Los cambios, pases y la "promiscuidad" política que afectan a Mendoza
Mendoza se ha acostumbrado a una especie de promiscuidad política que anestesia; que obvia lo sorprendente que puede ser la fragilidad de algunas convicciones. Cornejo con De Marchi; Cornejo con Orozco; De Marchi enemigo de Cornejo y aliado de Orozco; El PD con Cornejo; el PD enemigo de Cornejo y aliado de Milei. Milei insultando a Cornejo; Cornejo aliado indirecto de Milei. El kirchnerismo que reniega de La Cámpora y el PJ culposo: que votó a De Marchi, que se renueva con Ciurca y navega sin timonel.
Esa desorientación con la que caminan los partidos políticos de Mendoza tiene como base el descreimiento, los problemas de representatividad y, sobre todo, la desazón general de la ciudadanía hacia la política. La misma desilusión es la que capitalizó Javier Milei y que, a la par, genera temor en los dirigentes profesionales. “La moneda está en el aire”, había dicho Alfredo Cornejo sobre la realidad económica y política del país. Hacía referencia a la posibilidad de que las condiciones mejoren o no y, también, a cómo eso está atado al futuro político del gobierno de Javier Milei. Esa incertidumbre es la que los hace moverse con extrema prudencia. El problema es estructural, pues lastima una de las bases de la democracia, que son los partidos políticos. Esas estructuras suponen mecanismos burocráticos y de formación que hacen a la vida institucional.
El problema es mucho más profundo. Salvo las universidades públicas, ninguna institución de Argentina genera confianza. Así lo indica una encuesta de la consultora Poliarquía en la que los partidos políticos quedaron relegados como los peores vistos: solo el 6% de los consultados dijo tener mucha o algo de confianza. Los sindicatos, las grandes empresas, el Congreso, la Corte, los medios de comunicación, la iglesia y las fuerzas armadas siguieron en el ranking creciente de confianza, pero ninguno con imagen positiva superior al descreimiento. Nadie cree en nadie y a la luz de los resultados electorales quienes ganan son los que empatizan con ese hartazgo.
Aún con todos los pecados que median, son los partidos los que tienen los anticuerpos para evitar aventuras peligrosas. Claro, en los últimos años parecen estar enfermos de anemia, pero el recambio espasmódico que se generó por el desencanto es peor. Lourdes Arrieta es el fiel ejemplo de ese descalabro. Surgida por la impericia política y la falta de estructura de La Libertad Avanza, la joven diputada llegó a un cargo tras haber fracasado en la actividad privada y también en otras fuerzas políticas. La impericia e incapacidad generan vergüenza entre sus representados. El problema es el poder de daño, pues Milei le transfirió, a la vieja usanza, el control del PAMI Mendoza; es decir la vida y salud de 240 mil mendocinos.
Aún quienes gobiernan y tienen un aparato electoral exitoso están en ese terreno de arenas movedizas. Es lo que le ocurre al propio Cornejo. La arquitectura de Cambia Mendoza tiene grietas luego de más de 8 años. Esa alianza fue construida con una ecléctica unión de opositores en 2015, donde se reunieron radicales, demócratas, el Pro, el socialismo, un sector del kirchnerismo y varios etcéteras más. Pero el liderazgo fue y es mucho menos plural. Con el tiempo ese frente se desgranó y el ensayo forzado de sumar el sello del Pro va camino al ocaso con el triunfo del demarchismo en ese partido.
Sin oposición potente, las flaquezas del oficialismo se disimulan mucho mejor. Incluso el desgranamiento, lógico por el paso del tiempo, de la fidelidad del electorado: entre las elecciones de 2015 y las de 2023, Cornejo perdió cerca de 100 mil votos. El propio mandatario no solo fue reelecto, sino que ha sido protagonista de cada contienda electoral: fue dos veces gobernador (incluidas dos PASO), diputado y senador nacional. Su nombre ha estado siempre en las listas. El recuerdo de las primarias de 2023 es el más fresco, cuando Luis Petri “mordió” un 40% del electorado propio casi sin estructura.
El “anticornejismo” surgido por el desgaste es difícil de reparar para los radicales y el Gobernador tiene una herida autoinflingida que no tiene cura: haber construido un personalismo tan fuerte; una dependencia que evitó la construcción de otros liderazgos que puedan proyectar con mayor soltura ese proyecto de poder. El balance para él no es negativo, claro.
Enfrente del oficialismo la situación es aún peor. La alianza creada a semejanza de Cambia Mendoza (La Unión Mendocina) se degradó y tiene más problemas de identidad que el propio sector al que busca oponerse. Arraigado en Buenos Aires, Omar De Marchi no lideró a la oposición en el terrunio que intentó gobernar tres veces. El peronismo sigue mareado tras el ocaso del 2023 y la ayuda que el escándalo de Alberto Fernández ejecuta para empeorar la situación.
El descalabro político puede tener resultados aún más sorprendentes. La postergación de las elecciones provinciales, un plan de seducción de libertarios desde el radicalismo, la reaparición de Luis Petri en el escenario local. La respuesta al hartazgo social será el pragmatismo extremo. Mientras, tendrán que tomar decisiones. Los legisladores locales de la oposición culposa de Cambia Mendoza se incomodan por haber tenido que aprobar y rechazar proyectos que molestan al presidente porque, justamente, no les gusta molestar al presidente. Ocurrió con el DNU para la ampliación de fondos para la SIDE y con el proyecto de movilidad jubilatoria, cuya redacción tuvo colaboración de legisladores mendocinos. Más incómodos estarán cuando a los tres senadores, particularmente a Mariana Jury y Rodolfo Suarez, les toque votar para avalar o no a Ariel Lijo como ministro de la Corte.

Mientras tanto, Mendoza “ocurre”. El Gobierno local busca mantener alguna aceleración en temas que considera estratégicos y disimular los problemas más visibles, como la seguridad. Cornejo entendió, con datos relevantes en la mano, que la energía es el gran tema a resolver para Mendoza. Porque es un insumo escaso que frenó el desarrollo y porque se puede transformar el un recurso para generar riqueza. Por eso de “agua y energía” está planteado el futuro inmediato; a pesar de no ser una “agenda sexi”. Un ejemplo de ese camino fue la inauguración de la línea Cruz de Piedra – Gran Mendoza, postergada por dos décadas y que debería darle ahora seguridad a la Provincia para evitar apagones largos y, también, más posibilidad de ampliación. La puesta a prueba del plan minero es la próxima etapa, pues a mediados de septiembre llegará a la Legislatura el o los decretos para autorizar la exploración en el Distrito Minero Malargüe. Será una tanda de 34 proyectos para buscar cobre, pero aún no está claro si enviarán un decreto con 34 artículos o varias normas por separado. Lo seguro es que buscan que sea un plan masivo y que se apruebe en una misma sesión. Antes, buscan generar confianza y transparencia, por lo que ampliaron los plazos de consulta y pusieron exigencias mayores de las necesarias para los trabajos que se van a hacer.
En el medio hay algunas curiosidades que llaman la atención, como la curiosa admisión de la Secretaría de Ambiente sobre la falta de información hídrica, ambiental y social de esa zona de Malargüe que tiene nacientes de ríos, áreas naturales protegidas y una larga historia petrolera. La otra particularidad tiene que ver con una redundancia inédita: la empresa que propone el proyecto (Impulsa Mendoza), el organismo que lo promociona (Minería) y quienes deben controlar (Ambiente) están del mismo lado del mostrador.

