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Playa y política: la pérdida de influencia nacional de Mendoza y las cosas que pasan aunque haya vacaciones

Mendoza sigue perdiendo peso en el escenario nacional. El riesgo de IMPSA y el antecedente de Vale. Por qué las elecciones 2025 son especiales para el proyecto de Cambia Mendoza.
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En un mundo que no para Mendoza sigue a su ritmo y, es más, pasó su vida política más que el de la media cotidiana. El cartel de cerrado por vacaciones está clavado y las playas de Chile pasaron a ser una extensión de la provincia. Entre los 8 mil mendocinos que diariamente cruzan a hacer “P&S” (playa&shopping) están algunos de los principales decisores de la provincia. En 2024 fue un año viajero para los funcionarios e intenso en la gestión, aún cuando la mayoría no era nuevo en su cargo. El 2025 será aún más duro y exige una pericia política extra para el gobierno conducido por Alfredo Cornejo. Elecciones, una situación económica expectante pero con problemas productivos dentro de las provincias y un panorama interno complejo.

El Gobernador, acostumbrado a las estrategias y a liderar procesos políticos, deberá jugar incómodo. Será un ajedrez en el que corre con desventaja. Juega con fichas negras y deberá esperar, como ocurrió desde que reasumió en el cargo, que muevan quienes hoy tienen la centralidad política casi exclusiva: Javier Milei y su escueto equipo de decisores. Para agregarle complejidad, Cornejo no tiene claro si es rival o amigo de quien mueve las fichas blancas.

En el plano electoral puede haber una realidad que marce un nuevo hito en el aislamiento de Mendoza o, al menos, en la distancia con las decisiones nacionales del espacio de poder que mantiene la hegemonía desde 2015. Si Cambia Mendoza no logra un acuerdo con Javier Milei y el presidente mantiene su potencia política, el sector liderado por Cornejo corre riesgo de perder más presencia en el Congreso nacional.

Dos de los diputados radicales que aún quedan en representación por Mendoza. 

Ese sector pone en juego tres bancas, que en realidad son dos porque ya perdió el espacio que tiene Álvaro Martínez. Julio Cobos y Pamela Verasay dejan su cargo y con ellos el pasado de buenas elecciones nacionales. Cuando desde el radicalismo analizan su vida política cometen un error que más que error es una conveniente selección y olvido de datos. No es real que no pierden una elección desde 2013, pues en comicios nacionales les ha ido bastante peor. El propio Cornejo tuvo un mal desempeño en las elecciones de medio término y el año pasado Cambia Mendoza sufrió un duro revés frente al “huracán Milei”. Todo confabula contra el anhelo frustrado del Gobernador de influir a nivel nacional. De 10 diputados, solo 2 responden directamente a Cornejo y un tercer radical, Julio Cobos, se alinea pero tiene camino propio. El conector político podría ser Luis Petri, quien sin dejar de ser radical es un fiel alfil del Presidente. Pero algunos cornejistas de paladar negro creen que puede ser peor “el remedio que la enfermedad”.

El peronismo mendocino puede tener un problema similar, pues pone en juego dos bancas. Mendoza será uno de los distritos donde Milei buscará cosechar al menos tres bancas, como ocurrió en las elecciones anteriores. Más allá del número, la pérdida de influencia de quienes gobiernan en Mendoza sobre el escenario nacional es notoria y tiende a acentuarse. La Libertar Avanza, por cierto, no es un sector que haya hecho gala del federalismo, pues entonces no hay que esperar estrategias para defender los intereses particulares de la Provincia si construyen más poder.

Huérfanos

La orfandad de Mendoza en el centro del poder nacional tiene y tendrá efectos. La incertidumbre económica por la falta de presupuesto sancionado hará depender de la “voluntad” política del Presidente y su ministro de Economía Luis Caputo cualquier transferencia de partidas. La filosofía libertaria indica que la discrecionalidad se usa para recortar fondos, más que para asignar. Sin embargo hay ejemplos en dirección contraria, pues desde Casa Rosada aprendieron rápido a pagar amistades. Por eso los gobernadores de Salta, Jujuy, Misiones, Entre Ríos, Chubut y Tucumán fueron de los más favorecidos por ATN y otros gestos.

