Kicillof le pedirá a sus aliados algo que no quieren y confrontará con Milei
En un clima de tensión interna con sus socios de Unión con la Patria y la amenaza lanzada por el gobierno nacional para intervenir la Provincia por los dramáticos casos de inseguridad que conmovieron a la opinión pública, Axel Kicillof inaugurará mañana un nuevo período de Sesiones Ordinarias ante la Asamblea Legislativa provincial.
Si bien no estará, Javier Milei tendrá un rol central no solo en el mensaje del gobernador sino, además, en el modelo que presentará la gobernación para la presentación de Kicillof, en la que la prensa no tendrá límites para trabajar tal cual sucedió el domingo en el Congreso Nacional. “Tampoco tendremos que cortarle la cabeza en las fotos a nuestra vice”, ironizó un miembro del equipo del gobernador que se ríe por lo que pasó entre el presidente y su vice Victoria Villarruel. Verónica Maggario, la vice de Kicillof, es una de las personas más leales que tiene el Ejecutivo en el legislativo bonaerense.
Igualmente, desde hace más de una década, el trabajo de los profesionales de prensa fue dificultoso tanto por los armados de los “corralitos” como por la limitación del aforo del propio senado bonaerense.
Varios intendentes que apoyan el Movimiento Derecho al Futuro, presentado hace quince días por Kicillof para diferenciarse de las otras líneas internas del kirchnerismo, están planeando movilizar para acompañar al gobernador en su presentación pero siempre fuera de la legislatura, acotada para los invitados especiales.
El gobernador, con minoría parlamentaria y fuertes diferencias con sus aliados, que no trabajaron para conseguir las manos para aprobarle el plebiscito, la fiscal impositiva y el endeudamiento que le sirve para postergar el pago de la deuda flotante provincial, reclamará, aunque sin decir lo que desea, que sea el parlamento y los miembros de su propio partido los que decidan qué hacer con las PASO. Suspendidas a nivel nacional, la ley aprobada hace diez años en la Provincia obliga a ser modificada para que se concrete un cronograma electoral más flexible y con posibilidad de desdoblar en el ámbito bonaerense.
La tensión interna es la que impide que Kicillof pueda fijar un cronograma de acuerdo a sus intereses sin terminar de romper relaciones con Cristina Fernández de Kirchner. Si bien no se hablan, la ruptura apresuraría la crisis interna y se le trabaría mucho más la ya conflictiva sanción de leyes para su gestión.
La semana pasada, luego que Milei pidiera a través de un mensaje en X su renuncia y la intervención federal de la Provincia, Kicillof enfatizó su enfrentamiento personal y político contra el presidente y si bien le pidió que trabajasen juntos para resolver la problemática de la inseguridad, no movió ningún músculo para ejecutar un acuerdo con las autoridades nacionales, a los que responsabilizó por no frenar el tráfico de estupefacientes, uno de los motivos más notables del aumento de la delincuencia en el Gran Buenos Aires.
“Vamos a confrontar 100 x 100 con el modelo que encarna Javier Milei” le confesó un ministro muy cercano al gobernador. Es que la motosierra afectó los fondos que anteriormente le giraban los gobiernos peronistas a la gestión bonaerense, hasta en exceso. Esa parálisis en la llegada de dinero por diferentes emergencias trajo aparejado que múltiples obras, con diferente grado de avances, se hayan detenido abruptamente al igual que también otros programas vinculados con la educación, la asistencia social y el sistema de transporte público, cuyos subsidios corren exclusivamente por cuenta provincial.
El tema de la Inseguridad también será eje del discurso del gobernador. No abandonará su mirada más garantista que la que propone el gobierno nacional, pero dejará en claro que pretende articular con todos los sectores el inicio de una solución para este flagelo, inclusive la discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad y el inicio de una reforma judicial que responsabilice con claridad la labor de cada eslabón del sistema.
Los últimos días fueron calmos, pero no disiparon la desconfianza entre los montescos y capuletos del mundo del peronismo kirchnerista. Kicillof no modificó en nada no solo su rutina sino la manera de pararse ante las amenazas directas del gobierno nacional. “No pide ayuda, y si se la brindas, parece que lo querés esquilmar”, dice uno de los intendentes que lo apoyó días atrás, participó de la reunión en la Casa de Gobierno pero se fue casi con la misma sensación de ruptura que había antes del X de Milei y la intervención.
“Creíamos que nos iba a hablar, a convocar a una nueva etapa, pero nada”, agregó. Del otro lado, quienes siempre pensaron que ahora es el tiempo de Kicillof y pedían un bondadoso paso al costado de Cristina Fernández de Kirchner, presumen que serían las primeras víctimas en una posible unidad y eso los abroquela contra esa instancia.
En un par de meses, además, el gobernador, tal cual adelantó su ministro de Economía, Pablo López, tendrá que recurrir a la legislatura para que le apruebe el endeudamiento pretendido para los primeros días del año. Sin presupuesto ni fiscal impositiva, los recursos son cada vez más finito para iniciar un movimiento tal cual él lo pretende.