Axel Kicillof visitó a una aliada de Máximo Kirchner, pero no pudo acercar al resto del peronismo
Las relaciones entre los intendentes y las universidades del Gran Buenos Aires pasan siempre por momentos de amor y de odio, con procesos paternalistas y luego de ruptura total. Como muchas de ellas fueron fruto de arduas negociaciones llevadas a cabo por los jefes comunales en la mayoría de las veces, una vez creadas éstos se presumen dueños de su estructura, que debe quedar sujeta a las necesidades políticas del momento.
Los motivos pueden ser de los más variados. Permiten que la estructura universitaria crezca en terrenos fiscales o directamente propios cedidos para la ocasión, o realizan innumerables trámites para que antiguas fábricas, terrenos o parcelas ferroviarias puedan tener la habilitación correspondiente, cosa que no podría suceder si la gestión del intendente coloca alguna traba puntual.
Desde hace media década, una de las peleas más increíbles se da en Moreno, uno de los distritos más pobres del país y con asentamientos urbanos que modificaron sustancialmente la antigua fisonomía pueblerina, en la que la mayoría de las familias habitantes se conocían de generación en generación.
En este distrito del oeste bonaerense se da una particularidad pero que no es original. La Universidad es gestionada por un rector precedente a la intendenta de turno, pero en este caso Hugo Andrade, el rector, se mantiene desde el mismo momento en que fue creada por el impulso que le dio en su paso como diputado nacional Mariano West, exjefe comunal de dicha localidad.
Sus sucesores siempre tuvieron una relación ambigua con él, quien paulatinamente perdió poder territorial pero aún mantiene cierta incidencia en las relaciones del peronismo kirchnerista. Inclusive fue uno de los apoyos indispensables que tuvo la actual intendenta Mariel Fernández, del Movimiento Evita, quien ahora no solo no lo puede ni ver, sino que pretende destruir lo poco o mucho que quedó como política de estado desde que West gestionó, hace más de una década.
Estas tensiones, que crecen con el tiempo y generan rupturas y esperas para que “el viento cambie de nuevo”, son parte principal de la disolución que atraviesa el antiguo Frente de Todos y jamás constituido Unión por la Patria. Además, queda más que claro en cada oportunidad que son tantas las deudas a pagar entre uno y otro sector que nadie puede sentarse con un rival interno sin que el tercero se sienta ofendido.
Axel Kicillof tiene un déficit de gran magnitud a la hora de generar relaciones: es casi imposible que genere una nueva relación. Esto se ve cotidianamente en su esquema de poder, que aún se mantiene monolíticamente manejado por el mismo conductor del Clío que lo llevó a la Gobernación, Carlos “Carli” Bianco. Quizás en el caso de Moreno, el temor a que la intendenta termine siendo aliada de su archirrival interno Máximo Kirchner le impidió llegarse o invitar a las autoridades universitarias en una jornada donde, no solo inauguró una escuela sino, además, una muestra industrial.
El gobernador estuvo este jueves en Moreno, justamente donde desde hace cuatro años la intendenta Fernández clausuró cualquier tipo de relaciones con la Universidad Nacional de esa localidad. Es que para ella ahí nacen operaciones y movidas en su contra porque ese ámbito fue construido, como se dijo, bajo la imagen y semejanza de otro jefe comunal: West.
El rector no sabe cómo hacer para dejar en claro que los caminos de la Universidad y la intendencia deben ser complementarios, no contrarios. No sólo porque eso potenciaría la relación con la comunidad local, sino porque, también, podría ejecutar varios de los proyectos que tiene frenados porque el municipio no le habilita las obras o, directamente, le usurpa terrenos que les pertenece.
Nuevamente, tanto Kicillof como su ministro de Educación, Alberto Sileoni, desperdiciaron la oportunidad para generar un vínculo y armar una mínima convivencia entre la casa de altos estudios, a la que asisten 18.000 alumnos casi en su totalidad del distrito, con la Intendencia. No sólo no fueron invitados el rector, profesores ni los alumnos, sino que, antes o después del acto, nadie hizo nada para empezar a construir un puente que los una.
El “orfebre”, un experimentado dirigente peronista con funciones en la Provincia de Buenos Aires, que siempre prefiere el re contra bajo perfil, tiene como frase de cabecera “no se puede conducir lo que no se construye”. Efectivamente, Kicillof teme ser el que une las partes. En Moreno, claramente, desperdició una oportunidad.
Para peor, el ministro Sileoni ni pasó por el predio universitario. Si bien no es de su responsabilidad administrativa, ya que depende del Gobierno nacional, sí es su obligación frenar la obra clandestina que se está levantando en el predio donde debería funcionar la Escuela Secundaria Politécnica, vital para toda la localidad, que, justamente, depende de él, ya que ahí la intendenta ya levanta la nueva sede del Consejo Escolar local, que solo sirve para cobijar burócratas de la actividad docente.