Mendoza no está en el radar. Por el contrario puede ver pasar una decisión que, sea como sea, puede tener efectos negativos desde lo político para Cornejo y desde lo social y productivo para toda la provincia. La compleja reprivatización de IMPSA pende de un hilo. Aún si se concreta, será en términos que a la Provincia no le convienen. Esas decisiones corren por cuenta del Gobierno nacional. Con la cabeza fría, Caputo y Milei no hilan fino en el impacto puertas adentro de Mendoza y no se salen del guión previsto para el proceso: cero aportes nacionales y que sea el Estado local el que, si quiere, tome decisiones. Si IMPSA sobrevive, no será en los términos que pensaban en el cuarto piso del edificio de calle Peltier cuando el gobernador era Rodolfo Suarez. Los festejos de Suarez, Alberto Fernández, Sergio Massa y el grupo de empresarios con amplio arraigo al Estado local quedaron en la retina y, sobre todo, en el archivo que consultan frecuentemente en Casa Rosada. Se le suma otro: la gestión de la familia Pescarmona que llevó a la quiebra a la empresa y sus vínculos (aunque culposos) con el kirchnerismo (IMPSA figura entre las empresas que pagó coimas en la causa de los cuadernos).

Alberto Fernández, en IMPSA. 

Como sea, el destino de lo que fue la empresa más importante de Argentina no se define en Mendoza. Hay antecedentes de golpes similares. Cuando la empresa Vale abandonó Potasio Río Colorado, dejando en la calle 4 mil personas y un proyecto minero que era la “base” del futuro productivo, se enteraron antes en Buenos Aires que en la Provincia. De hecho las negociaciones se ejecutaron mucho más cerca de Julio De Vido y Cristina Fernández de Kirchner, que del entonces gobernador Francisco Pérez. El impacto de esa caída fue tal que hundió a dos departamentos y a empresas mendocinas, hizo truncar planes de inversión con las “regalías futuras” que se iban a cobrar y generó una ola expansiva negativa que aún perdura.

La falta de influencia se transforma en “resiliencia” algunas veces. Es lo que pasó con el retiro de YPF de las áreas petroleras, un plan que se concretó y aceleró con Horacio Marín, pero que ya ocurría de hecho en gestiones anteriores. La petrolera estatal tiene a Mendoza como una “cenicienta” en cuanto al interés por la exploración y explotación petrolera, aunque por necesidad sí tendrá que potenciar las tareas en la refinería de Luján de Cuyo. También, vale decir, la empresa dio un vuelco y por primera vez invertirá más en energías renovables que en hidrocarburos, con el parque solar El Quemado.

La presión de Mendoza sobre el Gobierno nacional y sus empresas no puede cesar. La propia YPF, por ejemplo, está obligada a mejorar el plan de saneamiento de las aguas contaminadas en el subsuelo de Luján, pues la mancha invisible pero presente en el subsuelo se extiende hacia el Este. Algo similar pasa con la Comisión Nacional de Energía Atómica, entidad que recobrará protagonismo con el plan nuclear lanzado por Javier Milei. La Nación debe remediar los pasivos de Sierra Pintada antes de relanzar cualquier proceso productivo.

El oficialismo mendocino tiene en el horizonte otro problema, una característica nociva y estructural. El extremo paternalismo, por usar un eufemismo, que tiene Cambia Mendoza en la construcción de liderazgos avizora algunas dificultades. Así como hoy se notan en las gestiones comunales (muchas de ellas con enormes déficit en calidad), también pueden concretarse en lo político. Hay intendentes y dirigentes jóvenes que gozan de los éxitos construidos por otros (sobre todo Cornejo) que parecen más preocupados por las formas y los éxitos individuales que por sus legados.