Dos exámenes le devolvieron la calma a Milei: la incógnita es por cuanto tiempo
Pasó una semana donde hubo de todo en la política argentina, pero por encima de cualquier análisis reapareció cierta calma en el elenco presidencial. No está claro cuanto durara esta primavera política que consiguió Javier Milei con los dos éxitos rotundos que cosechó el miércoles pasado, la aprobación del DNU sobre la emisión de deuda dentro del acuerdo con el FMI y el fracaso de la protesta en el Congreso que, disfrazada de reclamo previsional, intentó durante dos semanas desestabilizar de la mano de kirchneristas, mano de obra siempre dispuesta de los negocios más oscuros del fútbol, la izquierda que nunca pierde la oportunidad de ser esclava del peronismo y también algún militante con intenciones genuinas a favor de los jubilados.
El gobierno recuperó aire tras varios días de malas noticias que, a falta de muñeca política experta en las huestes de La Libertad Avanza, pusieron en duda la capacidad de maniobra oficial en este complicado año electoral. Ese respiro quedó en evidencia entre quienes pudieron acceder a Javier Milei en las últimas horas.
El presidente no solo esta eufórico por haberse sacado de encima el examen que supuso el paso del DNU por la Cámara de Diputados, sino que también cree que ganó combustible para endurecerse en las batallas que tiene que librar con las negociaciones que vienen. Demasiada alegría y seguridad en materia política puede ser riesgosa en procesos complicados como el que vive argentina.
De todas formas, hay noticias como para que mantenga su alegría. Milei sabe que el acuerdo con el FMI está cerrado a nivel técnico y por eso ya anticipó que la fecha será a mediados de abril. El presidente y Luis Caputo ya definieron la letra fina que aceptó el staff técnico del Fondo y las condiciones mínimas de aprobación del nuevo acuerdo.
No hace falta repetir que las incógnitas pendientes, para el público en general, siguen siendo el monto de desembolso y el impacto que el acuerdo tendrá en el manejo futuro de la política cambiaria, pero pueden adelantarse algunos puntos que ya no son secretos para muchos en el gobierno.
El acuerdo tiene, como explicó Carlos Burgueño en MDZ esta semana, un piso de aporte de efectivo que será, como mínimo, equivalente a los desembolsos que no se realizaron durante el año pasado por los pagos que Argentina le hizo al FMI por los vencimientos del acuerdo vigente. Solo por ese rubro el acuerdo debe aportar casi US$ 10.000 millones. Sobre ese monto puede venir el cálculo de aporte de fondos frescos que defina el organismo para un Facilidades Extendidas que será firmado por una tasa menor a la que se aplicaba hasta ahora a la Argentina: eso supone un ahorro de US$ 4500 millones durante los 10 años de vigencia del nuevo acuerdo.
En la cuenta hay que sumar, más allá de lo que disponga el Fondo, el aporte del Banco Mundial y el BID. Ambos organismos multilaterales de crédito normalmente acuden en ayuda para sumar préstamos colaterales cada vez que el FMI cierra un acuerdo.
Esos préstamos están dirigidos a financiar políticas y obras puntuales con impacto social. La realidad es que al final esos préstamos son dólares que ingresan al Banco Central y después el gobierno define en pesos la forma en que los aplica. Es decir, juegan el mismo rol de refuerzo de reservas del BCRA que los desembolsos del Fondo que esta vez están comprometidos para reforzar el balance de la entidad y cancelar la deuda que tiene el Tesoro por las ya famosas Letras Intransferibles que le metió el Estado al Central durante años para llevarse fondos que fueron irresponsablemente liquidados para financiar gasto público.
En una semana en la que Cristina Fernández de Kirchner fue noticia, una vez más, por su reaparición en un acto universitario y por la decisión de Washington de cancelarle la visa de ingreso a ella, sus hijos y a Julio de Vido, conviene repasar los números que hoy son el centro de la operación de “limpieza” del balance del Banco Central por parte del gobierno de Javier Milei.
