadera forma de la libertad de expresión. Es lamentable. Esto nos obliga a repensar el lugar que debemos tener, a todo esto hay un problema fundamental, que es la economía de los medios, que se ha marchitado.
--¿Y en ese repensar, qué lugar queda para la ética periodística, en esta era donde se sobrevive por existir?
La ética es una brújula que, a veces, tiene un curso fijo. Pero, en momentos de navegación difícil, la brújula ética es muy importante, porque hay que tomar riesgos. Definitivamente el periodismo tiene que tomar riesgos, no puede quedarse quieto. Es necesario cultivar la audiencia, pero también atraerla. Allí la ética tiene más vigencia que nunca, pero no es tan fácil fijar límites claros en medio de una tormenta, como la que estamos viviendo. Hoy en día mucha de la información que se consume es a través de imágenes y del medio sonoro, entonces tenemos que diversificar los abordajes, hacer experimentos y tratar de emocionar, pero sin excedernos. Todo eso implica tomar riesgos. Por otro lado, tenemos que seguir demostrando que somos los mejores, o los más confiables, al menos. Hoy cualquiera puede decir que "es periodista", pero la credibilidad del oficio exige un gran esfuerzo de producción.
--En ese escenario, ¿cómo piensa que juega la inteligencia artificial y las nuevas herramientas que surgen?
Tenemos que preguntarnos cómo utilizarlas en provecho de la misión de dar información periodística, basada en hechos verificados. La inteligencia artificial es una herramienta invasiva. Lo más importante es que no pierda el control humano, la responsabilidad editorial, el punto de vista la mirada del periodista. Todo lo que sirva para hacer las cosas más rápido, mejor y desplegar información es bienvenido. Pero, si claudicamos y dejamos todo en manos de la máquina, ya estamos yendo a un escenario que definitivamente no es el que nos interesa, estamos escribiendo nuestro propio testamento de alguna forma.
-- ¿Qué rol debe ocupar la empresa periodística en un contexto cómo este, donde surgen nuevas herramientas y el financiamiento cae cada vez más?
A la empresa periodística hay que desearle lo mejor de las suertes, porque está pasando por etapas difíciles. Creo en algo que fue muy importante siempre y que tal vez últimamente no se le daba esa importancia: la necesidad de contar con periodistas comprometidos, es decir, gente con vocación y valorar en el trabajo. Hoy en día parece que se trata de montar una fábrica de textos. De eso se encarga la inteligencia artificial. Sin embargo, hoy más que nunca hace falta ese responsable editorial, ese punto de vista calificado que dan las personas. La alianza entre los periodistas de vocación y la empresa periodística es clave para el futuro. En segundo lugar, hay dar la lucha por los recursos, que básicamente, por la rentabilidad y la sostenibilidad económica, requiere de ese factor humano. También es hora de entender que hoy en día las personas pueden actuar como empresa. De alguna manera, la marca personal de los periodistas es tan importante como la marca empresarial. Eso es el producto de la confianza.
--Este escenario que recién describía, con periodistas comprometidos con la verdad, muchas veces hace ruidos a los anunciantes, a las empresas, a los gobiernos. ¿Cómo cree que debe manejarse esa tensión?
Los anunciantes públicos y privados se retiran cada vez más del periodismo, esto está clarísimo. Hoy en día invierten más en sus propias estrategias de comunicación, en la propaganda en redes sociales o en medios de comunicación creados únicamente para sostener campañas políticas Eso es evidente. En ese escenario, yo creo que el periodismo serio tiene que reconocer que, en última instancia, el verdadero patrón, al que hay que responderle, no es al dueño de la compañía, es a la audiencia, a sus comunidades. Tiene que trabajar en sostener una masa fuerte de audiencia. Es válido que no sólo sea con periodismo de información, puede ser también con otras estrategias complementarias. En Argentina, por ejemplo, hay casos interesantes de grandes empresas periodísticas que supieron cultivar núcleos importantes de audiencia, a través de sus clubes de servicios. Eso les ha ayudado a sortear parte del problema. Se trata de fidelizar, atraer, cultivar audiencias. Y si para ello es necesario tomar riesgos con los tradicionales patrones, que eran los anunciantes o los políticos, pues hay que tomarlos.
--¿Qué lugar queda para la capacitación?
La Fundación tiene claro que hoy en día no sólo trabajamos con periodistas, sino con contadores de historias. El propio festival en su agenda así lo asume. Yo sé que la tendencia natural es a defender el trabajo y eso es legítimo, pero la realidad nos lleva hacia reconocer que este ecosistema de información y de opinión, que antiguamente era el dominio de los periodistas, ahora es más amplio. Sería ideal que los periodistas sean los mejores de ese ecosistema. Para eso la capacitación continua es fundamental. También es importante que los otros actores del ecosistema asuman valores del buen periodismo, ético y de calidad. Además, hay que reconocer que el sector del entretenimiento puede darle al periodismo herramientas expresivas, artísticas, creativas para esta nueva etapa, donde se busca llegar a más públicos y atraerlo.

--¿Qué diría hoy Gabriel García Marquéz sobre la formación de los periodistas? Él dejó muy en clara su posición, pero eran otros tiempos.
Mirá, él dijo que el periodismo es un género literario, para resaltar el lado creativo del periodismo. Pero al mismo tiempo se preocupaba por la ética. El periodista tiene la responsabilidad de entregar información seria y de calidad basada en hechos verificados. A partir de ahí, también tiene, y es un deber de supervivencia, que hacerlo de manera creativa. No hay un solo discurso periodístico. No alcanza con el tradicional, a lo mejor tenemos que complementarlo, y ponerlo en diálogo con otros discursos y otras formas de expresión. Es decir, lo único que no podemos admitir es inventar y decir mentiras. Pero, sí tenemos que atraer, emocionar, seducir, y allí, a lo mejor el discurso periodístico tradicional queda corto en esta época.
--¿Cómo se lo imagina a García Márquez haciendo periodismo en estos tiempos?
Me lo imagino experimentando o fomentando la experimentación. García Márquez fue una persona que tuvo tres agendas creativas: la literatura, donde se permitió todas las libertades, el periodismo, donde quiso, sobre todo, comprender la realidad, contarla, comentarla y plantear su visión crítica de la sociedad, y, por otro lado, el cine donde hubo proyectos que se concretaron y otros que no, allí buscaba construir una narrativa audiovisual latinoamericana, que realmente compitiera a las narrativas del norte, especialmente con Hollywood. Me lo imagino en esos tres campos.
--¿Qué texto le recomendarías a alguien que está por arrancar a leer a García Márquez?
Hay distintas maneras de abordarlo. "Cien años de soledad", que es su obra máxima, tiene un grado de complejidad interesante. Yo recomendaría las novelas cortas, "El coronel no tiene quien le escriba" y "Los funerales de la mamá grande", que es una colección de cuentos, de la misma época. Y más adelante recomendaría un libro que está muy cerca del periodismo, que es "Crónica de una muerte anunciada". Tal vez sean tres maneras no tan complicadas (28:29) de empezar el recorrido por la obra de Gabriel García Márquez, que es una obra en libros, no sólo de orden literario, sino también periodístico.



