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Las encrucijadas de Alfredo Cornejo frente a la política arrasadora de Javier Milei

Milei tiene un plan de gobierno que incomoda a los gobernadores que lo acompañan de manera culposa, como Cornejo. Educación, ambiente y obras, entre los temas clave.
Foto: Mariano Ruszaj
Foto: Mariano Ruszaj

Ejecutar la estatización de IMPSA para después decir que nunca debió dejar de ser privada. Crear una empresa de aviación para luego deshacerla con argumentos contrarios a su origen. Expropiar inmuebles en la provincia y apoyar las privatizaciones nacionales. Ser parte del oficialismo mendocino requiere una habilidad argumental particular para explicar los zigzagueos en las decisiones; más aún cuando ha transcurrido mucho tiempo y les queda tanto por delante en el poder. La falta de oposición y la híper dependencia de una persona en el oficialismo ha transformado a la política mendocina en el arte de debatir todo para que luego Alfredo Cornejo siempre deba tener razón.

Eso no implica por sí mismo que el recorrido en el poder de ese grupo haya sido malo, bueno o regular; pero sí habla de una estructura discursiva, política y social distinta. Cornejo es el gobernador más transformador de la historia reciente de Mendoza y hay datos sobre los que habitualmente se redunda: todos los códigos de procedimientos, toda la plataforma administrativa y de gestión burocrática del Estado, gran parte de los servicios básicos (como salud y educación) fueron intervenidos, modificados y craneados bajo la mirada del actual gobernador. También lo hizo con los ejecutores, que garantizan continuidad del cornejismo más allá de Cornejo.

Pero la situación de confort político tendrá matices.  La simpatía culposa con el Gobierno de Javier Milei pondrá al mandatario mendocino en algunas encrucijadas complejas que podría obligarlo a tomar definiciones incómodas: educación, inversión en infraestructura y alejamiento de la agenda ambiental y social. 

Enfoques

El proceso iniciado en 2015 dio como resultado un Poder Ejecutivo empoderado, un “Estado sano y con superávit” y la mejora en muchos de los indicadores de gestión. Pero tiene como contraste el empeoramiento de las condiciones de vida por la situación económica. Un Estado rico, con gente pobre. Claro, en el propio Gobierno destacan que la prestación de servicios en la Provincia para acompañar las malas condiciones económicas ha mejorado.

Cornejo se dedicó a gobernar más puertas adentro de la burocracia estatal y ahora en el primer año de su segundo mandato busca ganar parte del tiempo perdido para apuntalar la producción de Mendoza, es decir lo que puede generar riqueza para amenguar el empobrecimiento estructural de la provincia.

No es que Mendoza no haya tenido oportunidades. Una de las bases de la economía provincial es la industria petrolera, que le aportó cerca del 20% del PBG durante décadas (más de 3 mil millones de dólares anuales). Al Estado le ha dejado solo en regalías entre los 60 y los casi 200 millones de dólares anuales que se licuaron en gastos corrientes a pesar de la Ley de Responsabilidad Fiscal (si se calculan los ingresos por otros impuestos la cifra se multiplica). Malargüe, por ejemplo, vio pasar el despilfarro de esos recursos y hoy reza para que se cumplan planes de inversión para construir Pata Mora o tener alguna plataforma logística que pueda frenar la dependencia de Neuquén.

El goteo de información sobre el plan productivo y de inversión con los 1023 millones de dólares que tiene disponibles Mendoza inquieta porque es una oportunidad. Ya es una situación dada que gran parte de los anuncios quedaron guardados para el 2025 año electoral; si es que hay elecciones provinciales o si finalmente Cornejo las posterga para el 2026.

Las encrucijadas

El proyecto de Presupuesto nacional es una declaración de principios, una plataforma política clara que es difícil de evitar porque si algo tiene Javier Milei es su sinceridad. Y en ese plan de gestión está claro el enfoque para desestatizar cualquier servicio, transferir responsabilidades pero no recursos a las provincias y obviar las injerencias presupuestarias, conceptuales y de integridad en las áreas relevantes como salud, educación e infraestructura básica.

La primera de las encrucijadas de Cornejo se dará con la educación. El Gobierno nacional ejecutó un recorte enorme al presupuesto universitario, el área del sector sobre el que mantiene incumbencia. Él y todo su equipo tiene origen político en la militancia universitaria y la defensa de la educación pública por lo que la arremetida de Milei debería tocarles un nervio íntimo. Frío como es, el Gobernador no desbordó de euforia para levantar esas banderas. Pero el recorte educativo lo afecta sensiblemente y lo obligó a ser mucho más humilde en sus pretensiones de gestión.

