La pobreza vestía en Zara: cómo impacta el déficit social en Mendoza
Casa, salud y educación aseguradas. Las vacaciones en la memoria emotiva. Ropa de marca y el dolor de ya no ser. Las personas que viven en la pobreza en Mendoza y en todo el país no responden solamente al estereotipo de la marginalidad, de quienes quedaron fuera de un sistema que ha excluido a un tercio de la población. Los pobres son mayoría y en ese grupo hay una enorme cantidad de personas que tuvieron un estilo de vida distinto y ahora no alcanzan a cubrirlo. En Mendoza los pobres vestían en Zara y hoy elige los mayoristas de ropa del microcentro mendocino.
Ese contraste se puede ver al cruzar los datos del INDEC con los resultados de la encuesta de calidad de vida que publica la DEIE. El acceso a servicios mínimos en la provincia es más elevado que en otros distritos e incluye largamente el 52% de personas que vive en la pobreza. Incluso un 40% de los trabajadores son pobres aun teniendo un ingreso fijo. Incluso el INDEC había difundido los datos de empleo y en Mendoza creció la cantidad de personas con problemas. Entre desempleados, subocupados demandantes y personas que necesitan un segundo trabajo suman el 35% de la población económicamente activa.
En las zonas urbanas de la provincia, justamente donde más de la mitad de las personas son pobres, un 60,4% tiene cobertura privada de salud (obra social, prepaga, PAMI y OSEP); es decir tiene relación formal con el empleo o la previsión social. Muchos de ellos son pobres. En cuanto a los estudios, en el Gran Mendoza el 16,4% de la población tiene título universitario o terciario y casi el 38% secundario completo o universitario incompleto.
Pero hay un dato que desde hace meses alarma: casi el 14% de las personas no tienen los ingresos suficientes para comer y en un año se duplicó. En el primer semestre del 2023 la indigencia era del 6,6%. En el mismo período de este año fue de, 13,8%.
En el Gobierno de Mendoza hallan la explicación en las condiciones de la economía nacional y veían como previsible el dato. Al mismo tiempo buscan resaltar que la disponibilidad de servicios básicos de mejor calidad, sobre todo salud y educación, amenguan el impacto. Pero hay un empobrecimiento general que lleva más de una década, como alertó la semana pasada el Observatorio de la Deuda Social, dependiente de la UCA.
Impactos
El INDEC no mide la pobreza rural y se concentra en el núcleo urbano del Gran Mendoza, donde hay 558.854 personas viviendo en condiciones de pobreza, es decir que no les alcanza para adquirir los bienes para vivir bien. El concepto de pobreza es subjetivo y la canasta se adecúa a la idiosincrasia de cada país. Lo mismo, cada familia y cada persona puede tener su propia valoración. Pero los datos del INDEC son una vara objetiva para evaluar y comparar, aunque solo toma los ingresos monetarios.
La recesión generada por la política de shock del Gobierno nacional repercutió también en un shock de deterioro social. Al superávit de algunos indicadores le sucedió un déficit social enorme. Allí radica la previsibilidad del aumento de la pobreza que mencionan en el Gobierno provincial. También hay un dato relevante: la pérdida de algunos planes sociales bajó el volumen de ingreso de muchas familias. Era la pobreza que estaba escondida detrás del asistencialismo.
La inflación se desaceleró, pero sigue en alza. Y el costo de vida de Mendoza tiene sus propios matices; sobre todo en la clase media empobrecida. Los servicios, por ejemplo, subieron muy por encima de los ingresos. Muchas de las personas que hoy viven en la pobreza tienen acceso a gas, luz y agua de calidad. Pero son caros.
Según los datos de la DEIE, por ejemplo, los costos de los servicios básicos y vivienda crecieron un 333% en un año. Es el rubro que más subió. En la vida cotidiana eso se nota con facturas de luz y agua (los servicios provinciales) con valore enormes. Repercute en un aumento de los cortes y de los recortes de otros gastos familiares para poder cubrir los pagos.