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Cornejo, los desafíos de Mendoza y el riesgo de acostumbrarse al poder

El oficialismo local tiene un serio problema de identidad por la orfandad política nacional. Enfrenta grandes desafíos, pero lleva 10 años en el poder. Mingorance y el riesgo de justificar todo.
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“Abren la escuela para enseñar, pero tienen que darles de comer antes”, explica exdirector de escuela. “Le entregan una casa con dos habitaciones, pero adentro viven 12 personas hacinadas”, comenta un referente vecinal de Ciudad. “Amplían el Aeropuerto, pero para llegar hay calles que son un desastre”, dicen a coro los empresarios turísticos.  “Impulsan la minería, pero no hay caminos, energía, ni infraestructura”, se quejan los empresarios del sector. El contraste entre la Mendoza que se cree o pretende ser y la que es puede generar angustia. Es la provincia en la que conviven la pujanza y la riqueza, con un 60% de los niños que viven en hogares que no pueden elegir qué comer o, incluso, no tienen qué comer. "Siempre vas detrás, es desesperante. Se hace un barrio, pero faltan 10. Arreglás una calle y te explota la cloaca. Viene una inversión, pero no hay energía", analiza un exitendente radical. 

Al gobernador Alfredo Cornejo le toca conducir una provincia que tiene el enorme desafío de reinventarse, con un estado de situación de altísima vulnerabilidad por las carencias sociales, productivas y de infraestructura. Menos presión tendrían Cornejo y su equipo si no fuera que cumplen una década en la gestión y que, en algunos casos, se topa con un vicio extraño para la tradición de alternancia que tenía la provincia: acostumbrarse al poder. El Gobernador repite que sus gestiones de hoy son más para dejar un legado que para construir poder y popularidad. Por eso, explica, el impulso a la minería, una actividad demandada en algunas zonas, pero con problemas para permear en la opinión pública de la zona urbana de Mendoza, con mucha influencia electoral. 

Un barrio del IPV, rodeado de basurales y junto a la UNCuyo. 

Como ya se mencionó, la Fiesta de la Vendimia pasada dejó una fotografía del estado de situación de la Provincia: el Vino quedó en segundo plano y hay otras actividades que tendrán más protagonismo; la Provincia perdió peso político en el concierto nacional y el partido que gobierna tiene un problema de identidad que marea.

Hay un gobierno que cumple una década en el poder, varias intendencias, experiencia y algunas frustraciones. Alfredo Cornejo, como líder, y un grupo de radicales deambulan en busca de un sitio político que los cobije. Son radicales, pero su espacio político a nivel nacional es, desde hace tiempo, más una federación de partidos vecinales y provinciales antes que una alternativa de poder real en el país. Cornejo no logró construir una alternativa, su candidata Bullrich no ganó y tampoco pudo, como quería, liderar al grupo de gobernadores radicales y del Pro que hasta por una cuestión generacional parecen en otra frecuencia. Martín Lousteau no los representa y la pelea por la supervivencia parece estar unida a la voluntad de Javier Milei, con el enorme riesgo que eso conlleva. En el radicalismo aún están estupefactos por lo ocurrido el miércoles pasado. Mientras había protestas y represión en la calle, en el recinto los oficialistas se peleaban de manera vergonzante por miserias propias.

Mientras la orfandad nacional se profundiza, puertas adentro de la Provincia el oficialismo traza la matriz de lo que consideran la Mendoza del futuro. Y lo hacen en soledad, como casi todo desde 2015. Cornejo y Marinelli, por ejemplo, dejan sentadas las bases del control del agua en la provincia para los próximos 30 años. También ocurre con los recursos naturales no renovables, como la minería y el petróleo. YPF, por ejemplo, está en proceso de culminación para transferir las áreas maduras y su director Horacio Marín ya preanunció que no será el fin: busca que en el futuro inmediato la empresa estatal se dedique solo a Vaca Muerta. En el proceso de revisión entran otros activos relevantes de Mendoza como Chachahuén (que podría ser vendida o reconvertida gracias a su potencial geológico). El otro plan estructural es el educativo, donde el Gobierno plantea nuevos puntos de partida para la enseñanza de materias básicas y tecnología.

Justificaciones

Hubo un hecho simbólico que sirve como ejemplo de la dinámica política de Mendoza. El polifuncionario Humberto Mingorance tiene inconsistencias en su declaración jurada de bienes y la polémica pareció saldada porque el gobernador Alfredo Cornejo dijo que lo había explicado bien; que estaban justificados sus bienes. Esas palabras sonaban como orden, más que como opinión. Cornejo puede opinar sobre Mingonrance como jefe, pues lo ha contratado como funcionario desde que era intendente de Godoy Cruz, como compañero de militancia y también como exvecino, pues fueron parte de un emprendimiento inmobiliario, con otros funcionarios, en calle San Francisco del Monte de Guaymallén; lugar que ha sido sede de varios encuentros políticos internos. Justamente sobre ese inmueble Mingorance habló y aclaró que ya no le pertenece. Tampoco lo tiene más Cornejo.

El respaldo al funcionario no pasa desapercibido en la inocua Oficina de Ética Pública, que acciona más como sitio para cobijar fieles funcionarios, como un pasaje previo al retiro, que como ojo vigía de la transparencia. Entre las varias disfuncionalidades de esa oficina, sirvió  para desarticular la Oficina de Investigaciones Administrativas de Fiscalía de Estado, que podía tener algún rasgo de independencia, para convertirla en una vocería de justificaciones.

Mingorance, un fiel cornejista. 

De nuevo, con tanto tiempo en el poder las razones para explicar cualquier duda pueden tener algún arraigo por fuera del interés común. Así, por ejemplo, la defensa previa a Mingorance puede tener más que ver con la necesidad de respaldar a un fiel militante, que a un buen funcionario. Más si en el espejo retrovisor se pueden ver yerros importantes, como las torpezas cometidas en el Ecoparque. En su defensa el exsecretario de Ambiente puede alegar que lo que vino fue peor, pues el área quedó virtualmente desmantelada de protagonismo con la absorción ejecutada por el Ministerio de Energía.

Si Mingorance está exculpado de antemano (aún contradiciendo la lógica legal sobre el enriquecimiento de los funcionarios), otros funcionarios ni siquiera fueron puestos en duda por la Oficina de Ética, como ocurrió con el patrimonio del exgobernador Rodolfo Suarez, quien públicamente dijo tener bienes que no están registrados en su DDJJ y, además, mientras ejercía el cargo adquirió inmuebles suntuosos. Vale recordar que fueron los funcionarios de Cambia Mendoza los que denunciaron a Francisco Pérez por la compra de un departamento mientras era gobernador.