La marcha universitaria podría inquietar al oficialismo de Mendoza. 

Es que la Nación no tiene pensado financiar ningún programa, ni gasto discrecional; es decir que se salga de las transferencias automáticas. Allí hay un error de concepto del Presidente. Una cosa son los gastos “arbitrarios” que se repartieron para pagar favores o caprichos de los gobiernos. Otra cosa son las inversiones discrecionales o por fuera de las transferencias automáticas, que se usaban para ejecutar programas específicos. ¿Acaso es un gasto discrecional negativo financiar la impresión y distribución de libros, o el acceso a conectividad en todas las escuelas? Esos son algunos de los recortes. Solo zafa del recorte el plan de alfabetización, que logró insertarse gracias al impulso de Argentinos por la Educación y que tiene en Mendoza un antecedente ejemplar porque se mantiene como política de Estado (a pesar de los recortes, el Estado entrega libros, mantiene la evaluación en lengua y sumará otra en matemáticas).

La visión de Milei sobre la intervención del Estado en la educación afecta directamente el futuro. Habrá que ver qué postura toma el Gobernador con la marcha universitaria y también cómo ordena que voten sus legisladores cuando se trata el veto y también el Presupuesto.

Otra de las encrucijadas que tiene por delante Cornejo es respecto al retiro del Estado nacional de la inversión pública. En 2024 fue de hecho y en 2025 se profundizará de manera militante. La inversión de la Nación se reduce a lo testimonial y a algunos compromisos adquiridos, pero no hay margen de planificación. Milei sincera y profundiza una realidad que la Provincia sufre desde hace tiempo. Mendoza, por ejemplo, es una provincia aislada y que da la sensación de baldío cuando se ingresa por el Norte, con la ruta 40 en estado calamitoso y con una obra abandonada y mal señalizada. En el Sur, por la misma ruta 40, la situación es aún peor. También existe una colección de anuncios no concretados, como los diques en los ríos Grande y Tunuyán superior y, en un plan similar, la conectividad eléctrica y de gas natural. Acompañados por las tibias gestiones provinciales, los gobiernos nacionales no han tenido a Mendoza como objetivo. “Tienen el prejuicio de que somos una provincia rica”, repiten varios exmandatarios.

Pues Cornejo tiene enfrente una realidad mucho más clara: Milei no va a invertir nada en Mendoza, como no lo hará en ninguna provincia. Solo figuran en las planillas presupuestarias los compromisos por avanzar en los puentes caídos en el Valle de Uco, algo de la ruta 40, el atrasadísimo plan de remediación de Sierra Pintada y las transferencias obligadas de obras financiadas por organismos internacionales. Qué posición tomará el oficialismo local respecto a esa visión del Estado nacional es una incógnita. Sobre todo porque Milei confirmó que no distribuirá más recursos, pero no resigna la recaudación de todos los impuestos que no se coparticipan y que tienen a Mendoza como aportante neto.

Milei tiene una agenda propia que incomoda a muchos gobernadores. 

La otra encrucijada es más profunda aún. El Presidente plantó una extraña bandera ante la ONU para alejarse de la agenda urgente que occidente han construido durante décadas y que proyectan no solo obligaciones, sino enormes oportunidades para algunos países como Argentina. Alejarse de la búsqueda de mejorar la calidad de vida global a través de políticas públicas no es una idea marginal, sino estructural. Desde el Protocolo de Kyoto (donde Argentina fue un actor clave) hasta los objetivos del milenio, los acuerdos internacionales para lograr una vida sustentable desde el punto de vista social, económico y ambiental no está en discusión. Salvo para Milei, que toma argumentos marginales y fuera de época.

Mendoza comenzó a transitar el camino para sumar a la industria minera en su matriz productiva, un recorrido de largo aliento que implica pericia política, solidez técnica y respeto a la convivencia. Esa política pública puede ser un ejemplo para ver cómo toma Cornejo el enfoque nacional. En privado los funcionarios nacionales defenestran las leyes “proteccionistas” de las provincias. Incluso más allá de la ley 7722, que es cuestionada también en privado por el Gobierno provincial. La ley provincial de ambiente, la ley y el plan de ordenamiento territorial; los planes municipales. La ley de áreas protegidas. Hasta las regulaciones específicas. Mendoza tiene una larga tradición de control y mejora en los procedimientos que estarán puestos a prueba en la fase política por la presión nacional. ¿Mendoza va a adherir a la visión negacionista? Difícil.