En sus mandatos varios, Cristina Fernández de Kirchner se llevó casi US$ 79.000 millones del Banco Central colocándole esas letras intransferibles que, de última, fueron pagarés que solo puede cancelar el Tesoro sin valor para el mercado. Esa operación terminó minando al límite de la muerte al Banco Central, como Milei repitió constantemente en la campaña presidencial. Ahora bien, el presidente dijo en ese momento que cerraría el BCRA para que eso no sucediera. Fue al mismo tiempo que anunciaba la llegada de la dolarización. Hoy los propios libertarios le encontraron utilidad a un peso que se mantiene frente al dólar anclado como motor de estabilidad, aunque esa política cambiaria este ahora en el medio de las dudas y también en relación con los pedidos del FMI.
Hay otros números de la historia reciente argentina que provocan, como mínimo, pánico. El kirchnerismo sigue haciendo bandera de la crítica a Mauricio Macri por el préstamo de US$ 44.000 millones que le otorgó el FMI durante su mandato. La amistad de Macri con Trump es usada como argumento del otorgamiento de ese desembolso histórico y más ahora cuando Estados Unidos decidió cerrarle la puerta a Cristina por delitos que la Justicia ya comprobó y por otros que el FBI y la CIA analizan desde hace tiempo.
La historia reciente de la deuda argentina desmiente todos esos desvaríos kirchneristas. El problema es que Cristina Fernández de Kirchner y sus ministros siempre tomaron en cuenta para el cálculo el tramo de la deuda que más les interesaba. Y, como se sabe, no hay peor mentira que una verdad a medias.
Por ejemplo, cuando Cristina dejó su segundo mandato como presidente, la deuda total entre la emisión en pesos, la deuda actualizada por CER, la emitida en dólares, la deuda del Tesoro y la del BCRA, sumaban US$ 268.091 millones.
Si sumamos esos mismos rubros, tal como explica Salvador Di Stéfano, en el final del mandato de Mauricio Macri la deuda total ascendía a US$ 340.204 millones.
Y por si el kirchnerismo no quiere hacerse cargo de su último mandato, en el que puso como gerente a Alberto Fernández, vale recordar que la deuda por el mismo cálculo al 10 de diciembre de 2023 ascendía a US$ 488.015 millones.
Sería irrespetuoso afirmar que frente a esa orgía de deuda los US$ 44.000 millones del FMI son casi una anécdota, pero la realidad es que lo es y sobre todo porque fue contraída para compensar ese desequilibrio heredado.
Cuando se cierre el acuerdo con el FMI comenzará una nueva etapa para Javier Milei. El mercado local, con sus alzas y bajas de los últimos días, el temor ante el impacto que tiene en el mundo la guerra comercial desatada por Donald Trump con un nivel de discrecionalidad pocas veces visto y la incertidumbre del nivel de tasas que terminará fijando la FED, espera que el Fondo firme cuanto antes para tener algún nivel de certezas.
Después de ese día vendrán otras batallas hasta llegar a octubre. La Libertad Avanza no tiene un partido que permita mostrar estabilidad en sus estrategias. Y ese es otro de los grandes problemas del presidente. Las vergonzosas imágenes de la sesión en la Cámara de Diputados de la semana pasada son la prueba más acabada de ello.
Como se dijo antes, la mano de Guillermo Francos y la estrategia de enviar por DNU, que exige solo la ratificación de una cámara para mantener la vigencia gracias a la reglamentación que la propia Cristina hizo votar en 2006 para que su marido no tuviera problemas con los DNU, salvó las papas y permitió que el debate por el acuerdo con el Fondo no se convirtiera de nuevo, como le pasó a Alberto Fernández, en un escándalo parlamentario sin salida.
El gobierno negocia con gobernadores con vistas a otro problema que tiene por delante: moderar el impacto que puede tener la primera semana de abril el debate de los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla en el Senado. Para el kirchnerismo ya desapareció cualquier chance de rentabilidad política de un acuerdo con el oficialismo y hoy, como le gusta a Cristina, solo busca sangre.
El gobierno tiene ese frente por delante, junto con el cierre de listas y el acuerdo que debe lograr en la provincia de Buenos Aires. Todo indica que Milei mantiene su nivel de imagen positiva, sus oponentes son tan malos que lo ayudan todos los días a mantenerse allí. Fuera de eso está la inflación que, tras ser controlada, muestra un incremento de precios por alimentos en marzo que preocupa a todos. La suba en ese rubro ronda el 3,2 % para todas las consultoras. Ninguna agenda está cerrada.


