Agua, educación, ideas y política: las claves del futuro de Mendoza
Mendoza hace un equilibrio entre dos conceptos que, aunque sirven para sumar volúmenes y horas de debate, empastan el avance. Se trata del exceso de diagnóstico y el lamento eterno; esa práctica intelectual y política que en el fondo apunta a exculparse. Falta agua, faltan recursos humanos, faltan inversores, falta futuro. Muchas de esas máximas tienen la carga de responsabilidad puertas afuera.
Pues, quizá, el error está en el enfoque: los elementos esenciales para el futuro de Mendoza tienen que ver con valores a construir, no con el azar, las bendiciones de la naturaleza o las asignaciones mágicas de terceros. No habrá más agua; nadie le otorgará beneficios a Mendoza por el solo hecho de ser y, menos, llegará un mesías que salve a la provincia. Los pilares son, por ejemplo, la optimización y uso sustentable de los recursos naturales, la educación para mejorar las posibilidades de desarrollo y las políticas públicas que puedan garantizar una construcción de futuro. No es una expresión de deseo, sino una obviedad.
Sobrediagnóstico
El agua es el recurso natural más relevante y Mendoza tiene una extensa tradición en su administración. Tradición que se quedó en el tiempo y, para retomar el concepto, con un avance empastado. El Gobierno presentó parte de los resultados del estudio que realizó la empresa israelí Mekorot y no hubo sorpresas. Habrá menos agua disponible y más demanda por el mismo recurso; nevará menos en la cordillera, los ríos tendrán menos volumen y, aguas abajo, habrás más habitantes, industrias y cultivos.
Casi la misma conclusión a la que llegaron los prestigiosos investigadores del IANIGLA, el IADIZA, Irrigación, la Universidad Nacional de Cuyo y el INA en la sobreabundante tarea que realizan. Así está escrito en el Plan Ambiental de la Provincia, en los balances hídricos de Irrigación y hasta en el plan que la UNCuyo elaboró a principios de los 2000. El diagnóstico lo hizo una empresa de un país que tiene un enorme prestigio por el uso del agua que realizan. La diferencia probablemente no esté en el diagnóstico, sino en la forma de adaptarse. Es la política, claro.
En el Río Mendoza, según Mekorot, si no se ejecuta un cambio en el uso habría un déficit de casi “2 Potrerillos” en el año 2050. Entre las conclusiones que festejan en el Gobierno está la recomendación de “fortalecer la gobernanza a través de una modernización normativa que facilite la asignación y uso sostenible del agua”, tal como lo han propuesto.
La tensión ambiental por el uso del agua en el oasis norte está diagnosticada desde principios del siglo XX, cuando comenzaron a proyectarse obras para regular ese curso de agua. La biblioteca de Irrigación tiene los textos amarillos donde Galileo Vitali ya estudiaba el tema. Claro, recién en 1998 comenzó a construirse el primero del sistema de diques necesarios para “ahorrar” agua y administrarla. Lo peor es que sería el primero y único. Potrerillos, que es el caso, aún no termina su desarrollo y va camino al cuarto de siglo de vida útil. Lo empezó Arturo Lafalla, lo inauguraron Roberto Iglesias y Fernando De La Rúa y ahondaron en promesas todos los mandatarios posteriores. El río Mendoza vivió la mega sequía durante más de una década y el oasis norte lo sufrió. La bonanza de las últimas dos temporadas pueden generar un efecto espejismo, pues ya se avizora una nueva era seca; la nueva normalidad.
Con el diagnóstico y el plan propuesto por Mekorot, el gobierno realizará una revisión y un plan hídrico. Es la enésima vez que se anuncia que por primera vez Mendoza tendrá un plan para administrar el agua. En lo político, el Departamento de Aguas tendrá un poder enorme para hacer y deshacer. Ya tiene, por ejemplo, el control total del sistema con el control del agua potable y la posibilidad de autorizar o no operadores y emprendimientos. El binomio Alfredo Cornejo – Sergio Marinelli, los dos “gobernadores” reelectos, tendrán una enorme relevancia en el trazado del futuro de Mendoza, pues las decisiones que tomen los sucederán mucho más que su vida como funcionarios. La falta de músculo político por la atrófica que hay en la ejercitación desde 2015 hizo que, por ejemplo, el intento de avanzar con un Código de Aguas nuevo chocara contra la oposición interna del sistema.
El acceso al agua está arraigado el valor y uso de la tierra y esa tensión se agudizará. Ocurrirá con las actividades nuevas como la minería, pero ya pasa con las tradicionales, como la agricultura. Las peleas judiciales y políticas por el acceso al agua en el Río Mendoza y en el Tunuyán superior (la nueva meca), y hasta San Carlos son enormes.
