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El escándalo Libra y la estrategia de comunicación de Santiago Caputo

Santiago Caputo es una de las figuras de más confianza en el entorno de Javier Milei. Su desempeño dentro de la política argentina genera debate y despierta interrogantes.
Presidente Javier Milei y Santiago Cputo. Foto: X (@JMilei)
Presidente Javier Milei y Santiago Cputo. Foto: X (@JMilei)

En su sugerente análisis de Las Meninas, Michael Foucault señala la novedad de que, en ese cuadro, Velázquez se pinta a sí mismo asomándose por atrás del caballete. Hasta ahora el pintor no aparecía en su pintura, a partir de ahora el autor forma parte de la representación y, entonces, la naturaleza de su presencia resulta cuestionada. Para ser eficaces, las narrativas de gobierno tienen que penetrar discretamente en el imaginario colectivo, transformarse de a poco en sentido común. Para eso es importante que no se vean las oscuras operaciones detrás de escena y, sobre todo, que no aparezca de frente el escenógrafo. Cuando se le ve la cara al titiritero, el teatro de títeres pierde su encanto.

Al ser tan frágil desde el punto de vista institucional el gobierno de Javier Milei depende mucho del relato. Milei es plenamente consciente de esto y delegó ese relato en Santiago Caputo y su equipo. A Caputo se lo compara con un Rasputín porque opera con gran astucia entre bambalinas, ni siquiera es funcionario y sus soldados son en parte contratados por el gobierno y en parte no, sin que la frontera esté clara. Cuenta, además, con el soporte de la SIDE para todas las operaciones off the record. Hasta ahora se movía sigiloso como un gato, desde las sombras proponía la agenda, embarraba la cancha, lideraba la conversación digital con las fuerzas del cielo como brazo ejecutor. 

Las Meninas, es una de las obras de mayor tamaño de Velázquez.

Se ganó el puesto de principal consejero del presidente, integrante del triángulo de hierro junto con Karina Milei, a partir de la exitosa campaña electoral de 2023. El propio Milei lo señaló el día del triunfo como “el arquitecto de todo esto”, como “un gigante que se mantiene en las sombras”. Fue el escenógrafo del discurso de asunción de Milei afuera del recinto, de espaldas al Congreso, en las escalinatas, como hacen los presidentes de Estados Unidos. En la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de 2024, por primera vez Caputo se tornó visible frente a las cámaras que lo filmaban. Un año después, se lo vio claramente en un video realizar gestos amenazantes a Facundo Manes, ir a buscarlo al pasillo del Congreso para prepotearlo y marcharse mascando chicle como un matón.

Algo cambió a partir del cripto escándalo. Después de un 2024 mejor de lo que propios y ajenos esperaban, en el que el gobierno de Milei logró reducir la inflación y el déficit fiscal controlando el Congreso, las redes y la calle, a pesar del ajuste y la agresividad comunicativa, el año 2025 arrancó complicado. 

Los tres frentes están complicados. El Congreso, por la suerte que puedan seguir los pliegos de los jueces de la Corte nombrados por decreto y el (nuevamente) decreto que avala la negociación del acuerdo –aún inexistente- con el FMI, y por la permanente gravitación del caso Libra. Las redes, porque los trolls primero se quedaron nudos ante la magnitud del escándalo cripto y, después, no lograron recuperar el control de la agenda ante las secuelas del caso y la sucesión de noticias negativas (repercusión del Libragate en la prensa de referencia internacional, apagón masivo en Buenos Aires a pesar de las subas de tarifas, trágica inundación en Bahía Blanca que vuelve a poner sobre el tapete la necesidad de inversión en infraestructura, etc.). Según la Consultora Ad Hoc en el mes de febrero el sentimiento digital hacia Milei fue en promedio un 52% negativo, 34% positivo y 14% neutral. En la calle, los agredidos que se movilizan ya no son sólo los trabajadores estatales, jubilados y universitarios, también lo son LGTB y feminismos, algunos productores del agro y personal del sistema de salud, organizaciones sociales, hinchadas de fútbol, muchos periodistas. Y estos grupos se retroalimentan en las movilizaciones. 

Santiago Caputo. Foto: MDZ.

El caso Libra fue un escándalo propio de un sistema híbrido de medios, en el que los medios profesionales y las redes sociales comparten y amplifican la información, con gran capacidad de registrar y archivar las pruebas. Hay trazabilidad de todos los movimientos de Libra, por ejemplo, además de videos con testimonios incriminatorios al entorno del presidente de Hayden Davis y otros inversores. No faltan datos para la investigación de la justicia argentina y, sobre todo, estadounidense. 

La consecuencia del escándalo siempre es la pérdida de reputación del líder implicado. Ahora Milei aparece como un estafador (para los más alejados) o como un estafado (para los más cercanos). En cualquier caso, se revela como un ingenuo y un ignorante del mundo cripto que promueve y sobre el que decía saber. Libra también hizo mella en su imagen de autenticidad y en su brutal honestidad. Descubrimos todo un mundo de arribistas y verdaderos estafadores que tiene acceso a él y sospechamos de pedidos de coimas para lograr ese acceso.  

El dato de la imagen pública de marzo de Milei recogido por Zuban-Córdoba es de 41,7% positiva y 58% negativa. Sin embargo, es persistente la voluntad de una mayoría de salvar la reputación de la persona de Milei. En cambio, su aura sí se desgasta. Quizás no es la imagen de Milei la que cae sino la de Caputo, responsable de esa aura. La primera filtración de la región trasera (off, backstage) a la región frontal (lo que se hace público) durante el caso Libra fue la entrevista arreglada con Joni Viale. En el crudo se ve el momento en el que Caputo interrumpe la entrevista para corregir al presidente quien acaba de decir que Cuneo Libarona, Ministro de Seguridad, asumiría su defensa.

Quizás no es la imagen de Milei la que cae sino la de Caputo.

 Varias cosas se pueden decir sobre el episodio. Primero, la confusión de Milei entre el ámbito público y el privado tal vez no sea fuente de delito formal, pero es una transgresión a la ética pública del estado de derecho. Por eso argumenta que difundió la inversión desde su cuenta personal de X, lo mismo que desde ahí cree que está autorizado a insultar, amenazar o falsear la realidad (o publicitar una universidad privada). Segundo, el peligroso ascendiente que tiene Caputo sobre Milei y que pareciera que irrita a la hermana del presidente. Tercero, la trampa que los periodistas le empiezan a tender al comunicador del gobierno (como el editor que publicó en crudo en el portal de TN).

Caputo & co son maestros propalando consignas contra la casta a partir de la creación de una relevancia artificial en las redes. El mago del Kremlin es fiel seguidor del libro en que se inspira. Dice Guiliano de Empoli, el autor, que hoy la meta del poder es “crear engagement, no se trata de coherencia, ni de verdadero o falso. Tiende a ir al extremo porque esto es lo que funciona mejor en el sistema de plataformas de Internet”. Pero este aceleracionismo también puede desgastar rápido el relato que sirvió para arribar a gran velocidad al poder. Puede poner dentro del cuadro una estrategia disimulada de comunicación política, revelando que no está a la altura de la complejidad del momento. 

Damián Fernández Pedemonte

Damián Fernández Pedemonte (Profesor de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral e Investigador del Conicet)