¿Futuro sin profesionales?
El futuro de Mendoza tiene una luz amarilla prendida desde hace algunos años. La provincia tiene una tradición importante en la formación académica por la amplia y diversa oferta educativa de nivel superior. Pues hay quienes avizoran un problema: quién va a hacer las cosas. En una década Mendoza tendrá menos docentes, menos ingenieros, menos artistas. Es lo que consideran desde las casas de altos estudios por la notoria caída en los aspirantes y estudiantes de primer año en la universidad.
La UNCuyo, por ejemplo, en 2022 tuvo la misma cantidad de ingresantes que una década atrás (alrededor de 6500 personas). Como no publican información actualizada, la comparación tiene un hueco. Pero la caída se nota en las aulas de los ingresos de casi todas las carreras, incluidas disciplinas consideradas prioritarias. Lo viven las ingenierías y los ITU y también las cerreras de Educación Elemental y Especial. Las motivaciones pueden ser varias.
Algunas de ellas son bien tangibles, como las enormes dificultades que tienen los aspirantes para llegar al predio universitario, el mismo que construye un muro para aislarse de la inseguridad y que, igualmente, sufre por la falta de luces. A riesgo de caer en demagogia, es curioso que los estudiantes de Lavalle, el Valle de Uco y el Este provincial tengan problemas de acceso por el costo del transporte, mientras sus en sus comunas hay choferes, movilidades y gastos superfluos a borbotones.
La formación de quienes en el futuro inmediato tomarán decisiones y harán las cosas es una herramienta clave; más valiosa que los recursos naturales sobre los que se esperanza la política de Mendoza. Inteligencia bien humana. Claro, hay problemas profundos antes de llegar a la educación superior. La DGE puso el foco en el inicio temprano de la escolaridad (sala de 3), en las competencias básicas como lectura y mejora en matemática; y en la incorporación de nuevas habilidades como el idioma. El camino es a largo plazo y está lleno de obstáculos.
Nuevo escenario
En el plano de las inversiones, de quienes pueden sumar recursos para el desarrollo de Mendoza, hay cambios notorios y algunas dudas. En las últimas décadas la matriz de impulso desde el Estado estuvo concentrada en las mismas y conocidas manos, mientras hubo falta de novedad en la aparición de nuevos actores, salvando en ese concepto a la vitivinicultura. Pues hay algunas señales.
En la energía y los recursos naturales, por ejemplo, hay un vuelco en proceso. Mendoza tenía una nociva hiper dependencia de YPF por el control casi exclusivo de la actividad petrolera, en toda la cadena de valor. Eso hizo que en los últimos 15 años hubiera una caída en la inversión para explorar y explotar yacimientos, pues el foco comenzó a concentrarse en Neuquén y Vaca Muerta. YPF era juez y parte en gran parte de los procesos, porque además el Estado mendocino ejerció muchas veces un rol de mendigo más que de poder de concesión y control.
La nueva gestión de esa empresa hizo oficial lo que ya ocurría de hecho y abandonó 14 áreas petroleras que ahora estarán en manos de empresas de una envergadura mucho más pequeña. Como “cenicienta” de la industria, la Provincia también tiene un desafío para reconocer sus potencialidades y limitaciones. YPF se retira y llegan firmas que son poco conocidas en Mendoza, como Petróleos Sudamericanos (que tendrá las áreas más complejas) y Quintana Energy (Mendoza Sur). En ambos casos, tras la presión por los pasivos ambientales descubiertos se incluyó una cláusula en la que YPF no se puede desobligar de esos problemas. Otros dos actores que crecen son Petroquímica Comodoro Rivadavia y Aconcagua Energía.
Las empresas petroleras radicadas en Mendoza buscarán raspar la olla de lo que queda de petróleo en la cuenca cuyana y explorar de manera tecnológica en potencial en la roca madre del Sur, es decir Vaca Muerta. Las empresas junior que están en la provincia requerirán socios de otra escala para poder meterse en esa conversación. Algunas, como Aconcagua, están en ese camino. El resultado de la segunda etapa de exploración de YPF, que debería concretarse este año, también será relevante por el efecto contagio. Mendoza es mucho más caro que Neuquén por la falta de infraestructura, equipos y desarrollo en la zona.
Entre los ejes indispensables para construir ese futuro está la política; las políticas mejor dicho. Se redunda en el diagnóstico hasta empalagar: la Provincia tiene dificultades profundas para trazar caminos continuos. La falta de construcción colectiva y polifónica ya se hizo costumbre, así como las oscilaciones de quienes lideran, que variaron entre el estatismo y la demagogia del kirchnerismo, hasta la contrarrevolución conservadora de Milei.